EL EPISODIO DE LA EMISORA DE LOS MAQUIS
EN SIERRA MORENA
Una “Expedición” desde Francia llegó a Los Pedroches con una emisora en 1945
Por Francisco
Moreno Gómez
(Publicado
en CORDÓPOLIS, 24-5-2026)
Desde
que el 6 de septiembre de 1945 llegó a tierras de Córdoba (Coto de La Porrada,
Villaviciosa) el enviado por el PCE, “Mario de Rosa” (Dionisio Tellado Vázquez, maestro de Escuela, evadido de la prisión
de Alcalá de Henares), la guerrilla en Córdoba empezó a organizarse, dejando
atrás el llamado “período de Huidos”. Se creó la 3ª Agrupación Guerrillera, Córdoba, al mando de “Mario de Rosa” (o
“Ángel”), y como jefe militar, Julián
Caballero.
El año de 1945 supuso una coyuntura
internacional para las esperanzas de los antifranquistas, por lo que el PCE
redobló su esfuerzo de apoyo a la guerrilla en el interior de España. Ese año
se intensificó el envío desde Francia de cuadros directivos y se reactivó a los
del interior, a fin de favorecer el cambio de Régimen en España y atraer la
mirada de los aliados vencedores. Y en ese contexto hay que ver la llegada a
Los Pedroches (Córdoba) de nuevos cuadros guerrilleros desde Francia.
Uno de los primeros planes que se
idearon para reorganizar la guerrilla en Los Pedroches fue la instalación de una Emisora en Sierra Morena, algo
insólito y temerario. Pero se intentó. Para este fin, el Partido empezó a
enviar desde Francia media docena de activistas en el otoño-invierno de 1945.
En el otoño de 1945 llegaron a Sevilla
los portadores de la emisora, que fueron Arsenio
López Valladares (de Boñar, León) y Juan
Cachinero Díaz “El Feo” (o “Antonio”),
natural de Cardeña (Córdoba), pueblo donde las tres principales familias de
izquierdas eran “Los Feos”, “Los Obispos” y “Los Cerrinegros”, algunos de los
cuales ya habían perecido en la Sierra. También llegó a Sevilla desde Francia
el llamado “Capitán Carrete” (Juan Ruiz Castilla), natural de
Pozoblanco. Y éste sería el guía para acompañar a los de la emisora hasta
Sierra Morena, a donde debieron de llegar bien entrado el otoño de 1945,
sorteando mil peligros. Instalaron la emisora en término de Pozoblanco, en el
Huerto del cortijo de Los Sastres. Pero la emisora no la pudieron poner a
funcionar, por alguna avería.
Alfonso Nevado Asencio, de Villanueva de Córdoba, jefe de la guerrilla infiltrada desde Francia en el otoño de 1945, portadores de una emisora para instalarla en Sierra Morena. Cayó en una emboscada de la Guardia Civil en el cerro del Quejigo, Montoro, el 25-4-1947.
En consecuencia, Valladares y “El Feo” se
volvieron para Sevilla con la pieza rota, mientras el “Capitán Carrete” se quedó por la zona de Pozoblanco. Al conseguir
los otros regresar a Sevilla, atravesando sierras y quebradas, Valladares viajó a Madrid en busca de
la pieza dañada, pero la policía ya le seguía la pista, y en la calle Argumosa
le dieron el alto y lo detuvieron. A partir, el consabido “via crucis”,
prisión, consejo de guerra, años de cárcel, pero pudo sobrevivir. La mala
suerte de su compañero “Feo” o “Antonio”
(Juan Cachinero) resultó
parecida: lo detuvieron en la pensión Ramos, de Sevilla; luego, consejo de
guerra y bastantes años de cárcel, pero también sobrevivió.
En cuanto a Juan Ruiz “Capitán Carrete” el destino fue mucho más trágico. Cometió
un error, frecuente entonces, que fue visitar a la familia, a la que llevaba más de siete años sin ver. Sus padres
trabajaban en el cortijo La Eliseda, de Pozoblanco, El 24-11-1945, los visitó
por primera vez, siempre al anochecer. Pero un casero vecino delató el
hecho a la Guardia Civil. Le hicieron la
espera, y el 7-5-1946 lo acribillaron en el lugar Llano del Piojo. Así acabó el
valiente “Carrete”, luchador de la guerra española en el Batallón “Pedroches” y
luchador en la resistencia francesa.
No acabó ahí la tragedia de la familia.
