29/9/26

TESTIMONIO INÉDITO DE PABLO CACHINERO (CARDEÑA, CÓRDOBA) SOBRE EL TERROR FRANQUISTA DE 1948

 

TESTIMONIO INÉDITO SOBRE EL TERROR FRANQUISTA DE 1948 EN EL NORTE DE CÓRDOBA, REDACTADO POR PABLO CACHINERO, HERMANO DEL MAQUIS “OBISPO DE CARDEÑA” (Córdoba).

 

A propósito de unas precisiones sobre mi libro CORDOBA EN LA POSGUERRA (1987)

 

                    Del archivo particular de Francisco Moreno Gómez

 

(Carta de Pablo Cachinero, 9 de abril de 1988, desde Ciudad Rodrigo, Salamanca).

 

        “Estimado amigo Francisco Moreno: Mucha salud le deseo de unión de toda su familia. Yo, bien; igual toda mi familia.

        Amigo Francisco: con mucha alegría he recibido la suya, y en ella los pliegos que me manda usted de lo que se ha publicado en la (Revista de) Feria de Villanueva de Córdoba y que, al enterarse en Cardeña, también lo han publicado en los programas de la Feria.

        Pues se enteró una hermana que tengo en el pueblo y me lo dijo, y me mandaron un programa de Villanueva, y le hizo mi hermana unas fotocopias, y nos mandó una a cada hermano. Y como ahora me ha mandado usted estas dos, más las fotocopias que le hemos sacado a las otras, puedo decirle que hemos llenado de papeles de estos a toda la familia, y hasta muchos amigos que nos las han pedido. Así es que no puede usted hacerse una idea de lo mucho que nos hemos alegrado toda la familia y lo mucho que le hemos agradecido el acuerdo que ha tenido usted de tomar esa determinación”.

 

(Carta de 12 de diciembre de 1988, con un Informe de 6 cuartillas manuscritas por ambas caras).

 

Estimado amigo Francisco Moreno: Tu libro titulado “La guerra civil en Córdoba, 1936-1939” y “Córdoba en la posguerra, la represión y la guerrilla” los leí muy ilusionado, tanto porque conocía a muchos de los que están en el libro, viendo lugares donde ocurrieron los hechos, y al mismo tiempo, porque mi sangre nació así.

        Pues cuando los leí la vez primera, aparte de gustarme mucho su leyenda, los leí sin observar algunos detalles que en la segunda vuelta de leyenda he observado. Y no son esos detalles por culpa del escritor; ha sido culpa del que te ha dado los detalles, no los ha sabido con seguridad como han sido ni como las cosas han pasado en Cardeña. Te los voy a dar, por si te son de utilidad para tu nueva edición, y te los voy a mandar lo más claro posible, para que lo entiendas, aunque me cueste un poco más el escribirlo, y a ti el leerlo.

Cuando termine de escribir esta carta, me acordaré de más cosas, y son cosas para ver lo que hemos sido, pero no serán cosas para publicarlas: es que nosotros estamos orgullosos de ser de esta manera, y en aquellos no lo podíamos decir. Tampoco lo fingíamos con otros pensamientos.       

        Ahí te mando los datos de tres casos que se dieron en Cardeña, que aunque vienen en tu libro, en su leyenda dice no conocer algunos detalles, los he escrito como pasaron y te los mando por si te son útiles en otra edición que hagas.

        Te costará trabajo descifrar algunas o muchas palabras, pero tenía el pulso cansado de tanto escribir, y además que mejor no sé hacerlo. El caso de los de Obejo, el padre, la madre y el hijo, ocurrió a 5 kilómetros de Cardeña, en un cortijo que le llaman Los Carrizuelos.

        Me puse en contacto con la familia de Nemesio Pozuelo: me mandó la dirección de Líster y le he escrito. Ahora estoy a ver si consigo encontrar en el archivo Salamanca el nombre de Nemesio, para mandarlo a su familia, a ver si pueden cobrar, ya que fue combatiente de la zona republicana durante la guerra.

