3/3/26

EL BOMBARDEO DE BUJALANCE (CÓRDOBA) EL 14-12-1936 POR LA LEGIÓN CÓNDOR FUE LA VERDADERA "GERNIKA DEL SUR"

 

       BUJALANCE FUE LA “GERNIKA DEL SUR”, NO CABRA (A excepción de “La desbandá” de Málaga).

Datos actualizados del estado de la cuestión.

 

                                          Por Francisco Moreno Gómez


                        (Publicado por Cordópolis, el 21-22 de febrero de 2026)  

 

El 20 de diciembre de 1936 iba a ocurrir la caída de Bujalance en manos de los franquistas, durante la llamada “ofensiva de la aceituna”. Pero lo que ahora nos ocupa es el gran bombardeo que sufrió la localidad el día 14 del mismo mes. En mi libro La guerra civil en Córdoba (p. 497) ya anticipé algo de este tema. Empezaba con el testimonio de un anarquista de Fernán Núñez, refugiado en Bujalance, Francisco Verdú:

        “Una mañana del mes de diciembre (día 14), cuando nos dedicábamos a nuestro trabajo tranquilamente, nos sorprendió el ruido de tres aviones que sobrevolaban el pueblo, y sobre las diez de la mañana empezaron a sembrar el terror  y la muerte entre la población civil. Esto duró todo el día, pues, cuando terminaban estos tres aviones, los relevaban otros tres, de manera que era imposible acudir a socorrer a los heridos entre los escombros. Cuando llegó la noche no se escuchaban más que lamentos. Todos nos movilizamos para acudir a los casos más urgentes. Y así pasamos toda la noche, a fin de salvar el máximo de vidas inocentes. Al día siguiente, y a la misma hora, idéntica operación de desmoralización sobre la población civil, de modo que se decidió la evacuación. Al tercer día, 20 de diciembre, era ya muy poca la gente que permanecía en Bujalance.” (Carta desde Francia, 27-8-1983).

        Todo  era cierto sobre la gravedad del bombardeo, del que apenas se poseen datos en fuentes republicanas, pero sí en fuentes franquistas, en los conocidos Documentos del General Cuesta (DGC), donde se consigna el bombardeo de Bujalance el 14 de diciembre de 1936, con un balance, cifrando por lo mínimo, de 100 muertos y 200 edificios destruidos. Lo que no se explicita es que fue un ensayo destructor de la Legión Cóndor alemana.

        Sin embargo, todo ello resulta prehistoria, cuando recientemente hemos conocido algunas publicaciones alemanas sobre la Legión Cóndor en España, pista sobre la que me ha puesto Juan Antonio Cuestas. En 2014 nos ha llegado el libro La guerra como aventura. La Legión Cóndor en la guerra civil española 1936-1939, de Stefanie Schüler-Springorum. Ahí, entre otros contenidos, se puede leer que “En total, entre diciembre de 1936 y marzo de 1937, las escuadrillas de combate y las escuadrillas de bombardeo experimental de la Legión tuvieron entre 1.000 y 1.200 misiones en terreno enemigo”.

        A continuación detallan que los pueblecitos quedaban destruidos a las primeras pasadas y quedaban envueltos en polvo, y las personas supervivientes echaban a correr, pero… “Lanzábamos bombas  de metralla, hasta que dejaban de correr, y entonces arrojábamos las bombas incendiarias a las ruinas…”, para que no quedara títere con cabeza. Experimentación destructiva que no se dio en la ciudad de Cabra en 1938, sino la torpeza mezclada con la mala información, entre otras deficiencias.

        Obsérvese cómo la intencionalidad de los alemanes es “la desmoralización de la población civil”. En ningún caso hablan de objetivos militares. Por otra parte, existía un plan de experimentación sobre los efectos de la nueva aviación y la nueva munición. Esto nada tiene que ver con los objetivos y prácticas de la aviación republicana.

 

Wolfram von Richthofen, jefe de la Legión Cóndor.

 

    Bajo el apartado “Experimentos en Andalucía”, basándose en los escritos y en el diario de Richthofen, en el libro citado se alude ya a las fechas trágicas de Bujalance: “… después de que el propio Richthofen ordenara el bombardeo de Bujalance, Montoro y El Carpio, el 14 de diciembre de 1936, pudieron examinar las consecuencias de las bombas desde el aire, y una semana más tarde, una vez tomados los pueblos, analizarlos con detalle y documentarlos fotográficamente”.

        A continuación, se detalla expresamente que “El 14 de diciembre cayeron 120 bombas de 50 kilos cada una, sólo en Bujalance; en el ataque fallecieron 120 personas, habitantes del pueblo y soldados, y hubo numerosos heridos”. Más adelante se precisa que “… no sólo Queipo, sino también otros generales españoles intentaron servirse del manifiesto deseo de experimentación de los alemanes e instrumentalizarlo para sus propios propósitos, y así hicieron que el legendario Stuka, el bombardero en picado, entrara por primera vez en acción en Córdoba”.

        En diciembre de 1936 Bujalance se hallaba abarrotado de refugiados de toda la Campiña cordobesa, de Espejo, Montilla, Castro del Río, etc. Por tanto, es imposible cuantificar o identificar a las víctimas de esta multitud de forasteros, a los que había que sumar otra multitud de tropas variopintas, regulares y milicianas, que estaban al mando del comandante Pérez Salas, el cual debió de ser el que ordenó la evacuación. El cuartel de las Milicias se hallaba en la actual Plaza de Andalucía.


Una instantánea del bombardeo de Bujalance el 14-12-1936, en la calle San Pedro.

        La contribución de sangre de Bujalance en aras del golpe militar no fueron sólo las 120 de la Legión Cóndor el 14 de diciembre de 1936, sino que de muchas más, sepultadas bajo los escombros, jamás se tuvo noticia, como de otras que fueron arrasadas fugitivas por el campo en medio de las terribles pasadas aéreas, despedazadas entre los olivos, para risotadas de Richthofen y de los pilotos nazis. Jamás serán computadas por la historia. Tras los tres años de guerra y la larga posguerra, nadie tomó nota ni de los hechos ni de las personas ni de los nombres.

        Tras la victoria de 1939, se fusiló en Bujalance a 55 personas más. Otras 28 en la capital, 22 abatidas en el maquis, 3 en los campos nazis, 13 en la prisión de Córdoba, entre otros casos. Total de la posguerra, 127 víctimas que sepamos, más ese mínimo de las 120 del bombardeo de 1936 (más esos “desaparecidos”, que echaban a correr y les arrojaban bombas hasta que “dejaban de correr”). Por tanto, Bujalance fue castigado, sin duda, mucho más que la ciudad de Cabra.