Cuando el franquismo desencadenó en
España el llamado “Trienio del Terror” (1947-1949) mediante la aplicación
masiva de la “ley de fugas”, los represores se acordaron de aquella familia del
“Capitán Carrete”, y el 18 de abril
de 1948, actuando de sátrapa en Pozoblanco el teniente Giménez Reyna, se presentó la Guardia Civil en el cortijo
donde trabajaba Juan Ruiz Calero, de
62 años, padre de “Carrete”, y lo
detuvieron, junto con un modesto jornalero Lucas
Rodríguez Fernández “El Potete” (34 años), y se los llevaron andando hacia
el pueblo. En un momento dado, pidieron detenerse para echar un cigarro, cosa
que les permitieron. Al reanudar la marcha, “El Potete” tuvo un arranque de ira campesina y gritó: “¡Ya no ando
más! Si me vais matar, hacedlo aquí mismo”. Y como los guardias llevaban
esas órdenes, les lanzaron una ráfaga de
fusilería y los liquidaron. Ocurrió junto a la Cruz del Pilar, por el camino de
Obejo, al pasar el Ventorro del Cintas.
Continuemos con los demás enviados desde
Francia. En noviembre de 1945 también llegó
José Benítez Rufo (oriundo de
Badajoz, Monterrubio de La Serena). Traía una misión de activismo clandestino y
empezó a actuar entre Córdoba y Sevilla. Había sido capitán en el Ejército
Republlicano. Sus andanzas pronto fueron interrumpidas por la policía, que lo
detuvo, y pasó el itinerario habitual: consejo de guerra y cárcel, hasta 1953.
Pasó a la clandestinidad y al exilio, de donde volvió a Sevilla en 1976, siendo
de la dirección del PCE. Murió en 1979.
El último de los enviados desde Francia, a
finales de 1945, para reformar la organización de la guerrilla en Los Pedroches
fue Alfonso Nevado Asencio, de
Villanueva de Córdoba, con la misión de reorganizar la guerrilla en la parte
oriental de Los Pedroches, desde Pozoblanco a Cardeña. Su ficha la hemos sacado
del archivo del PCE en Madrid. Parece que vino acompañado de algún otro, como Antonio Yuste Herrera, granaíno. Pudo
acompañar también Juan Gómez Calero,
de Villanueva, también infiltrado desde Francia, del que sabemos estaba preso
en Córdoba en 1946, sin más datos. Fueron meses de gran empeño organizativo. Se
celebraron asambleas nocturnas entre los términos de Villanueva, Cardeña y
Montoro: en el Collado Venta los Locos, en el Cerro la Venta del Puerto, en el
Barranco de los Pobos, etc. A ellas asistían también algunos enlaces y
delegados del Partido.
Según mis datos inéditos procedentes del
enlace-confidente (agente doble) José
Martínez Capitán “El Chunga” (lo entrevisté en Villaverde, Madrid, enero,
1987), hubo asambleas con casi 30 guerrilleros y con varios días de duración: “Otra reunión fue en Las Alcornocosas, con representantes de todas las partidas, como la de Nevado, de
Villaviciosa, de Hornachuelos, etc. Toda la noche de discusiones y análisis…
Los enlaces no nos podíamos ver entre sí… Había muchos propietarios del pueblo
que colaboraban con los de la sierra… Julián se trasladó a Villaviciosa por
acuerdo del Partido y la guerrilla. Lo vi por última en el Cerro la Venta del
Puerto, algo más abajo de la casilla de los Serranillos. Este punto era el de
contacto, y allí se acercó uno a por mí… A veces estaban bastante tiempo sin
comer. Yo estuve tres días con ellos y no comimos nada”.
Arsenio López Valladares, de Boñar (León), el técnico de la emisora. Fue detenido en la calle Argumosa, de Madrid, en 1946, cuando viajó en busca de una pieza estropeada de la emisora.
En el mes de abril de 1946, Alfonso Nevado se presentó a su padre
en el cortijo de la Loma de la Higuera (de los Benítez Reina), donde trabajaba
la familia. Se vieron varias veces. Pero un miembro de la familia se fue de la
lengua, y la Guardia Civil pilló picos, entonces mandada en Villanueva por el
neroniano capitán Joaquín Fernández
Muñoz, el cual montó un escándalo represivo de mil demonios, a primeros de
mayo de 1946. Detuvo a toda la familia Nevado, a buen número de personas de
izquierdas y a los profesores de la Academia de la calle Cañuelo, con don Vicente Pascual a la cabeza, todos
ajenos al suceso. En total, unas 30 personas, los molieron a palos, y el 15 de
mayo, en cuerda de presos, los condujeron a la Estación. Estuvieron un año
presos y después, sobreseído el caso, los mandaron a su casa.
