13/3/23

NUEVA BIOGRAFÍA DEL POETA JUAN UGART

 

Novedades sobre el poeta cordobés JUAN UGART.

De las flores de abril a la batalla del Ebro

 

                                                             Por Francisco Moreno Gómez

 

En 1913 nació en Villanueva un poeta del que nada se ha escrito en su pueblo, que sepamos. Era de la familia de los Ugart, sastres. Vino al mundo el 18 de octubre de 1913, en la calle Pozoblanco (no consta número), hijo de Isidoro Ugart Romero (de Villanueva, jornalero) y de Elvira Fernández Sánchez (de Posadas, maestra). Esta familia procedía de Posadas y debió de aterrizar en Villanueva a finales del siglo XIX. El abuelo del poeta, Juan Ugart Sánchez, se casó ya en Villanueva con Catalina Romero Gutiérrez. En cuanto a Isidoro Ugart, el padre, tenía otros tres hermanos: José, Dolores y Rafael. De éstos, el tío José Ugart Romero, casado con María Higuera Buenestado, fue el más prolífico. Tuvieron ocho hijos, primos hermanos del poeta: Rafael Ugart Higuera, Isidoro, Luna, José, Catalina, Dolores, Juan José y Elías. De ellos, el más conocido en Villanueva ha sido Rafael Ugart, por su oficio de sastre.

        Una descendiente de la familia (Asunción Varo) me ha ofrecido su colaboración genealógica. Esta familia de los Ugart vino a España con motivo de los programas de colonización que organizó Carlos III a mediados del siglo XVIII para repoblar sobre todo Sierra Morena. Se puso en marcha en 1767 un grupo de alemanes, al que se sumó, al pasar por Lyon (Francia) un tal Jean Ugart, casado con la italiana, de origen judío, Anna Giuseppa Terni, de Arezzo (la Toscana), donde habían nacido sus dos hijos: Rosa Domenica y Pascuale Ugart Terni. Prosiguieron el viaje por Francia hasta el puerto de Sète, donde embarcaron.

        Llegaron a Almería en enero de 1768, y de ahí salieron hasta Santa Elena (Jaén), no sabemos por cuánto tiempo, porque más tarde se ubicaron en Fuente Palmera (Córdoba), donde recibieron las tierras como colonos. Siendo Anna Giuseppa (Ana Josefa) de avanzada edad, emigró junto con su hijo Pascual a Posadas. Éste se casó con Josefa Rodríguez, de Écija. De este matrimonio nació Juan Ugart Rodríguez, casado a su vez con Antonia Sánchez Navarro.

        El hijo de éstos fue Juan Ugart Sánchez, nacido en Posadas, que aparece casado ya en Villanueva con Catalina Romero Gutiérrez, apellidos netamente jarotes. Estamos a finales del siglo XIX. Y eran ya los abuelos paternos del poeta, con lo cual estamos en terreno conocido. Los abuelos maternos eran: Rafael Fernández (de Écija) y Elena Sánchez (de Posadas). Uno de los hijos es Isidoro Ugart Romero, que tenía entonces 28 años, cuando nació nuestro poeta.

Juan Ugart en los días de la República, en Córdoba, con unos 20 años.   


     Sigamos ya, pues, las primeras andanzas del poeta Juan Ugart Fernández en Villanueva. De su escuela primaria tenemos información, a través de Francisco Rojas. Su madre, doña Elvira Fernández era maestra y tuvo escuela particular muy concurrida en su domicilio de la calle Alegría, núm. 2, en torno a los años 20. Culturalmente, debió de influir mucho en su hijo, que además tenía otra hermana: Elena. Alguien ha escrito que tendría otro hermano, Sinforiano, lo cual no es cierto.

        Del padre, Isidoro, sólo sabemos que era “jornalero”. Se me ocurre una posibilidad. El poeta dedica su libro Los presentes de Abril (1935) al gran terrateniente de Villanueva Dionisio Pedraza de la Cámara. Me extraña el porqué de esta dedicatoria. Pudiera ser que Isidoro Ugart fuera empleado de este terrateniente. Desde luego, el poeta tenía buena relación con algunos grandes terratenientes de Villanueva, como Antonio Torrico, al que dedicó su libro en “Córdoba, 5 de junio de 1935".

Título del primer y único libro de Juan Ugart  "Los presentes de Abril" (1935). Ejemplar de familia Arellano.


        Los posibles económicos de la familia Ugart debieron de ser modestos, pues vivían de alquiler. Primero, en la calle Pozoblanco, después en la calle Alegría, 2, y también en la calle Navas, 1. Estudió el bachillerato elemental, por libre, en el Instituto de Córdoba, entre 1924 y 1927. Durante el curso, algún buen maestro lo preparaba en Villanueva. Entonces vivían en la calle Alegría, donde su madre doña Elvira tenía escuela particular, en torno a los años 20’s.