        Uno de los pilotos alemanes que visitó Bujalance por aquellos días fue Hannes Trautloft, que publicó su diario de guerra nada más volver a Alemania, en 1939, bajo el título Piloto de caza en la guerra de España. Diario de un legionario alemán (de 1939, publicado en España en 2020). Este piloto viajó a Córdoba en diciembre de 1936. Señala que todos los puentes se hallaban volados y los pueblos derruidos: “… Especialmente malo es el aspecto de Bujalance. Aquí primero actuaron nuestros bombarderos… ninguna casa ha quedado entera… En la torre de la iglesia de Bujalance los rojos emplazaron a 80 metros de altura un nido de ametralladora… Villa del Río y Lopera se llaman los pueblos que las tropas del general Franco han tomado justo ayer… A ambos lados de la carretera yacen caídos, por lo general rojos… Numerosos camiones van cargados hasta arriba con enseres domésticos, camas, sillas, sartenes, cuadros, cántaros, todo está revuelto y en desorden… todavía corretea por ahí toda clase de animales, cerdos, gallinas, que ahora son requisados por los soldados del general Franco” (pp. 130-132).

Portada del libro de Hannes Trautloft, den 1939, con datos sobre Bujalance.



        “En Villa del Río nos presentamos al comandante… Aquí, nos cuenta, el frente rojo está mantenido por las Brigadas Internacionales. Se baten bien, pero en los últimos combates han sufrido considerablemente”. Y refiere el caso de un brigadista inglés prisionero, al que se le ha requisado una Biblia, un regalo de navidad que le había enviado su madre “con los mejores deseos”.

        Estas fuentes alemanas son determinantes para explicar las actuaciones destructoras de los bombardeos de la Legión Cóndor. Primero, los bombardeos rasantes para abrir los edificios; después, los ametrallamientos del personal civil, “contra los que corrían, hasta que dejaban de correr”. En tercer lugar, los bombardeos incendiarios, siempre echándoles la culpa de los incendios a “los rojos”. Cuarto, las actuaciones se hacían, no contra objetivos militares, sino para “la desmoralización de la población civil”. Por último, los bombardeos alemanes se hacían en forma de experimentación, para comprobar la eficacia de los nuevos aparatos y las nuevas municiones. La similitud de lo ocurrido en Gernika y en Bujalance resulta evidente. En cambio, si todas  estas características se cotejan con lo ocurrido en el bombardeo de la ciudad de Cabra, no existe parangón posible. 

        Recientemente, Juan Antonio Cuestas ha publicado un artículo sobre el bombardeo del 14 de diciembre de 1936 (Revista Adalid, n. 8, dic. 2024, Bujalance), con un magnífico trabajo de campo de recogida de testimonios de los entonces niños, hoy nonagenarios, los cuales ponderan el arrasamiento de Bujalance tras las diversas pasadas de los bombarderos de la Legión Cóndor a 600 metros de vuelos rasantes. Algunos hablan de caminar por las calles en medio de cadáveres. En cuanto llegó la noche, y al día siguiente, se organizó la evacuación total de Bujalance: “La carretera de Villa del Río, llenita de gente andando, cargados con lo que podían, otros buscando a los suyos. Porque ese día que salíamos nos bombardeaban también. Pasamos la noche en la Estación de Villa del Río”. Contaban no sólo el estruendo de las bombas, sino también el “terrible tableteo de las ametralladoras”.

        Para la cuantificación de las víctimas no conocemos fuentes españolas (El Registro Civil quedó truncado desde el 14-12-1936 hasta febrero de 1937). Años después se inscribió por casualidad, fuera de plazo, a una decena de víctimas del bombardeo, sobre todo niños, señala Cuestas.

        De momento, sólo contamos con las fuentes alemanas, en torno a la cifra inicial de 120 muertos y “muchos heridos”. Así aparece también en el diario de Richthofen, publicado en 1944, cuando murió  a causa de un tumor cerebral (La guerra como aventura…, de Schüler).

         No hace mucho ha escrito sobre el tema otro hispanista alemán, Walther L. Bernecker (“Gernika y Alemania: debates historiográficos”, en Historia Contemporánea, 35, 2007, p. 513), anotando: “Richthofen estaba personalmente en uno de los aviones bombarderos, y parece ser –según su diario- que tuvo ‘una extraña sensación al ver por primera vez (caer) bombas sobre hombres (concretos)’”.

        Con relación al bombardeo republicano de Cabra, de 7-11-1938, las circunstancias son muy diferentes. En mi archivo me encuentro con un documento de la Cruz Roja sumamente esclarecedor. Se trata de un INFORME redactado en enero de 1939 por el que fuera primer alcalde franquista de 1936 en Cabra, director del Instituto y ferviente apologista del Régimen, Ángel Cruz Rueda. El Informe está dirigido al Secretario de la Junta Suprema de la Cruz Roja en Burgos, con fecha 17-1-1939 “(Tercer Año Triunfal)”. Primero se introduce, con estilo inflado, sobre la ciudad de Cabra, Parnaso de las Letras, cuna de Juan Valera, que “En 1936 se puso decididamente, desde el primer día, al lado del Generalísimo Franco, considerándole representante y guía de la verdadera España”.

        El estilo es tan retórico que el Secretario de Cruz Roja en Burgos le responde diez días después sobre la recepción del Informe: “En él quedan bien de manifiesto las circunstancias del criminal bombardeo de esa Ciudad y lo ílustre de su prosapia”. Esto último, la “prosapia”, no sabemos si con “retintín”.

        De todas formas, los datos son minuciosos al extremo. El bombardeo ocurrió el lunes 7-11-1938, a las 7’30 de la mañana. Operaron tres monoplanos bimotores “Sofía-Katiuska, en formación de patrulla en cuña, por la zona del Calvario. Dejaron caer unas 30 bombas rusas, de una potencia entre 30 y 48 kilos, de las cuales explotaron ‘veintitantas’… En la plaza de Abastos los muertos fueron “treinta y tantos”. En una taberna frontera fallecieron 13. En la calle Jaquotot, murió un niño. En la calle Muñiz Terrones, murió un teniente de Regulares. En la plaza de Calvo Sotelo destruyeron el surtidor de gasolina. En la zona del Campo de Concentración que existía con 112 prisioneros, mataron a 2 prisioneros y a 10 militares que los custodiaban. Hubo varios muertos entre los refugiados en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. El total de víctimas fue de 107. Heridos, un centenar.

        El citado Informe se hace con un fin propagandístico indudable, no sólo con destino a la Cruz Roja, sino también para “la Prensa forastera y española”. Se hace hincapié en que “Periodistas extranjeros y españoles nos distinguieron con su visita –así como Autoridades de la capital-… y los enviados especiales de Prensa y Propaganda del Gobierno del Reich”. Para las víctimas de Bujalance no hubo propaganda. El destino de los vencidos es el olvido.