        Muchos besos a tus hijos; da mis recuerdos a tu esposa, y tú recibe un abrazo de tu amigo,

                        Pablo Cachinero.             25/12/1988.

                                                Felices Fiestas.”

 

INFORME DE 6 CUARTILLAS MANUSCRITAS.

 

        Si tuviéramos donde pudiéramos hablar usted y yo, las muchas cosas que le podría yo contar, pues “Los Obispos”, “Los Cerrinegros” y “Los Feos” lo llevamos a gala decir que fuimos los más perseguidos de Cardeña, los más de apellido Cachinero, le diré que en Cardeña hubo un señor que hasta fue a Montoro, al notario, a cambiarse el apellido… Lo que sí sabemos es que le dijo, cuando le preguntaron las causas de cambiarse el apellido, dijo que le horrorizaba llevar el apellido de “Los Obispos”, “Los Cerrinegros” y “Los Feos”, y ocurrió que el que estaba en la oficina de la notaría estaba casado con una prima nuestra, que era hermana de un tal “Feo”, que ha puesto usted en el libro “La represión y la guerrilla, 1939-1950”, en la página 431, que no figura nada más que el apodo, pero se llamaba Juan Cachinero Díaz, que era de la quinta del 32, que fue lo mismo que mis hermanos y mis primos, y que todos nosotros. Lo que pasa es que ese, cuando terminó la guerra, marchó al exilio junto con Nemesio Pozuelo Expósito, y después, en el año 1945 ó 46, pasó junto con otros muchos por el Valle de Arán, y se infiltró por España con el nombre cambiado.

        En Córdoba lo vio uno de Cardeña, llamado Rafael Iglesias, alias “El Aceitero”, y le habló por su nombre, pero él lo desmintió diciendo que no conocía a Juan Cachinero “El Feo”, y que se llamaba Antonio no sé qué más, pero como dicho Rafael lo conocía, lo siguió y cuando vio dónde se metió, lo denunció, y fue la policía a detenerlo, pero cuando enseñó la documentación, lo dejaron, y entonces él marchó a Sevilla una temporada y volvió simulando ser un representante de embutidos, pero fue de nuevo detenido.

        Tenía una cicatriz en la cara de una herida de la guerra y, al preguntarle, dijo que le había dado una mula una coz, cuando tenía tres años, y como aquellos datos de la cicatriz no constaban en Cardeña, lo soltaron de nuevo. Pero al poco tiempo lo detuvieron de nuevo, y entonces ya se declaró el que era, el que buscaban. Lo llevaron al Penal de Burdos, y en 1962 salió libre, que fuimos a verlo a Marmolejo. Así que mire usted ese “Feo” qué figura.

        Como verá usted hemos sido una familia honrada. Es que, además de que éramos comunistas, también éramos tercos. Si teníamos que dar el nombre en algún sitio, lo dábamos normal, pero el apellido lo dábamos con retintín. Cuando hubo las primeras elecciones de referéndum (¿1947?), el votar era jugarse el pellejo, porque estaban los municipales en las urnas, poniendo en un papel en blanco lo que había que votar, lógicamente el “Sí”. Pues estas dos familias se valieron de mañas para votar todos al “No”… pero después tocó la venganza, quitándoles a algunos el subsidio, que era lo que en aquella fecha existía.

        Mira en la página 522 del libro “Córdoba en la posguerra, 1939-1950”, donde aparece un tal Antonio Vioque Alcalde “Rafael”, de Dos Torres, muerto en término de Villanueva de Córdoba, y Antonio Capitán Pizarro “Mascarita”, de Azuel, muerto en el mismo término. Pues tengo que decirte que esos apodos que traen eran apodos que a todos los de la sierra se los ponía la Guardia Civil. Y segundo, es que no fueron asesinados en Villanueva, sino en el término de Cardeña, en una finca llamada “La era de los cardos”, a unos siete kilómetros de Cardeña, en unas zahúrdas o caserones hundidos de dicha finca, en un cerro en las cercanías del cortijo, por guardias civiles de Cardeña, mandados por el entonces Teniente Hurtado, que a los cuatro meses, justo el 3 de septiembre de 1947, vino con las estrellas de capitán, seguramente producto de la muerte de aquellos dos pobres hombres, a los que mataron el 12 de abril de 1947.