        En el verano de 1924 solicitó al Instituto la matrícula de Ingreso, que aprobó el 15-9-1924, con 11 años (En la consulta de estos expedientes he contado con la gran ayuda de Martín López Vacas). Y a la vez aprobó también algunas asignaturas de 1º en ese septiembre. Curiosamente, las matrículas y exámenes los solía hacer en septiembre. En el curso 1925-1926 realiza la matrícula y exámenes en septiembre. Por otro lado va haciendo matrículas y exámenes sueltos. Con 15 años, en el curso 1926-1927, acabó el bachillerato elemental, y se le expidió el título el 30-9-1927. Lo recogió un año después en el Ayuntamiento, por la dificultad de trasladarse a Córdoba.

    Siendo adolescente Juan Ugart sufrió la muerte de su padre, Isidoro Ugart Romero, el 5 de marzo de 1927, a los 42 años, por "nefritis crónica", cuando vivían en la calle Alegría, 2. A pesar de la grave situación, Juan Ugart no abandonó sus estudios.    

        En el horizonte estaba la Escuela Normal de Magisterio de Córdoba, cuyo expediente se inicia en septiembre de 1927, pero no es hasta 1929 en que comienza a matricularse, con un total de 12 asignaturas, de 1º y 2º cursos, de los que le convalidan la mitad, por haberlas aprobado en el Instituto. En el 3º Curso (1929-1930) se matricula de las 8 asignaturas establecidas, y todavía consta como domicilio la calle Navas, 1. En cambio, en el 4º y último curso (1930-1931) ya consta viviendo en la calle San Basilio, 4, de Córdoba. Suponemos que antes habría vivido en pensiones de Córdoba, porque el Magisterio lo cursó con carácter oficial y presencial.

        El título de Juan Ugart como maestro ya consta solicitado y abonado con fecha 26-8-1931, año histórico por ser el primero de la República. Lo suponemos ejerciendo como maestro nacional, tras superar las oposiciones, en el Curso 1931-1932, con domicilio entonces en Paseo de la Rivera, 27. Su destino fue la Escuela Unitaria de Niños núm. 3. No sabemos en qué fecha su madre doña Elvira se trasladó con él a Córdoba, o si lo hizo antes de la guerra. En la posguerra vivía ella en la calle Claudio Marcelo, 14, 3º.

        Con estos datos acabamos la vida académica de Juan Ugart. Ahora nos debemos adentrar en su vida literaria, social y política, en aquel período republicano de Córdoba, con tantas esperanzas de modernización y con tantos peligros. Antes de otra cosa, hemos de señalar que Juan Ugart inició su vida de Letras en Villanueva, como jefe de redacción del semanario Villanueva, que dirigió Juan Ocaña Torrejón en los albores de los años 30, y que se prolongó hasta mediados de 1935. La primera reseña sobre su libro, primero y único, Los presentes de Abril, se publicó precisamente en el semanario Villanueva (14-1-1935), lo cual quiere decir que el libro es de la primera semana de 1935, y debió de entregarse a la imprenta a finales de 1934. Con este dato se acaban las veleidades en torno a la fecha de aparición del libro.

Por otra parte, en el semanario “Villanueva” que dirigía don Juan Ocaña Torrejón en los años 30’s, hemos hallado datos, con ayuda de Martín López, sobre los inicios políticos de Juan Ugart en 1931, adherido o muy próximo al Partido Republicano Radical (lerrouxista) de Villanueva.

El Centro Republicano organizó un ciclo de conferencias en el mes de julio de 1931. Reproduzco la noticia: “La noche del pasado sábado (19 de julio), según anunciamos en nuestro número anterior, tuvo lugar la segunda conferencia del ciclo organizado por esta entidad.

Ocuparon la tribuna don Juan Ugart  Fernández, que habló sobre “Trazos de juventud”, y don Bartolomé Casalilla Illescas desarrollando el tema “La juventud en el momento actual”. La próxima velada: don Francisco Fernández García y el doctor Luna Gañán” (“Villanueva”, 20-7-1931).

En el mes de agosto de 1931 encontramos a Juan Ugart actuante en un mítin político, nada menos, con los lerrouxistas destacados de Villanueva y de la capital.

En el Teatro Variedades tuvo lugar a las 5 de la tarde de ayer (30-8-1931), un acto de afirmación republicana, organizado por el Centro de ésta.

Fue presidido por don Alejandro Yun Torralbo, e hicieron uso de la palabra, en primer lugar don Juan Ugart Fernández, el cual cantó a la juventud y la alentó a intervenir de manera muy activa en el campo político.