Lo que no menciona el Informe son los fusilamientos cometidos en Cabra en 1936 por los entusiastas del Régimen. En mis libros sobre Córdoba, sobre todo en los cuatro últimos, he ofrecido un cómputo de los fusilados por el franquismo en Cabra, total que asciende a un mínimo de117 víctimas, la mayoría en las cunetas de Cabra a Lucena, Priego o Monturque. Otros, en Priego, y algunos más en Córdoba capital, en el verano y otoño de 1936, debido al celo exterminador del comandante militar de la plaza de Cabra Francisco López Pastor y de su ayudante, que era peor, el teniente Roldán Écija, que sembró el terror en Rute y en Priego. De manera que “Gernika del Sur” con relación a Cabra, no corresponde al rigor de la historia, sin olvidar a los fusilados republicanos, que suman más, con el problema añadido de los “desaparecidos”, práctica habitual en 1936. La “Gernika del Sur”, según lo documentado, fue sin duda Bujalance, donde la perfección del exterminio de la Legión Cóndor no se puede comparar con unos aviones “Katiuskas” rusos, viejos, con menos bombas y de menos peso (20 bombas explosionadas, de 30 a 48 kilos, frente a las 50 bombas de 50 kilos, como mínimo, de la Legión Cóndor en Bujalance.  

       

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14/1/26

LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA "LEY DE FUGAS" EN LOS PEDROCHES (CÓRDOBA) EN 1947

 

Desde San Petersburgo a Córdoba investigando la “ley de fugas

La primera víctima de la “ley de fugas” en Los Pedroches, en 1947. El Informe inédito de Romera .


                                                                  Por Francisco Moreno Gómez


                                                                         (Publicado en CORDÓPOLIS, 11 Enero 2026)

 

En cuestión de historia y de memoria histórica democrática nunca llegamos al final del enredo de la madeja. Hace poco he recibido este email desde San Petersburgo (Rusia):

 “Buenas tardes, don Francisco. Me llamo Javier Expósito, nieto de José María Jurado Zornoza, asesinado por la Guardia Civil el 28-7-1947, en Villanueva de Córdoba. Estuvimos hablando allá por el mes de enero de este año (2025) (vía WhatsApp, ya que estoy viviendo en San Petersburgo) y quería compartir con usted los avances que he tenido en la búsqueda de información sobre mi abuelo, así como hacerle alguna pregunta que me ha surgido, si le parece bien.

        “En estos meses he podido adquirir y recibir en mi casa los libros que me recomendó (‘Córdoba en la posguerra’ y ‘La resistencia armada contra Franco’). Quería darle las gracias por su recomendación y felicitarle por su enorme esfuerzo para poner nombre a muchos de los que dieron sus vidas por la libertad…”.

        Efectivamente, a la muerte del carbonero José María Jurado Zornoza (no Zarnoza) se hace referencia en los libros citados (Córdoba…, pp. 471 y 478, y La resistencia… p. 483), pero ahora descubrimos la verdadera dimensión de los hechos. Este carbonero, de 30 años, era natural de Alamillo (Ciudad Real), pero vecino de Villanueva, casado con Escolástica Romero, de Conquista, sastra.

 

José María Jurado Zornoza, Villanueva de Córdoba, la primera víctima del “Trienio del terror (1947-1949)” en Los Pedroches. De 30 años, carbonero, enlace de la guerrilla. Su nieto Javier Expósito ha contactado con nosotros desde San Petersburgo (Rusia). 

Cuando mataron a José María en julio de 1947, el matrimonio, que habitaba desde 1944 en una choza en la finca Las Valsecas (de D. José Sánchez), tenían dos niños: José, de 5 años (nacido en  1941), Isabel, de 2 años (1944) y otra hija en camino (que luego, póstumamente, sería Petra, madre después de nuestro informante desde San Petersburgo, Javier, el nieto de la víctima que nos ocupa). Una familia humilde y feliz, en la que el padre ganaba el sustento haciendo carbón en la finca de Navalazarza (también de D. José Sánchez). En Villanueva, vivían en la calle Pelayo, 11, casa de los padres de José María, Fermín y Cándida.

Pero he aquí que las consecuencias represivas del golpe militar, de la guerra civil y de la dictadura vinieron a hundir a aquella familia. Tras el crimen de la “ley de fugas” consumado el 28-7-1947, la Guardia Civil incoó un paripé de Causa, la núm. 937-47, en el Juzgado Especial de Rebeldes núm. 1, de Córdoba. El Atestado general lo redactó el capitán de la Guardia Civil Antonio Cañero Navarro, que vino para tal fin desde Pozoblanco a Villanueva. El jefe en Villanueva era el comandante Machado.

 Por ese interrogatorio, precedido de las consiguientes palizas, hemos podido descubrir en José María Jurado era, ciertamente, enlace de la guerrilla. Tal hecho se supo por “información confidencial” (de José Martínez “El Chunga”, que en aquellas fechas actuaba como agente doble: miembro de los apoyos de la guerrilla y confidente de la Guardia Civil). En segundo lugar, la Guardia Civil disponía de un Informe (inédito) escrito por el jefe de guerrillas Claudio Romera Bernal, que había enviado al E. M. de la 3ª Agrupación Guerrillera de Córdoba, cuyo jefe era Julián Caballero Vacas (Es decir, que los jefes de las guerrillas remitían informes escritos a la dirección general de Sierra Morena).

Este Informe de Romera lo debió de incautar la Guardia Civil, junto con otros papeles, que guardaba Julián Caballero, cuando este E. M. fue acribillado y masacrado el 11 de junio de 1947, en la Umbría de la Huesa (Villaviciosa). Por este papel la Guardia Civil sabía que José María Jurado Zornoza era el enlace encargado de la zona guerrillera entre Villanueva de Córdoba y Cardeña, con el apodo de “El Pacífico”. Además, que perteneció al comité clandestino del PCE en Villanueva, desmantelado en 1946, y sus miembros detenidos, menos José María, que se hallaba ausente. Según “confidencias” (A José “El Chunga” lo entreviste yo en Villaverde, Madrid, el 9-1-1987), José María era ya enlace de la guerrilla, cuando hacía carbón en La Alcarria, de Villanueva.

Y también, por este Informe, se supo que la guerrilla utilizaba CLAVES, para personas y lugares. El pueblo de Villanueva era S.T.1, y José María, la clave V.205. La clave Z.350 designaba la parte de la finca Navalazarza, de Gregorio Pedraza. Pero todo este entramado de nada sirvió, porque la guerrilla tenía un topo, José “El Chunga”, que iba a todas las asambleas nocturnas guerrilleras, y luego se pasaba por el cuartel. Este espía motivó el derrumbe total de la guerrilla de la parte oriental de Los Pedroches.