         Estos dos hombres: como en aquella época se inventaba la Guardia Civil razones por su cuenta, cuando querían matar a alguien para ganar honores a causa del pobre que cogían, fuera político o no, como fue el caso de estos dos hombres. Antonio Vioque Alcalde, de Dos Torres, estaba casado en Cardeña, y su suegro, llamado Bartolomé Moreno, tenía una propiedad a unos siete kilómetros de Cardeña, llamada El Endrinal, y allí estaba Vioque trabajando.

        Se iba al trabajo cuando no era de día y volvía de noche. Un día se fue y no volvió más. Cuando la mujer vio que no venía ni estaba en el cortijo donde trabajaba ni había ido a trabajar el día en que salió de su casa, dio cuenta en el cuartel de Cardeña, y la Guardia Civil no dio importancia a tal desaparición, sabiendo nosotros que cuando alguien se iba a la sierra mondaban a palos a la familia.

        A los pocos días de haberse ‘perdido’ estaba un día su mujer lavando en un huerto que tenía en las afueras del pueblo, y se le presentó un hombre simulando que era de los de la sierra y le dio una carta supuestamente escrita por su marido, pidiéndole que le mandara un poco de comer y unas alpargatas, y a dónde tenía que mandarlos. Entonces fue la mujer acompañada de un hermano de ella, llamado Juan, a llevar la carta al cuartel, y como no dieron importancia los guardias a dicha carta, fue cuando tanto ella como toda la opinión pública y todo el vecindario nos hicimos a la idea de que todo había sido obra de la Guardia Civil, para simular que el marido se había ido a la sierra.

        Luego, en aquella misma dirección donde él iba a trabajar, por la carretera de Cardeña a Villanueva, a dos kilómetros escasos de Cardeña, en un lugar denominado Los dos Puentes, en una curva de la carretera, aparecieron las huellas de una moto con sidecar que usaba el teniente Hurtado para el ayudante o asistente.

        Lo cierto es que a los 20 ó 25 días de la desaparición de Vioque y de Capitán una triste mañana del mes de abril de 1947, en las cercanías del cortijo denominado La Era de los Cardos, a unos 7 kilómetros de Cardeña, al despuntar el sol, se oyó un tiroteo por la Guardia Civil de Cardeña, y aparecieron muertos los ya referidos y, cuando los trajeron a Cardeña al cementerio, según un familiar, venían secos como un palo, de haberlos tenido ocultos en algún lugar sin comer, esperando que pasaran los días, para luego justificar que se habían ido a la sierra, para coger el teniente la estrella de capitán, con una prima de cuatro perras. Esto es lo que puedo contarte del de Cardeña, y es de suponer que el de Azuel fue igual.

        En el mismo libro (“Córdoba en la posguerra…”), pág. 498, aparece Pedro Rojas Serrano, de Montoro, jornalero, muerto el 7 de julio de 1948, en el “Camino de la Onza”. Pues bien, te voy a contar los detalles de esta otra desgracia. Este hombre no fue nunca político; su profesión fue la de cabrero. Era de Montoro, pero se había casado en Cardeña con Catalina López, hija de José López, aunque siempre fue conocido como “José Rivera”. Este Pedro Rojas, aunque era cabrero, eran tiempos en los que no había trabajo y se pegaba a sus cuñados José y Francisco, hermanos de su mujer, que vivían de la agricultura en tierras que no eran suyas, pero trabajaban a un tanto por ciento.

        Como el trabajo era en el campo noche y día, era interrogado a menudo por la Guardia Civil, aunque nunca llegaron a saber nada sobre un posible contacto con los de la sierra, pero los guardias siempre desconfiaron de él, hasta que un día ocurrió la tragedia.