Después hablaron don José Luna Gañán y don Eloy Vaquero, haciendo ambos un estudio del momento político recomendando que, para el bien del país, es preciso alejar pasiones y huir de las impaciencias.

Pueden compendiarse ambos discursos en las últimas palabras del señor Vaquero: “Ser revolucionario en estos tiempos es ser gubernamental”.

De todo lo cual se deduce que Juan Ugart estaba interesado por la política desde sus 18 años, en este caso en partidos no socialistas. En Villanueva, el Partido Radical era de gente filoconservadora: el Dr. Luna, don Alejandro Yun, José Jurado “Palmera” (que fue alcalde en 1935)… y en la capital, la gran figura fue Eloy Vaquero.

Además, estas notas nos confirman que Juan Ugart estaba muy vinculado a Villanueva y a su semanario “Villanueva”, del que era redactor jefe. No ha de sorprender que en septiembre (“Villanueva”, 14-9-1931), encontramos otra colaboración de Ugart, en prosa, bajo el título “En las entrañas sutiles del discurso”, donde expone valores y defectos del buen discurso.

       Lamentablemente, el futuro del poeta Ugart estaba destinado a la tragedia, sin que él fuera consciente de ello.

Salpicado por la España polarizada de entonces, ingresó en Falange en 1935. Y el golpe militar de 1936 lo llevó a la muerte en el frente de la batalla del Ebro, el 4 de septiembre de 1938, cerca de Gandesa. Una carrera de joven maestro y un poeta prometedor, como explicaremos, quedaron truncados injustamente por las consecuencias de un golpe militar.

 

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La vocación poética de Juan Ugart deducimos que surgió al establecerse en Córdoba en 1929, durante sus estudios de Magisterio. Y debieron de influirle, por ejemplo, el catedrático de Literatura Augusto Moya de Mena, o el profesor de Dibujo el célebre escultor Enrique Moreno “El Fenómeno”. Ambos, entre otros aparecen luego en la fundación de la revista Ardor, en marzo de 1936. Sin embargo, Ugart ya traía una pre-vocación desde Villanueva de Córdoba, donde estudió la Primaria y el Bachillerato elemental como alumno libre. Ese su primer y único libro Los presentes de Abril (de los primeros días de 1935), donde los protagonistas son: las flores, el paisaje y la primavera, los recogió su retina, sin duda, en la dehesa florida de Villanueva, porque en Córdoba no se vive esa explosión floral rural, a no ser en las macetas y en los patios. Apenas se captan flores de campo cordobés, a no ser parcelas de olivos, de algodón o girasoles. El abril de los campos de Villanueva florece en su obra poética.

        También en Villanueva tomó afición por las letras, al formar parte de la redacción del semanario Villanueva, que dirigía Ocaña Torrejón desde finales de 1929. Durante el primer bienio de la República, hasta 1933, apenas tenemos noticias de Juan Ugart, a no ser sus viajes a Villanueva, sobre todo en verano. Lo suponemos entretenido en las oposiciones de maestro, en veladas políticas y literarias en Villanueva, y en  la toma de posesión en la Escuela Unitaria de Niños núm. 3. La vivienda la trasladó de la calle San Basilio, 4, al Paseo de la Ribera, 27.


Dedicatoria de puño y letra de Juan Ugart para el terrateniente de Villanueva Antonio Torrico, en "Córdoba 5 junio 35", dirigente entonces de Falange (Amabilidad de Antonio Merino).


        Durante 1934 fue dando forma a su libro, que en las últimas semanas del mismo año entregó a la Imprenta “La Ideal”, porque en la primera semana de 1935 anuncia el semanario Villanueva: “En breve saldrá el libro Los presentes de Abril, de Juan Ugart Fernández” (7-1-1935). Y una semana después ya se publica aquí la primera reseña, firmada por el poeta venezolano afincado en Córdoba R. Olivares Figueroa (Villanueva, 14-1-1935). Con esto quedan zanjadas todas las veleidades que se han escrito en torno a la fecha de salida del libro. Por el mismo semanario sabemos que El Liberal de Sevilla publicó reseñas en el mes de enero de 1935.

        Y otra gran noticia nos da el semanario Villanueva: Que “la Agrupación Artística Talía, de la capital, ha empezado a ensayar, para poner en escena, la obra Inmensidad (Tragedia de héroes), sin actos, en prosa y verso, original de nuestro querido amigo y colaborador don Juan Ugart Fernández (28-1-1935), algo de lo que no teníamos la menor noticia.