Nevado,
abrumado por tanto contratiempo, intentó reorganizar la guerrilla de la parte
oriental de Los Pedroches. Celebraron varias asambleas, a las que asistían
algunos enlaces, entre ellos José “El
Chunga” (“El de las cabras”), que actuaba
como agente doble, y la Guardia Civil estaba al tanto de todo.
Se citó a una asamblea fatídica para la noche
del 24-25 de mayo de 1947, en el Cerro
del Quejigo, término de Montoro. Por supuesto, el confidente “Chunga” lo
sabía. Y la Guardia Civil se pudo preparar a gusto, cuyo factótum entonces en Villanueva era el comandante Felipe Martínez Machado. Se puso en
alarma al 3º Tercio Móvil de la Guardia Civil. Entraron en acción más de 50
guardias civiles, al mando del capitán Joaquín
Bracero García, con el teniente Eduardo
Hurtado Gómez (éste, de Cardeña, furioso azote de la guerrilla), más 20
guardias civiles de la capital, al mando del capitán Tamayo Díaz (de Villaviciosa, otra de las figuras del momento).
Durante la noche fueron estrechando el cerco del
Cerro del Quejigo, mientras en la cumbre los guerrilleros actualizaban sus
planes de resistencia al Régimen. A primera hora de la mañana del día 25 de
abril, estalló un infierno de fusilería y bombazos, como si el cerro hubiera
reventado en una erupción volcánica. Los al menos seis guerrilleros que allí
había se parapetaron, resistieron y se dispusieron a morir matando, si bien
sólo consiguieron herir a un cabo.
Todos fueron cayendo uno tras otro. El
brigada Juan Calle Pérez, ansioso de
medalla y recompensa, avanzó a pecho descubierto hacia el parapeto donde se
ocultaba Nevado, y de un bombazo lo
dejó descuartizado. Al terminar la masacre, 5 cadáveres yacían desperdigados,
sin caer en la cuenta de que se les había escapado uno, herido, “El Castaño”, de Pozoblanco, único
superviviente, que huyó.
Los muertos eran: Alfonso Nevado Asencio (30 años, de Villanueva), Antonio Yuste Herrera (30, de Granada),
Salvador Bello Aguilar (38, de
Córdoba capital), Pablo González Campos
“Coqueo” (50, Hinojosa) y Bernardo
Gutiérrez Prieto (27, Montoro). Los cadáveres los llevaron a enterrar al
cementerio de Montoro. El Régimen condecoró con tres medallas a los represores:
medalla al mérito militar al brigada y al cabo herido; y citación honorífica
para el comandante Machado.
Para precisar mejor el desastre del Cerro del
Quejigo, me encuentro en mi archivo un documento de la Guardia Civil,
antes olvidado, que ahora me ilustra en la comprensión de lo ocurrido. Así
rezan mis apuntes de los años 90’s: “Eliminación
de la partida de Nevado. Fue planeada por el comandante Martínez Machado, de
acuerdo con el coronel Santiago Garrigós Bernabéu, jefe del 5º Tercio de la
Guardia Civil (Córdoba y Jaén).
“Machado
tuvo información de que Nevado preparaba una reunión al amanecer del 24 de
abril, para pasarse a la zona de Jaén, por discrepancias con los de Córdoba, en
el Cerro del Quejigo (más bien se debió al terrible acoso de la
represión). Se organizó una fuerza al
mando del capitán Joaquín Bracero García, el teniente Eduardo Hurtado Gómez
(del 3º Tercio Móvil), más veinte guardias de Córdoba, al mando del teniente
Augusto Tamayo Díaz. Hicieron el cerco. Los maquis empezaron a disparar. El
brigada Juan Calle Pérez avanzó a pecho descubierto y arrojó una bomba al
parapeto de Nevado y lo mató…” “(Revista Servicios, de la Guardia Civil, año 1947, y Revista de la Guardia Civil, 1947, n. 37, p. 31).
Así
acabó la “Expedición” enviada desde Francia en
el otoño de 1945, para instalar una emisora en Sierra Morena y para reorganizar
la guerrilla cordobesa. Contra Franco no se pudo hacer más, pero se intentó,
con un sacrificio de vidas en auténtico derroche de personas, ideales y moral de resistencia.
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