El grupo guerrillero que actuaba por la zona de Navalazarza y Las Valsecas lo mandaba “El Pepe”,  acompañado de “Pajarete” (Juan Toril Vicaria, de Villanueva) y alguno más. Sólo este último, identificado. Eran de la guerrilla de Romera. Según el Informe incluido en el  proceso, el 17 de abril apareció un trío guerrillero en la finca de Navalazarza (la parte de Gregorio Pedraza), con la idea de realizar alguna actuación, pero los trabajadores los vieron, y entonces, para que nadie diera cuenta, retuvieron al padre de uno de ellos, y al anochecer lo soltaron y le pagaron la jornada. Al día siguiente, los obreros fueron al pueblo a dar cuenta, y José María Jurado, también, pero después haber ido  antes al escondite de los maquis a comunicarles la situación. Le aconsejaron ir también a dar cuenta. Fue al pueblo en bicicleta, a unos 11 kms. El retraso extrañó a la Guardia Civil. Los de la sierra sabían que ese día el propietario D. José Sánchez iría a Navalazarza, pero por algún imprevisto, no fue. Tal vez planeaban el secuestro del hacendado.

Javier Expósito, periodista, nieto de José María Jurado Zornoza, que desde San Petersburgo (Rusia, donde es profesor de español) se ha puesto en contacto con nosotros (2025), intercambiando información para reconstruir el asesinato de su abuelo en 1947.

 

En su declaración del 28 de julio en el cuartel, José María Jurado reconoció que una docena de días antes (hacia el 16 de julio), cuando pasaba por “el portillo de la Huerta del Eneal”, se encontró con los de la sierra, entre ellos “Pajarete”, que le pidieron algo de suministro, porque no querían dar ningún golpe para no llamar la atención. José María volvió a su choza, cogió pan y aceite –lo único que tenía- y lo dejó a escondidas en la Huerta del Eneal. Para colmo, “Pajarete” le dejó propaganda, y José María, por temor, la rompió y la enterró cerca del horno de carbón.

La repetida actuación de la guerrilla en aquella zona, donde trabajaba su principal enlace, era una gran imprudencia (José María tenía su choza en la finca Las Valsecas, y el horno de carbón, en la cercana finca de Navalazarza, ambas de D. José Sánchez). Se dice que los lobos nunca cazan cerca de donde tienen los cachorros. Y aquí estaban poniendo en gran peligro al enlace José María. En realidad, “Pajarete”, natural de Villanueva, tenía escasa formación política y pocas dotes de astucia elemental.

Así, llegamos al comienzo de la tragedia, el 24 de julio de 1947. Esa tarde, “Pajarete”, “El Pepe” y algún otro se situaron en un punto entre las fincas Las Valsecas y La Encinilla, planeando, tal vez, un atraco o un secuestro, hasta que aparecieron el dueño a caballo, D. José Sánchez Moreno y su hijo. Éstos los descubrieron y les echaron el alto. Los maquis, entonces, dispararon y huyeron, hiriendo levemente al dueño. Aquella misma noche o a la mañana siguiente, José María Jurado Zornoza fue detenido y llevado al cuartel de la Guardia Civil de Villanueva en las Escuelas de la Fuente Vieja, “por existir antecedentes por este servicio de información de estar en contacto con los bandoleros”, se dice en el procedimiento. Efectivamente, la Guardia Civil poseía el Informe de Romera, y José María no tuvo más remedio que reconocer los contactos con los maquis antes relatados, después de dos días de tortura, 26 y 27 de julio.

En la mañana del 28 de julio, el capitán Antonio Cañero Navarro, de Pozoblanco, se trasladó a Villanueva para tomar declaración al detenido. Negó rotundamente que él tuviera nada que ver con la agresión sufrida por D. José Sánchez, y que se enteró horas después. Y era cierto. Pero en su contra influían sus “antecedentes” de contactos con la guerrilla. Para colmo pertenecía al PCE clandestino. Su suerte estaba echada.

Entre finales de 1946 y parte de 1947, la batuta represiva la llevó en Villanueva el maquinador comandante Felipe Martínez Machado. Fue éste quien captó como espía a José Martínez Capitán “El Chunga”, que empezó a jugar a dos cartas. Le pusieron una piara de cabras, para residir como cebo en el campo, en la Venta del Cerezo, de Torrico. Su primer servicio ocurrió en esa Venta, en la madrugada del 11-2-1947, utilizando un pescado envenenado para la cena. Iban a acudir 12 guerrilleros, pero sólo entraron 3 en el cortijo. Cuando estaban mareados, “El Chunga” salió “a por leña”. Era la señal. La Guardia Civil, mandada por el capitán Cañero, irrumpió a tiros, y los 3 maquis perecieron. El comandante Machado recibió la Cruz de la Orden del Mérito Militar, con fecha 28-2-1947. Tiempo después, en 1968, aparece como coronel jefe del 7º Tercio de la Guardia Civil.

Acabado el interrogatorio del 28-7-1947, el capitán Cañero transmitió la orden terrible, sabedores todos los jefes superiores. A las 14 horas, en plena canícula, salió la comitiva a pie, con José María esposado, seguido del sargento de la Guardia Civil del cuartel Villanueva, Fernando Rodríguez Velasco, y cuatro guardias del cuartel de Pozoblanco: Sebastián García García, Lorenzo Esteban Tomás, Francisco Godoy Canela y Antonio Rosa Caballero. 

 

El Comandante Felipe Martínez Machado, urdidor y maquinador de todas las estrategias de exterminio que se pusieron en marcha en Villanueva de Córdoba, en 1947, para eliminar la guerrilla y los enlaces, mediante la aplicación de la “ley de fugas”.

 

La consigna “oficial” era dirigirse al horno de carbón, a buscar aquella propaganda que los maquis habían entregado a José María, y éste la rompió y la enterró al lado del horno de carbón. Tardaron toda la tarde en el trayecto (10 ó 12 kms.). Varias veces se pararon a fumar (y suponemos, a beber agua). Una especie de camino del Gólgota. Cuando ya venían de vuelta (los panfletos los encontraron tan rotos que los tiraron, según declaró luego el sargento), al llegar a la altura del camino de Las Aguilillas (antiguo Km. 63), a eso de las 19  horas, se desviaron un poco de la carretera y, con la consigna de que “el detenido echó a correr”, lo acribillaron por la espalda, con dos tiros en la cabeza (con pérdida de masa encefálica) y tres tiros por la espalda.

Una perfecta ejecución sumaria, bajo el eufemismo de la “ley de fugas”, una manera macabra de asesinar a miles de desgraciados en España. Los guardias se hicieron con un carro y en él trajeron el cadáver hasta el cementerio de Villanueva. A la mañana siguiente, a las 9, se practicó la autopsia por los médicos Antonio y José Valero Martos.

 

  El general Camilo Alonso Vega, director General de la Guardia Civil, durante los años de la guerrilla (1943-1955), planificador, junto con Franco, de todos los métodos brutales para acabar con las guerrillas en España, tanto en la sierra como con los apoyos en el llano.

 

El expediente sobre la agresión de los maquis a D. José Sánchez lo cerró el capitán Cañero en Pozoblanco, el 31 de julio, culpando a José María de “un plan entre él y los bandoleros”, lo cual era falso. Se remitió al Gobierno Militar de Córdoba este expediente del “Juzgado Especial de Rebeldes núm. 1.” Los encausados eran los cinco guardias civiles, “por la detención y muerte de José María Jurado Zornoza, al intentar huir”, en el marco de un delito de “Auxilio a bandoleros”. De esta desgracia se hizo eco Mundo Obrero y España Popular (de México).