        La intensa vida literaria de nuestro poeta tiene lugar en 1935-1936. Publica textos o poemas en revistas como Villanueva. También, en Hojas de poesía, de Sevilla, en el núm. 2 (y último), de abril de 1935. En la Revista Nueva Poesía, de Sevilla, ya en 1936 (núm. 4). Sobre esta trayectoria literaria de Juan Ugart los que más atención le han prestado han sido: Antonio Varo Baena (“El malogrado poeta Juan Ugart”, BRAC,166; y “Aportaciones inéditas a la biografía del poeta Juan Ugart”, BRAC, 167), Antonio Ramos Espejo, “Enigmas de Juan Bernier”, BRAC, 165) y Blas Sánchez Dueñas (Introducción a Los presentes de abril, reimpresión de la Diputación de Córdoba, 2006).

        Hacia el verano de 1934, según Bernier, después de la gira de Lorca por Argentina, vio entonces a Federico en Córdoba en compañía del escultor Enrique Moreno. Según Bernier, los poetas Ugart y Josemaría Alvariño se conocían, pero tenían amistades diferentes (Ramos, 295). Alvariño coordinaba en La Voz una sección literaria, “Los poetas”, que salía de su propia linotipia los domingos, desde 1935 hasta julio de 1936.

El encuentro de Ugart con Lorca, fue hacia 1935 o primavera de 1936 (Ramos, 300). Dice Bernier que le avisó el culto maestro Juan García Lara. “Fuimos a verlo: Juan Ugart y José María de Ciria López, al Hotel Regina. Este hotel tenía un jardín. La parte de la esquina era el Hotel. Allí estaba Federico acompañado de Josemaría Alvariño… Fuimos, porque queríamos que nos enviara una colaboración para nuestra revista Ardor, que teníamos preparada y estaba ya a punto de salir… Al cabo del rato yo me di cuenta de que podíamos molestar. Así es que los dejamos solos. La colaboración que le pedimos no llegó…”.

En febrero de 1936, Ugart impartió una conferencia literaria en el SEU de Córdoba, bajo el título “El futurismo de Castilla”, tema un tanto insólito. Se me ocurre comentar algo extraño, y es que la poesía de Ugart nace y se desarrolla con un estilo fuertemente vanguardista, pero las vanguardias (ultraísmo, creacionismo…) fueron el “boom” de los años veinte. Luego sucedió el surrealismo de los años treinta, tiempo en el que escribe Ugart. ¿Por qué no se adhirió al surrealismo y permaneció bajo las formas y metáforas experimentales del ultraísmo?

Encontramos colaboraciones suyas en La Voz, el 23 de enero de 1936, y el 23 de marzo del mismo año. Los cenáculos literarios eran las tabernas de Córdoba, la de la Sociedad de Plateros, el restaurante Bruzo y otras. Y recordamos que existían dos grupos de poetas: los seguidores de Ugart (arte puro, algo de Juan Ramón Jiménez), y los seguidores de Alvariño (arte más popularista, según García Lorca). Se trataban, pero respondían a estilos y amistades diferentes.

Todo grupo poético solía mostrarse en una revista literaria. Y los de Ugart crearon: Ardor. Revista de Córdoba, primavera 1935 (Facsímil Diputación de Córdoba, 1983), editado entonces por la Librería Luque. La publican en marzo de 1935, con Antonio Ortiz Villatoro, Augusto Moya de Mena, Juan Bernier y R. Olivares Figueroa (folklorista venezolano afincado en Córdoba, se licenció en Madrid en Pedagogía, publicó poesías para niños, se integró en Ardor. Luego regresó a  Venezuela, a donde llevó dos obras importantes de aquí: Poesía infantil recitable (1934) y La invención poética  del niño (1936), aprovechando el lenguaje poético de las vanguardias).

Ardor comienza con un inédito de J. R. Jiménez, seguido de Emilio Prados y otros, como Pedro Pérez Clotet, Rafael Laffón, Juan Ugart (“La arena la muerte”), Rogelio Buendía, Concha Méndez, Olivares Figueroa, Juan Bernier, Ortiz Villatoro, etc.

En la primavera de 1936 el grupo de Ugart tuvo la idea de celebrar las llamadas “Horas Literarias” (Sánchez Dueñas, 39). Estas charlas u “Horas Literarias” estuvieron dedicadas al poeta Pedro Pérez Clotet, y hay referencias a ellas en La Voz, 18 de marzo de 1936, 5 de abril, 3 de mayo, y 11 de junio. El alma e inspirador de las Horas, además de Ugart, fue el catedrático de Literatura de la Escuela Normal don Augusto Moya. Tenían lugar en el Restaurante Bruzo, a la hora del café, a primeros de mes, como expresión del grupo Ardor.              

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Decíamos que en la primavera de 1936 se organizaron unas vespertinas “Horas literarias” en Córdoba. El alma e inspirador de las Horas, además de Ugart, fue el catedrático de Literatura de la Escuela Normal don Augusto Moya. Solía hacerse en el Restaurante Bruzo, a la hora del café, a primeros de mes, como expresión del grupo Ardor.