        En las proximidades de Cardeña, a unos 6 ó 7 kilómetros, por el camino antiguo de Montoro, hay un cortijo que se llama “El cortijo de Romualdo”, y en él había un arrendatario que se llamaba Miguel Redondo, conocido como “Miguel el de Anselmo”. Era un hombre que tiraba a derechas, pero era buena persona. Un día, al ponerse el sol, llegaron dos individuos fingiendo ser de la sierra y le pidieron el dinero de unos corderos que había vendido unos días antes. Estos individuos, aunque simulaban ser de la sierra, lo hacían muy mal, pues no llevaban más armamento que la pistola, y uno de ellos se acercó a él amenazándole y Miguel se lanzó sobre él y le quitó la pistola. El individuo, viéndose desarmado, empezó a llamar al compañero, conocido como “El Echevarría”, mientras Miguel Redondo le disparó un tiro sin alcanzarlo.

        Cuando los que huían vieron que había disparado los dos tiros que llevaba la pistola, se volvieron y lo mataron. Y todos estos datos que te estoy dando de lo que allí pasó fue sabido por un chaval que tenían en el cortijo, que no sé su nombre, pero sí que era conocido por el sobrenombre de de “Prim”.

        Este Pedro Rojas estaba con un cuñado ayudándole en las faenas de recolección sacando una parva de trigo, en una finca llamada “La Onza”, en los límites de Cardeña con Montoro, a unos 15 kilómetros de Cardeña.

        A los tres o cuatro días de haber matado los supuestos de la sierra a Miguel Redondo “El de Anselmo”, llegaron una tarde los guardias de Cardeña mandados entonces por el Teniente Juan Melero. Dichos guardias llegaron a las proximidades de la era donde estaban Pedro Rojas y sus cuñados José y Francisco (“Los Riveras”), preguntaron por Pedro Rojas y le preguntaron si conocía bien toda la zona de “Valcerraíllo”, a lo que les contestó que sí, y le respondieron que hiciera el favor de acompañarlos a un lugar que ellos desconocían. Pedro accedió y, al irse, le dijeron sus cuñados que se llevara la chaqueta, a lo que los guardias dijeron que no era necesario, porque volverían dentro de una hora.

Esto sería sobre las cinco de la tarde, y cuando supieron de él fue cuando al día siguiente lo llevaron muerto a Cardeña. Lo habían matado debajo de un quejigo en la madrugada del 7 de julio de 1948, en el Camino de la Onza. Fueron a un cortijo cercano, llamado La Casa del Judío a pedir una manta vieja, para taparlo, dejando viuda y cuatro hijos, el mayor de 18 años y tres menores, de 15 para abajo. Y estos son los datos de Pedro  Rojas Serrano, al que el célebre teniente Juan Melero lo mandó matar por el placer de matar.

        Se me olvidaba decirte que el lugar donde estaba trabajando Pedro Rojas era en la finca de La Onza, pero en el lugar conocido como La Colonia de la Onza, lindando con Las Aguilillas.

        En el mismo libro y en la pág. 498 aparece el caso de Sixto Fernández en la finca de “Cebrián”, muerto por los de la sierra, y que al día siguiente mataron los guardias a un matrimonio y a su hijo, sin poder tú recabar más datos. Pues esos datos te los voy a dar yo. Por lo menos de Sixto Fernández, aunque no pueda darte muchos del matrimonio ni de su hijo, ya que como no eran de Cardeña, no eran conocidos allí por nadie. Pero supimos lo que los llevó al matadero.

        Ese hombre llamado Sixto Fernández era una familia que entre hermanos y cuñados formaban tres familias que trabajaban en común y todo lo que tenían era de las tres familias, tanto en ganancias como en pérdidas. Eran conocidos en Cardeña como “Los Villaraltos”, ya que eran de ese pueblo, aunque residían en Cardeña. También eran conocidos por “Los de los Gamos”, por haber trabajado en Jaén en la finca “Cerro de los Gamos”. Bien, pues estas familias de la finca de “Cebrián”, a unos 11 kilómetros de Cardeña, propiedad de Leoncio Rojas Zamora, de Villanueva de Córdoba, habilitaron unas chozas que ellos habían construido.