El Auditor de Sevilla, con fecha 22-11-1947, según la regla 4ª del Art. 719, propone el sobreseimiento del “paripé” de expediente respecto a los cinco guardias, lo cual decreta finalmente el capitán general de la 2ª Región, con fecha 28 del mismo mes. Y así se procedía con todas las víctimas de la “Ley de fugas”: se procesaba en apariencia a los guardias autores de los disparos, y luego se sobreseía el caso.

La supervivencia del grupo de “El Pepe” y “Pajarete”, adscritos a “Romera”, fue muy corta. El 6-8-1947 fue eliminado “Pajarete”. Se había desplazado a la zona de Pedroche. Las circunstancias son dudosas. Fue descubierto y capturado en el Cercado de Piedras Santas, según cita Mundo Obrero (11-9-1947, p. 3). Y según el Registro Civil consta muerto “por arma de fuego en extramuros”, seguramente por la “ley de fugas”.

En cuanto a “El Pepe”, según el “Medallero” de la Guardia Civil, fue abatido en el lugar Cerro Veguetas, término de Montoro, junto con Pedro Molero Izquierdo (24 años, de Villanueva), del que no tenemos certeza si éste era guerrillero o enlace. Según esta fuente, el hecho ocurrió “después de un tiempo de espera y apostadero”. Es decir, que la Guardia Civil ya tenía información de ese lugar como punto de apoyo. El confidente seguía siendo José “El Chunga”. Este “Pepe” era muy conocido de José María, porque en su casa de la calle Pelayo estuvo alojado como refugiado durante la guerra el tal “Pepe”.

Nos comenta el nieto de la víctima, Javier Expósito: “Para toda la familia, el asesinato de mi abuelo fue una catástrofe, como no podía ser de otra manera”. La abuela materna, Cándida (bisabuela de Javier), sufrió una enfermedad en la vista, de tanto llorar, y murió poco tiempo después. Su viuda Escolástica, embarazada, y los dos niños, abandonaron la choza que tenían en Las Valsecas (y por supuesto el horno de carbón en Navalazarza) y se marcharon a Villanueva, a la casa de la madre de ella, Tomasa, en la calle Amargura, núm. 12.

La niña que nació póstumamente se llamó Petra. Con el tiempo, se casó en Villanueva con Francisco Expósito Mohedano, albañil. Finalmente se establecieron en Madrid, en Vallecas. Tuvieron tres hijos, uno de los cuales fue Javier Expósito, que estudió periodismo. Ejerció en los periódicos El Mundo, Expansión y Marca. En 2019 se marchó a San Petersburgo, donde ejerce como profesor de español, y ha formado su familia.

La casualidad ha querido que sus afanes hayan caído en manos del HISTORIADOR, para que grabemos entre todos este crimen, esta historia y esta memoria en el gran duelo de la España democrática. El gran duelo de la España que pudo haber sido y  no fue.

                    

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8/12/25

EL FALANGISTA LUIS VELASCO Y LOS GOLPISTAS DE CÓRDOBA CAPITAL EN 1936. GENOCIDIO DE MÁS DE 5.000 PERSONAS

 

Los victimarios ante la historia

LUIS VELASCO, AZOTE DE LA GENTE REPUBLICANA DE CÓRDOBA EN 1936

                                             Por Francisco MORENO GÓMEZ

                                             (Publicado en CORDÓPOLIS, 7-12-2025) 

Con la ayuda de Ana Solana, de RTVE, y de la nieta de Luis Velasco, Ana Velasco, hemos podido llegar al fondo de la actuación de la Falange en la Córdoba del golpe militar. A raíz de mi participación en el documental de TVE1 “Miradas desobedientes” (27-11-2025), he tenido acceso a algunos documentos para saber bastante más del falangista Luis Velasco Moreno, ordenanza del capitán Marín Alcázar y del coronel Cascajo en los días del golpe militar. Este programa de “los desobedientes” se enmarca en una corriente de familiares de antiguos verdugos que, con sentido crítico, se han decidido a mostrar su desacuerdo con la actuación de algún ancestro, en defensa de los derechos humanos. Y así ha actuado en Córdoba Ana Velasco, nieta del falangista Velasco, la cual ha viajado a la ciudad califal para la grabación del documental.

Nos aportó también una carta de Luis Velasco dirigida al Jefe Nacional de Falange en 1975, Raimundo Fernández Cuesta, del 29 de noviembre de ese año, recién enterrado Franco, fechada en Badalona, “… rogándote, si es posible, me autorices a encuadrarme a tus órdenes, así como a mi señora”, recordándole de que “En aquellos tiempos de 1935 y 1936 fueron tres veces las que hablé con José Antonio y contigo”. Seguramente vislumbraba con temor el cambio de régimen y buscaba agarraderos seguros.

        Velasco, aunque persona iletrada, redactó unas páginas de memorias interrumpidas. Él presentaba su vida cotidiana entre “las visitas que a diario tenía que hacer al coronel Cascajo como enlace entre el Comandante Militar, la Jefatura de O.P. y el Gobierno civil”.

El temido falangista de Córdoba Luis Velasco Moreno, peón de brega de los militares sublevados, denunciante y confidente, que llevó al paredón a centenares de personas. 

        Escribe Velasco que el 18 de julio se encontraba en prisión desde la muerte de Calvo Sotelo con otros falangistas y fue excarcelado a las dos de la madrugada, y se presentó ante el nuevo gobernador civil capitán Marín Alcázar. Dice que “Se marcharon los señores (Gabriel) Delgado (Gallego) y Muñoz Córdoba… y nos quedamos solos el gobernador civil y yo.” Aquella noche nos revela algo curioso: que fue nombrado “Delegado de la Jefatura de Orden Público y jefe de la Brigadilla Especial Especial de Falange, siendo el nuevo primer Jefe de Orden Público el teniente coronel Alfonso Martínez Zabalete. Y rezumando su complejo de culpa, declara que “las órdenes las daba el Jefe de O.P., y yo cargué con el mochuelo”. El “mochuelo” fue que denunció a centenares de personas en Córdoba, a las que llevó al paredón, incluida su propia cuñada Pilar Barrena. Él, en su primera juventud, había simpatizado con las izquierdas, a las que conocía perfectamente, por lo que la purga fue terrorífica.

Volviendo a la noche del Gobierno Civil, detalla Velasco: “un ordenanza nos trajo un café y dos copas de coñac”. Fue la noche de los cafés y de los coñac. Y de las risas y carcajadas. Como Nerón antes de prender las teas.