La 1ª Hora fue el 7 de marzo de 1936. Augusto Moya expuso un análisis de la obra de Ortiz Villatoro, allí presente. La 2ª Hora tuvo lugar el 5 de abril, y consistió en una conferencia del escultor Enrique Moreno, profesor de Dibujo de la Escuela Normal, sobre el genio artístico de Picasso. La 3ª Hora se celebró el domingo 3 de mayo, y en ella Juan Ugart impartió una conferencia sobre la obra poética de Luis Cernuda, con especial atención a su obra Donde habite el olvido.

Y la última Hora, la del 11 de junio, la dedicó el poeta gaditano Pedro Pérez Clotet a disertar y analizar su propia obra. El grupo Ardor pretendía ser algo más que publicar una revista al trimestre. Por otra parte, obsérvese el protagonismo de los profesores de la Escuela Normal de Magisterio, donde, parece ser que Juan Ugart halló su vocación literaria.

Mientras tanto, ya se cernía la tormenta sobre España, un golpe militar terrible, que lo iniciaría la Legión en Melilla, la tarde del 17 de julio. En Córdoba, de momento, lo que nos interesa saber, en cuanto a hombres de letras, es que había dos grupos literarios: uno, en el que destacaba Josemaría Alvariño (seguidor de Lorca), y otro, en el que destacaban: Juan Bernier, Juan Ugart, el profesor de Literatura de la Normal Augusto Moya de Mena, Antonio Ortiz Villatoro (de la Redacción de La Voz) y, no sabemos si compartía algo con éstos el escultor Enrique Moreno “El Fenómeno”, que también era profesor de Dibujo en la Normal, y al que Ugart le dedicó algún poema. Pudiera también frecuentarlos el abogado y secretario del Ayuntamiento de Aguilar José Mª de Ciria López, también poeta.

   Dibujo de Juan Ugart, con el que se abre su libro "Los presentes de Abril".


Por otra parte estaba el grupo del poeta Alvariño (que era linotipista de La Voz. Diario Republicano), junto con Rogelio Luque (director de la Librería y de una imprenta, poeta ultraísta), Juan Aguayo García (pintor), Aurelio Pérez Cantero (director del Conservatorio), entre otros, además de posiblemente, Pablo Troyano (director de La Voz) y el cultísimo maestro Juan García Lara. Eran grupos diferentes pero tenían el lógico trato entre personas de letras.

Estalló el golpe militar del 18 de julio y se produjo el caos más absoluto. Lo peor, la masacre sangrienta desatada. El diario La Voz fue intervenido y se llamó Azul, órgano de Falange. Su director, Pablo Troyano, fue detenido. Josemaría Alvariño, linotipista, siguió trabajando, pero con lógico pavor. Incluso Juan Bernier, que no era de izquierdas, estaba asustado. Ugart y otros le aconsejaron que se apuntara a Falange, cosa que él no quiso. Cuando le tocó a su quinta, lo movilizaron y estuvo en el bando franquista como soldado.

Volvamos a la tragedia de Córdoba capital. No sabemos qué fue de los avatares y peligros de Juan Ugart aquellas primeras semanas. Pero los grupos literarios e intelectuales empezaron a caer como moscas ante los paredones. El primero en caer fue José Mª de Ciria López, el 4 de agosto (1936), el que fue a ver a Lorca junto con Ugart y Bernier. Le siguió Rogelio Luque, el de la librería, el 16 de agosto. Al día siguiente, 17, fusilaron al culto maestro y poeta Juan García Lara. El 18 de agosto fusilaron al músico y compositor Aurelio Pérez Cantero, del Centro Filarmónico. El pintor Juan Aguayo García cayó el 29 de agosto. Al escultor Enrique Moreno, que había tenido mucha relación con Juan Ugart, lo mataron el 9 de septiembre. Y el día 27, ya bajo el terror de “don Bruno”, fusilaron a Pablo Troyano. El 28 de octubre, aniquilado ya el núcleo literario de Córdoba, entregó su vida de 25 años, Josemaría Alvariño, con su libro Canciones morenas bajo el brazo.

De Juan Ugart lo único que sabemos es que el 25 de agosto se enroló en las Milicias de Falange de Córdoba y marchó al frente, tal vez a Las Cumbres o a la línea del Brillante. En los meses de octubre y noviembre frecuentaba Córdoba, porque esos días entregó artículos para Azul. El 6-10-1936 escribe en Azul sobre “Resurrección de la bella durmiente”. El 12 de octubre su artículo se titula “Del Imperio. Consagración del trigo”. Y el 17 de octubre, titula con una cita de Hitler: “Los obstáculos son para vencerlos”.