Un día, 12 de septiembre de 1948, antes de anochecer, pero con el sol ya bien puesto, se presentaron tres hombres simulando ser los de la sierra, pero que no eran, porque aquel truco lo conocíamos todos, porque cuando llegaban los de la sierra eran conocidos, pero cuando llegaban los guardias disfrazados, no eran capaces de simular, tanto por las ropas como por las armas, las palabras que decían, por los gestos que hacían y por las manos. Lo que pasaba es que cuando querían matar a alguien, hacían cualquier cosa para simular una muerte, fuera quien fuera.

Lo cierto es que aquel anochecer del 12 de septiembre llegaron estos tres desconocidos a aquel lugar como podían haber llegado a otro cualquiera, porque estas tres familias no eran políticos, ni de derechas ni de izquierdas. Eran todos inofensivos bajo todos los conceptos, pero como estos desconocidos lo que querían era matar a uno, para el día siguiente volver a matar a quien se les pusiera por delante, para coger un ascenso y una medalla por el servicio prestado, lo cierto es que lo mataron aquellos simuladores, y al día siguiente, 13, fuimos todos al pueblo al entierro.

Este matrimonio al que mataron después era una familia que vivía del campo, un poco más allá de “Cebrián” y la Loma de la Higuera, y esta familia habían ido algunas veces arriba, a amasar pan, porque donde ellos estaban no había horno. Cuando por la tarde tuvieron el pan cocido, se fueron para su rancho. Por no llevar el pan caliente recién cocido del horno, se lo dejaron allí, para ir el día siguiente. Cuando iban para su rancho se encontraron con el teniente Melero y tres guardias más, y se los llevaron.

El hijo estaba en el rancho y, viendo que los padres tardaban, salió en su busca. Al encontrarse que los llevaban los guardias, entrecogieron también al hijo y arrearon con los tres, el padre, la madre y el hijo. Al amanecer, llegaron con ellos a un cortijo que hay a 5 kilómetros de Cardeña, y le dijeron al guarda (que se llama Manuel Moreno Vizcarro) que les desalojara una habitación con llave, para cerrar a aquellas personas. El guarda desalojó una habitación y los encerraron. Allí quedaron los guardias, y el teniente se fue con el caballo y un asistente a Cardeña.

Por la tarde se presentó el teniente de nuevo, acompañado de un médico del pueblo, que era muy amigo suyo, que se llamaba D. Martín Leal Canales. Durante el día, este guarda citado, con permiso de los guardias, les metió algo de comer a los presos, pero no comieron. El padre y el hijo no hablaron, pero la mujer, según me contó el guarda, su boca era un hacha, de las cosas que les dijo a los guardias.

Lo cierto es que allí estuvieron ellos presos desde el amanecer, los guardias pasaron allí el día, y el teniente y el médico estuvieron allí toda la tarde, celebrando la tragedia que se iba a desencadenar en aquel cortijo llamado “Los Carrizuelos”-

Cuando era ya bien de noche, les dijo el teniente a los guardias, delante del guarda y de su familia, que llevaran a los presos a Cardeña. Salieron los guardias con ellos, y a unos 200 metros del cortijo, en la esquina de la cerca, que pasa un camino que va para el Coto de Quirós, los mataron. Los tres murieron abrazados. Después llegaron los guardias al teniente diciéndole que los presos intentaron escapar y tuvieron que hacer fuego, a lo que el teniente preguntó si se habían escapado. Al decir los guardias que no, los felicitó y les mandó que se fuesen a descansar (Todo esto se lo digo tan claro, porque me lo contó el guarda).

 

            (Fin del Informe de 6 cuartillas, redactado por Pablo Cachinero, hermano del maquis “Obispo de Cardeña”, en el otoño de 1988, en Ciudad Rodrigo, Salamanca).

 

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