         Luis Velasco gozaba ya de un pequeño currículum en el seno de la Falange, cuando explicaba en la carta a Fernández Cuesta que “Soy el camarada Velasco que, junto con José Antonio, Mateo, Vignote y tú, tomé parte como orador en los actos de Córdoba y Fuente Palmera, podríamos decir que el brazo derecho de Rogelio Vignote en aquellos tiempos. Posteriormente me mandó Mateo a Extremadura, con el fin de ver la forma de organizar algún sindicato por aquellas provincias…”.

        La madrugada del 18-19 de julio fue de una gran algarabía fascista en Córdoba, una noche epifánica. Escribe Velasco: “Había un gran bullicio en el Paseo del Gran Capitán, entre la iglesia de San Hipólito y San Nicolás, en las terrazas de los Círculos Mercantil y de Labradores”, mientras sonaban los himnos de Falange y Requetés, además de las marchas militares con que aquella madrugada amenizaba la banda de música. El divertido preludio de una tragedia.

Francisco Moreno con Ana Velasco durante la grabación del documental “Miradas desobedientes”, en la plaza del Potro, el 9-10-2025.

        Habla también Velasco de una llamada del general Miaja al Gobierno Civil aquella misma terrible madrugada del golpe militar. Pero pudo ser unos días más tarde. En cualquier caso, cuando sonó el teléfono, lo cogió Velasco, con el siguiente mensaje: “Dígale a Cascajo que, si mañana la aviación gubernamental no ve banderas blancas en señal de rendición, bombardearé la ciudad sin compasión”. Y cuenta que todos se rieron de la ocurrencia. Otra vez las carcajadas de Nerón.

        Una de aquellas noches, el coronel Cascajo llamó a Velasco. Cuando subía las escaleras, “un ordenanza subía una bandeja de cafés” y coñac. Exaltación etílica cuartelera para acallar los escrúpulos. Allí estaba Cascajo con todos sus fieles. “Me preguntó qué me había dicho Miaja. Todos se echaron a reír y yo también”. Allí comentaron que la telefonista de Espiel les había revelado que en la Estación se había detenido un tren de mineros de Peñarroya y de Puertollano con varios vagones de dinamita, dispuestos a tomar Córdoba.

        Entonces le encargaron a Velasco llevar a cabo un sabotaje en la vía férrea a la altura del arroyo Pedroches. Le entregaron un tubo de dinamita, una ametralladora y un cuchillo de monte. Una patrulla, al mando del sargento Arroyo, lo llevaron allá de madrugada. Se pararon en la zona de la Carrera del Caballo. Velasco partió solo en busca de la vía férrea. Excavó y colocó el explosivo debajo de una traviesa, dejó a punto la mecha y salió corriendo entre las sombras de la noche y las encinas. La explosión destrozó la vía. Cuando volvió a la patrulla, le ofrecieron una bandeja de cafés y coñac. Se había conjurado el peligro de los mineros de Peñarroya.

    Cuando Velasco regresó ufano al Gobierno Militar, estaba Cascajo rodeado de sus fieles: “Marín Alcázar, el rejoneador Cañero, el secretario particular Gabriel Delgado Gallego, el señor Muñoz Córdoba, el teniente coronel Martínez Zabalete, jefe de Orden Público. Me felicitaron todos.”

El falangista Velasco actuaba con perfecto peón de los recados. Al tercer día del golpe, comenta en sus memorias que lo volvió a llamar Cascajo de madrugada, para entregarle un sobre que contenía la orden de libertad de la actriz Rosita Díez Gimeno. Debía llevarla a su alojamiento, el Hotel Simón. Y al día siguiente, acompañarla a Sevilla, destino que había solicitado la actriz. Ya no cuenta más detalles el despiadado Velasco, porque ahí se cierra sus páginas de mini-memorias.

        Tras los titubeos de los primeros días, Velasco se especializó en las noches cordobesas, al mando de los camiones de la muerte, lo mismo que hacía Cañero con sus caballistas, recorriendo los barrios y la sierra en busca de rojos. Velasco ya hemos citado que hizo fusilar a su cuñada Pilar Barrena (porque “delante de él no se paseaba ningún socialista por Córdoba”). También se presentó en casa de Dolores Muñoz, costurera del barrio del Alcázar, y motivó su muerte. Aquella mujer mostró un valor insólito, se puso su mejor vestido, increpó a sus verdugos y cayó dando “Vivas” a la República.

Pilar Barrena en una manifestación, cuñada de Velasco, a la que éste hizo fusilar en Córdoba, entre otros centenares de personas.   

 Con la Brigadilla de Velasco actuaba el banderillero “Virutas” (Manuel Martínez de Dios), que tenía su centro de actuación en el barrio de Santa Marina. Otro denunciante era el pintoresco “Orteguilla”, al igual que “El Mascota” (Francisco González Bueno), falangista, conductor del camión de la muerte y mano derecha de Velasco. Tenían como enlace a un tal “Ricardito”, que les llevaba las listas de supuestos rojos. Al anochecer salían a dar la ronda y a detener gente. Otro falangista y conductor del “camión fantasma” era “El Quico” (Nicolás González Torres), también chófer particular de Cascajo y de “Don Bruno”. Se reunían en el Bar de la Puerta Gallegos para organizar sus razzias y se sumaban en algazara a las comitivas de las ejecuciones.

        Otra de las intervenciones más nauseabundas de Velasco fue la que llevó al asesinato del poeta Josemaría Alvariño Navarro, de 25 años, con un hijo y otro en camino, joven promesa de la poesía cordobesa, autor del libro Canciones Morenas (1935). Al ilustrador del libro, Juan Aguayo García lo mataron primero (29-8-1936). Alvariño continuaba con su trabajo de linotipista en La voz de Córdoba (que pasó a llamarse Azul) y se encargaba de la página literaria. Al anterior director del periódico, Pablo Troyano Moraga, ex presidente de la Diputación, lo mataron el 27 de septiembre. La tragedia se cernía sobre Alvariño, hasta que un día, al entrar en un bar –me contó su  hermana María en 1983-, se topó con Velasco, el cual alzó la voz y soltó su sentencia habitual: “Delante de mí no se pasea ningún izquierdista por Córdoba”.

        Enseguida, el 26 de octubre, un grupo de falangistas se presentó en casa de sus padres, indagando sobre el domicilio del poeta, a donde llevaron a la madre encañonada, pero Alvariño estaba ausente. Al día siguiente, intuyendo que el ritual de la muerte había comenzado, se vistió su mejor traje y se marchó a la redacción del periódico. En efecto, aquella mañana fue detenido y llevado al Gobierno Civil. Su esposa Amparo y su hermana María corrieron a verlo y pasarle algo de comida. Intentaron rápidas gestiones en su favor. Acudieron a su padrino de boda, Francisco Valverde, y al derechista influyente Leoncio Torrellas. Todo fue inútil.

        En la madrugada del 28 de octubre fue sacado del Alcázar Viejo en un grupo de 18 víctimas. Alvariño iba maniatado con Raimundo Rubio, escribiente de los Cruz Conde. Lo acribillaron en el cementerio de San Rafael.