        En este último artículo habla de Mi lucha, de Hitler, mencionando diversos conceptos: que “la vida de Hitler es una constante gimnasia de la voluntad”, que “el obstáculo es una ocasión de victoria”… Y critica al solitario, aquel que rehúsa vencer los obstáculos. Observo en estos diversos artículos de Juan Ugart que no aparece ninguna pasión de intolerancia, ni agresividad ni violencia.

        El 16 de noviembre (1936) sigue escribiendo en Azul “Películas del Imperio. Annabella”, sobre esta actriz italiana en la película La bandera, que en aquellos días se ponía en Córdoba. Y el 18 de noviembre publicó una especie de bombazo: una entrevista al coronel Cascajo, autor de la sublevación en Córdoba, bajo el título “Córdoba bien guardada. Con el coronel Cascajo, escuchamos su conversación”. El coronel golpista habla vagamente de los inicios del golpe en la capital, del ataque republicano a Córdoba el 20 de agosto desde Espejo y Torres Cabrera. Y Juan Ugart hace una pregunta capciosa sobre la actriz Rosita Díaz Gimeno, que el 18 de julio le pilló rodando en un cortijo de Córdoba, la detuvieron y la dejaron marcharse. Y dice Ugart: “¿Sabe usted que en Cádiz le interceptaron una carta en la que pedía una fuerte columna contra Córdoba?” El obeso Cascajo se limita a un “no sé”.

El 25 de noviembre (1936), publica en Azul el artículo “Saludos a la muchacha falangista”, conservadora y maternal, que quiere intervenir en la vida pública y social. Le reivindica su derecho a usar también el uniforme. Y por último, en 1936, termina con la publicación en el mismo medio del artículo “La unidad y la anarquía” (3 de dic.).

        A mediados de diciembre los sublevados lanzaron la gran ofensiva llamada “de la aceituna” contra Bujalance, Villafranca, Montoro, Lopera, Porcuna. Y ahí parece que participa Juan Ugart, en el seno del Tercer Batallón de FET, proveniente Ugart del Batallón de Depósito y Recuperación de Córdoba. A finales de 1936 estaban acuartelados en  Villafranca. Y semanas después, en Cañete de las Torres. Aquí le perdemos la pista durante todo 1937, hasta que finalmente tomó la decisión de hacerse Alférez Provisional y marchar a la Academia de formación en Riffien (Marruecos). A finales de 1937, desde la Academia, empiezan a pedir informes a Córdoba sobre Juan Ugart.                    

                                               

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En su expediente de la Academia Militar de Riffien (Manuel Varo lo ha consultado en el Archivo Militar de Ávila) constan informes solicitados a Córdoba a finales de 1937. Juan Ugart figura en 1938 inscrito en el 10º Curso de Alféreces Provisionales de la Academia de Riffien (Marruecos, un cuartel de la Legión hoy abandonado), de enero a abril de 1938, como perteneciente a FET de Córdoba. La Academia está dirigida por el coronel Julián M. Simancas. Consta un informe del teniente coronel de la G. C. José Eady Giorla, jefe provincial de FET, de fecha 24-12-1937, diciendo que Juan Ugart “está encuadrado y prestando sus servicios en las milicias de la Primera Línea desde el 25 de agosto de 1936, y en la actualidad, en el Tercer Batallón de FET y de las JONS de Córdoba”.

        Consta otro certificado de 2-enero-1938, del jefe accidental del Tercer Batallón de FET, Ginés Delgado, con sede en Villafranca de Córdoba, destacando de Juan Ugart su “intachable conducta, disciplina y elevado espíritu de soldado y falangista, demostrado en cuantos servicios se le encomendaron desde el 12 de octubre último, fecha en que, procedente del Batallón de Depósito y Recuperación de Córdoba, se incorporó a esta unidad de mando”. El Tercer Batallón aludido se encuentra entonces en Cañete de las Torres.

        Juan Ugart, terminado el curso de Alférez Provisional de Infantería, perteneciente a la 10ª Promoción, 4ª Compañía, solicita su destino en la División “Flechas Negras” (Una unidad mixta italo-española), tras su nombramiento en el BOE (nº 560, 4-mayo-1938), con antigüedad de 20-4-1938.


El poeta Juan Ugart con el uniforme de Alférez Provisional, en abril de 1938.


        Se observa que el poeta Ugart se halla totalmente embarcado en la lucha de vanguardia, no en los vericuetos malvados de la retaguardia. Idealismo personal, al fin y al cabo, de trágicas consecuencias, no sólo para él, sino para miles y miles de españoles, que como él fueron arrojados como carne de cañón a un sacrificio cruel, sin más fin que entronizar en El Pardo a un personaje de bajo talle durante 40 años.