El poeta cordobés Josemaría Alvariño, asesinado por indicación de Luis Velasco, el 28-10-1936. El autor del retrato, Juan Aguayo, también fue fusilado. 

    Cuando su esposa Amparo acudió aquella mañana al Alcázar a llevarle el desayuno, se lo rechazaron diciendo: “Éste sí está, pero en el otro mundo”. Toda la familia quedó consternada y abrumada por el dolor. Su hermana María fue aquella mañana al cementerio, pero ya había sido enterrado en la fosa común. El sepulturero le confesó que había tenido que cubrir el cadáver con su propia chaqueta, porque le resultaba insufrible contemplar a aquel joven poeta en lo mejor de su vida, inmolado de manera tan inhumana. Por la tarde, el capellán del cementerio convocaba a los familiares, y éstos retiraban los objetos personales de las víctimas.

        De esta manera el infierno había caído sobre Córdoba, la tierra de Séneca, de Góngora, del Duque de Rivas… “Josemaría Alvariño murió en su Córdoba, como García Lorca en su Granada.”

        El falangista Luis Velasco, después de tanto protagonismo, entró en desgracia en el último año de la guerra. Decidió marcharse al frente de batalla en los últimos meses, pero por alguna indisciplina imprecisa fue sometido a Expediente de Información y fue ingresado en prisiones militares, durante casi un año, hasta que pasó por un consejo de guerra y salió absuelto.

        La Córdoba de la victoria ya no lo quería, por lo que Velasco tomó la decisión de emigrar, según sus propias palabras: “Salí de Córdoba por la persecución intencionada de Masones, Derechas y de ‘señores falangistas’ incorporados después del 18 de julio, y más tarde, por el Decreto de Unificación, los mismos que estoy enterado criticaron después a nuestro Régimen, y hoy están encuadrados en diferentes asociaciones políticas, pero no en la auténtica Falange” (Carta 29-11-1975). Velasco se dirigió a Madrid, donde tuvo relación con Fernández Cuesta, y después marchó a Barcelona, donde se colocó de viajante, y terminó como vigilante de un aparcamiento de coches. Los victimarios también tienen su página en la historia, igual que los griegos recogieron el nombre de Efialtes, por el desastre de Las Termópilas.

        (Gratitud histórica a Ana Velasco, la nieta, por su “desobediencia” crítica y por su generosidad, al facilitarnos documentos que hacen justicia a las víctimas. Y gracias a Ana Solana, directora del documental “Miradas desobedientes”, por poner la mirada de TVE en Córdoba).

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11/11/25

LA GRAN DESGRACIA DEL 9º BATALLÓN INTERNACIONAL EN 1936: 26 PRISIONEROS FUSILADOS EN CÓRDOBA CAPITAL

 

Otro crimen de guerra

FUSILAMIENTOS DE PRISIONEROS DEL 9º BATALLÓN INTERNACIONAL EN CÓRDOBA


                                             Por  FRANCISCO MORENO GÓMEZ

                                          (Publicado por CORDÓPOLIS, 10-11-2025)


Alguien ha puesto en duda que los sublevados nacionales cometieran crímenes de guerra, a partir del golpe militar de 1936. Pero los hechos descubiertos no dejan lugar a dudas. Ya en mi libro Brigadistas Internacionales por la España democrática (Utopía Libros, Córdoba, 2024, p. 33) aporté la evidencia de fusilamientos in situ contra combatientes internacionales del 9º Batallón prisioneros, entre Villa del Río y Bujalance. Últimamente hemos conseguido una nueva aportación contundente.

        Los crímenes de guerra fueron los primeros en tipificarse, ya desde el siglo XIX, dentro del ius in bello (Leyes de la guerra). Se trataba de la prohibición del fusilamiento o maltrato de prisioneros o heridos de guerra, o bombardeo de la población civil, hospitales o centros civiles. Una amplia casuística que comienza en la Convención de Ginebra de 1864, en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907, en el Convenio de Ginebra de 1923, en la Convención de Ginebra de 1929 (firmada por España en 1930) y en otras convenciones posteriores.

De izq. a dcha.: Alfred Saam-Campi, el autor y Josef Brágger, en el refugio antiaéreo de Villanueva de Córdoba. 

El pasado 14 de octubre (2025) recibí en Villanueva de Córdoba a dos profesores suizos: Josef Brágger, antiguo docente de historia y francés, y Alfred Saam-Campi, investigador y familiar de Attilio Campi, los cuales venían de recorrer los últimos lugares vitales de su tío Attilio, voluntario internacional italiano nacido en Suiza, perteneciente al 9º Batallón del la XIV Brigada Internacional, prisionero fusilado en Córdoba a finales de 1936, en un grupo de 26 víctimas. Por tanto, he aquí a los franquistas fusilando prisioneros. Iremos al detalle.

El desgraciado 9º Batallón fue el primero en llegar a Andalucía para contrarrestar la ofensiva franquista de la segunda mitad de diciembre de 1936, hacia Bujalance, Villa del Río, Lopera, Porcuna. El 21 de diciembre, el 9º Batallón ya estaba acuartelado en la base de Albacete. Y tras la arenga de André Marty y del comandante Vidal, subieron al tren a las 10’30 de la noche (Véase mi libro Brigadistas…, p. 27). El día 22, a mediodía, ya estaban en Andújar, al mando del capitán Stomatof, con los comisarios Petrovich y Locatelli. Primer problema: ninguno hablaba castellano. Sólo iba un práctico: el teniente Ortega.

Los profesores Josef Brágger, Alfred Saam y Francisco Moreno intercambiando documentación.

El coronel republicano Hernández Sarabia ordenó trasladarlos a Villa del Río aquella misma noche del día 22, por donde avanzaba el enemigo con 6 batallones. En la noche siguiente, la del día 23, entrarían en combate, sin saber cómo ni por dónde. Ni siquiera pudieron encontrar un mapa del lugar. Tomaron la carretera de Bujalance, luego se desviaron un poco a la izquierda y se fortificaron entre olivos, en una loma pedregosa (1ª Compañía Italiana, 2ª Compañía Balcánica, 3ª Compañía Polaca y la Compañía de Fusileros de Birot), llamada “Vértice de La Nava”.

             Escrito de “Don Bruno” para fusilar a los 26 internacionales.

El desastre se desarrolló en plena noche del día 24, cuando los requetés, entre otros, los atacaron por la espalda, porque ya habían rebasado a los republicanos por el lateral Sudeste. Los aviones franquistas ametrallan. Allí quedaron los primeros muertos y heridos internacionales.

 Durante la noche del día 24 de diciembre los del 9º Batallón emprendieron la retirada, en fila india, en absoluto silencio, para conseguir rebasar el flanco derecho de los franquistas, en dirección a Montoro. Durante el día 25, intentando cruzar el río Guadalquivir, se dieron cuenta de que faltaba casi la mitad del Batallón, entre muertos, heridos, desaparecidos, fusilados, y otros que habían sido aniquilados en una “casilla”, antes de llegar al Guadalquivir, mencionada por Aldo Morandi. Desaparecieron, muertos o fusilados, el teniente Bocchi y el comisario Locatelli. Stomatof desertó.

         Sabemos que in situ fue fusilado un grupo de 40 internacionales, después de un sumarísimo interrogatorio, según las memorias del jesuita P. Bernabé Copado, capellán de los requetés (Con la columna Redondo. Combates y conquistas, Sevilla, 1941, pp. 192-193). Después de describir que iban perfectamente equipados y de que “tenían cara de perfectos sinvergüenzas”, escribe el jesuita con regocijo: “Un capitán de Carabineros recibió su merecido: el cadáver, con otros cuarenta más, quedó entre aquellos olivares”.

        Los internacionales prisioneros fueron muchos más. Tanto Cascajo (Córdoba) como Queipo de Llano (Sevilla) pidieron una muestra de los capturados, para interrogarlos. Los que llegaron a Sevilla desaparecieron. A Córdoba condujeron el 27 de diciembre a un grupo de 26, entre ellos, a nuestro infortunado Attilio Campi. Y esta es la novedad de nuestro trabajo, a partir de la investigación  familiar y documental realizada por Alfred Saam-Campi.

 

El dorso del escrito anterior donde constan los 26 fusilados internacionales más 14 españoles, el 29-12-1936 en Córdoba.


Los 26 fueron fusilados en el cementerio de San Rafael el 29 de diciembre. El Registro Civil no inscribe a ninguno. Pero en el Libro del Cementerio se menciona ese día: 45 cadáveres desconocidos en el cementerio de San Rafael.

        El franquismo se hartó de fusilar prisioneros durante toda la guerra. Los ejemplos son innumerables. Valga sólo este: El general Varela fusiló a más de 4.000 prisioneros en su avance desde Toledo hasta Madrid en octubre de 1936. Por la carretera de Extremadura hacían lo mismo: cautivos fusilados en masa, hasta tal punto que el jesuita P. Huidobro, capellán de La Legión, llamó la atención por el hecho de fusilar presos “en masa”, sin selección alguna.

        Según el oficio de la Jefatura de Orden Público de Córdoba (Teniente Coronel Bruno Ibáñez), los prisioneros del 9º Batallón fusilados el 29 de diciembre (1936) en el cementerio de San Rafael fueron los siguientes:

 

Agolli, Urfi, 24 años, Albania,

Lamberts, Frits, 33, Alemania,

Luis, Baurlo, 44, Alemania,

Rotter, Wilhem, 31, Alemania,

Zugmantel, Jakob, 28, Alemania,

Rudof, Kmal, 33, Austria,

Güerinco, Pegoramo, 34, Bélgica,

Czidha, Pavel, 32, Checoslovaquia,

Ferdinand, March, 25, Checoslovaquia,

Frant, Masopurt, 36, Checoslovaquia,

Michas, Fedorka, 28, Checoslovaquia,

Frutto, Charles, 28, Francia,

Maurice, Roger, 23, Francia,

Bendinelli, Ottano, 32, Italia,

Campi, Attilio, 28, Italia,

Cesare, Amarino, 29, Italia,

Frat, Loron, 27, Italia,

Mainardi, Alfredo, 30, Italia,

Zanetta, Bernardoc, 31, Italia,

Francizek, Felip, 32, Polonia,

Karauluik, Jan, 27, Polonia,

Miodek, Jan, 43, Polonia,

Feldioseau, Nicolais, 25, Rumanía,

Sheoghe Burca, Constantin, 24, Rumanía,

Zugmantel, Jakob, 28, Suiza,

Ceko, Lucas, 26, Yugoslavia,

Popovich, Marco, 22, Yugoslavia.

        Junto con estos internacionales fusilaron a 14 españoles, cuyo origen desconocemos, no sabemos si de Córdoba capital o bien prisioneros de la zona de Montoro-Villa del Río. Este es el inapelable crimen de guerra, uno de tantos, de aquella aventura fascista, iniciada en julio de 1936, origen de una catástrofe humanitaria hiperbólica.

        Attilio Campi era el tercero de 8 hermanos, nacido y criado en Suiza, de padre italiano emigrado. Estaba casado y dejó 3 hijos. Su familia, como tantas otras en aquel contexto, mantuvo silencio durante décadas sobre su final, en parte por el dolor y en parte porque en Suiza la opinión sobre los "combatientes en España" era muy negativa, al considerarse que había ayudado a "la izquierda".   Esta familia no supo nada de Attilio durante toda la guerra civil española, hasta que el 24 de mayo de 1939, la viuda recibió una carta del Comité de Ayuda a los Antiguos Voluntarios Combatientes.- Sección Técnica Italiana, diciendo que Attilio Campi, “jefe de Sección de la 1ª Compañía Italiana, cayó el 24 de diciembre de 1936 en la acción de Montoro”. No era cierto. Nadie sabía que Attilio había sido hecho prisionero, junto con otros, y fueron fusilados seis días después, en el cementerio de San Rafael de Córdoba. Esa carta valoraba mucho a Attilio y a los internacionales como  grandes héroes antifascistas, caídos por la libertad del género humano.




Attilio Campi en su Suiza natal durante su primera juventud.

 

        Attilio Campi ha tenido la fortuna de contar hoy con una sobrina, hija de su hermano Guerino Campi, Claudia Campi, y de su marido Alfred Saam, que han desplegado enorme esfuerzo para rescatar del olvido al tío Attilio, acumulando gran número de documentos.

        Attilio nació en Suiza en 1908, hijo de padre italiano emigrante. Creció en una familia obrera numerosa, de orientación socialdemócrata. Vivió los agitados años de 1920 y 1930, con un pujante movimiento obrero suizo y con el gran peligro de los fascismos europeos, por lo que mucha gente de izquierdas tuvo que huir de Italia, de Austria o de Alemania.


La familia de Attilio Campi, los padres y ocho hermanos. Attilio está de pie, el primero por la izquierda.

        Attilio, de profesión albañil, probablemente se politizó durante su servicio militar en Libia. En 1936 entró en contacto en París con las redes de voluntarios para luchar en España. Con su amigo y paisano Arturo Mignani y otros compañeros llegaron a España, vía París-Marsella-Figueras-Barcelona y Base General de los Internacionales en Albacete. Allí se enroló en la XIV BI, 1ª Compañía Italiana, 9º Batallón, de heroica e infortunada memoria, para ser víctima, fusilado, por las balas franquistas a finales de diciembre de 1936.

Attilio Campi, como sus compañeros internacionales, renunció a su vida personal, para ayudar a los demócratas españoles, los republicanos, contra la peste de los fascismos de la época. Generosidad política. Compromiso proletario. Gracias infinitas a su sobrina Claudia Campi y a su marido Alfred Saam-Campi, que han rescatado la lucha de Attilio del anonimato, y este historiador la ha recogido para fijar sus nombres en el frontispicio de los siglos.