        El alférez Juan Ugart llegó a la batalla de Gandesa a primeros de septiembre de 1938, procedente del Ejército del Norte franquista, donde se incluía a los “Flechas Negras”, del CTV italiano del general Gambara. Venía en la Primera División de Navarra, mandada por el “Moro Mizzian” (coronel Ben Mizzian, de métodos neronianos y sin escrúpulos, que llegó a ser en la posguerra capitán general en Galicia y Canarias). Y dentro de esa unidad, Ugart pertenecía al Regimiento de San Marcial nº 7, Sección 2ª.

        Lo situaron en el lugar más fatídico, frente a la “Cota de la Muerte” (la 481), entre la sierra de Cavalls y Gandesa (provincia de Tarragona, margen derecha del río Ebro), lugar que se venían disputando republicanos y franquistas durante un mes, entre charcos de sangre y montones de cadáveres de ambas partes, porque era la llave de Gandesa. Resulta que en otra unidad franquista cercana se hallaba como soldado el también poeta cordobés Juan Bernier. Se vieron y quedaron el 4 de septiembre (1938) para almorzar. Según Ramos Espejo, cuando llegó Bernier, el alférez Ugart ya había sido abatido aquella mañana ante la citada cota 481.

        Enfrente, Juan Ugart y los suyos sufrían la terrible acometividad del grueso de los Internacionales, sobre todo, la XV Brigada (Batallones: Mac Paps, de canadienses; el Lincoln, de norteamericanos; el 59 Batallón Spanish, de reclutas catalanes; y sobre todo, el British Batallón, de ingleses), entonces mandada por el español asturiano José A. Valledor Álvarez, que se cubrió de gloria con la XV Brigada. Una vez exiliado, luchó en la resistencia francesa. Volvió a España en democracia y vivió hasta 1995. Los republicanos estaban mandados por Líster, El Campesino, Tagüeña y Etelvino Vega. El jefe general: Vicente Rojo, a las órdenes del Doctor Negrín.

        El libro de Andréu Castells sobre los Internacionales cuenta que la aviación alemana, más que una ayuda a Franco, era una exhibición, a veces con 164 bombarderos en el aire cubriendo el sol. El pueblo de Corbera se hallaba lleno de cadáveres putrefactos, de moros, mulas y soldados catalanes. Los internacionales orinaban en los pañuelos para ponérselos en la nariz y aliviar el hedor. El agua la servían con sabor a yodo y coñac, para prevenir la disentería y el tifus, que también hacían estragos.

        Respecto al 4 de septiembre, fecha letal para nuestro poeta, escribe Castells: “El día 4 el enemigo atacó Corbera por el norte, bajando de Valldecanelles hacia la Cota del Transformador. Corrieron ríos de sangre. Corbera quedó situada en tierra de nadie y el enemigo (franquistas), persiguiendo a la XI Thaelmann, llegó hasta la cota 565 de la sierra de Cavalls, a dos kilómetros y medio al este de Corbera”, localidad un poco al norte de Gandesa, en cuya proximidad se halla la Cota 481, junto al Puig de l’Áliga, donde cayó Juan Ugart, el cual nunca pudo pensar que lo meterían en este infierno apocalíptico.

        Antonio Varo precisa que Juan Ugart fue enterrado, no en Gandesa, sino un poco más al sur, en Bot, en una fosa común de 1.200 muertos franquistas (Archivo Militar de Ávila, Fallecidos en campaña, tomo 8, c. 3677). Parece que con el nombre de Sinforiano Ugart, lo cual es un error incomprensible.  El 21 de marzo de 1959, no encontrando el franquismo suficientes esqueletos para rellenar el Valle de Cuelgamuros, desenterraron muchas fosas de la batalla del Ebro, sin distinguir bando, y en el caso de Juan Ugart lo sepultaron en el Valle de Cuelgamuros el 28 de marzo de 1959, con el número de restos “1096/2009. Tarragona. Hombre”. Ahí reposa desde entonces un poeta de Villanueva de Córdoba, casi desconocido, al que no dieron oportunidad de seguir escribiendo versos ni impartiendo clases en su colegio del Paseo de la Ribera.

        De la muerte de Juan Ugart se hizo eco el periódico Azul de Córdoba con sencilla esquela el 8-9-1938, y al año siguiente, Azul repitió la reseña el 13-9-1939, en primera página, con su foto de militar. En 1938, también la revista gaditana Isla. Verso y Prosa, dirigida entonces por Pedro Pérez Clotet, amigo de Ugart, le redactó otra esquela en 1938, en el núm. 14: “…Era un delicado poeta, de clara y ágil expresión, penetrada de finas gracias andaluzas… Sus poemas más recientes habían brotado al clamor de la lucha… Su buen recuerdo aureolado con la eterna luz de los héroes”.

        En esta revista Isla, Ugart había publicado dos poemas en 1938. Uno titulado “Himno al centinela” (“Ojo de cíclope nocturno / y atento perforador del horizonte”). En el núm. 14 de la misma revista, ya póstumamente, se publicó el poema “Este muchacho o junco”.          

                                                      

5

 

El poeta Juan Ugart pereció en la batalla del Ebro, frente a la cota 481, junto a Gandesa, que se disputaban con los republicanos, el día 4 de septiembre de 1938, en el contraataque de la mañana. En 1959 exhumaron sus restos con los de miles de combatientes, y los llevaron al Valle de Cuelgamuros, donde reposan hoy día.

        Lo sorprendente de los acontecimientos fue que, después de ser alférez provisional, falangista y muerto en el bando franquista, los mismos suyos lo sometieron a expediente de depuración, por donde pasaron miles y miles de maestros y empleados de todos los niveles de la administración. El nuevo Régimen, salido del golpe militar de 1936 y de la victoria de 1939, exigía la más pura “limpieza de sangre” ante cualquier atisbo de izquierdismo, como en tiempos exigió la Inquisición con la menor contaminación de judaísmo, erasmismo o luteranismo. Los decretos de pureza de sangre forman parte de la Leyenda Negra. El inquisidor Torquemada es nuestro verdadero patrón in pectore.

        El caso fue que el poeta Juan Ugart no se vio libre de la lupa inmisericorde de la nueva Inquisición franquista. Así las cosas, su expediente de depuración se inició ya en septiembre de1936, cuando Juan Ugart se hallaba enrolado en la línea del frente. Antonio Varo ha consultado su expediente en el Archivo General de la  Administración (Alcalá de Henares), Expediente 496. Escuela Unitaria de Niños, núm. 3, de Córdoba, donde el poeta era maestro.

        Las Comisiones Depuradoras de Instrucción Pública de Córdoba se ubicaban en el Instituto “Góngora”, bajo la dirección de un fanático Ángel Cruz Rueda, del Instituto de Cabra, subordinado de José Mª Pemán (Depurador a nivel nacional). El tribunal depurador estaba formado por los Inspectores de Primera Enseñanza: Emilia de Miguel, Francisco Marroyo y Joaquín de Velasco Natera.

        En su citado expediente figuran una serie de informes. Un documento firmado por el mismo Ugart, en el que se declara militante de Falange Española de las JONS desde la revolución de Asturias, octubre de 1934 (quizá demasiado prematuro en la fecha). Otro informe de la Parroquia de S. Francisco y S. Eulogio, diciendo que pertenece Ugart a la feligresía de S. Pedro. El párroco no informa de su vida religiosa, sino de que “actualmente está enrolado en Falange Española” (Septiembre de 1936).

        Un tercer documento del coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Córdoba informa de que “Juan Ugart es de buena conducta, simpatizante a  la causa militar, no se le conoce como propagandista de ideas políticas de ninguna clase ni pertenece a ningún partido”. O sea que la Falange no la considera partido.

        Un cuarto informe del alcalde Antonio Coello, de 31 de marzo de 1937, dice que Ugart “viene observando buena conducta profesional. A veces escribe poesías durante las horas de clase. Social y particularmente se comporta bien... Actualmente está afiliado a Falange Española”. En este informe hay una maldad evidente: acusar a alguien de escribir poesías, en aquella España de cuartel, era una auténtica maldad, ya que la cultura, la poesía y los libros (objeto de grandes piras) eran, no sólo algo negativo, sino peligroso, cuando los poetas de Córdoba ya habían caído ante el paredón.

        Con fecha 25 de agosto de 1939, cuando el alférez Ugart llevaba un año bajo tierra, la Comisión Depuradora Provincial propone al Ministerio de Educación Nacional la confirmación de Juan Ugart en el cargo de maestro. Por fin, el 3 enero 1941, el Ministerio lo confirma en el cargo. De esta manera, todo el Magisterio y Profesorado en general fue expedientado por depuración, hasta tal punto de que el 25 % de los maestros fueron suspendidos de empleo y sueldo. No hubo autos de fe, porque a muchos ya los habían fusilado antes. Una magna operación jamás vista que hace palidecer los rigores de la Inquisición. La España de los autos de fe amenaza siempre, con sus exclusiones, sus hogueras y sus fanatismos. Llevamos la furia en el ADN.

        Conviene ahora una breve alusión a la obra poética de Juan Ugart, en su libro Los presentes de Abril (1935). Esta obra se compone de 18 poemas de exaltación de la primavera, con su explosión de color, luz, belleza y vitalidad. El tono general es de optimismo (típico de las vanguardias) y nada de melancolías o nostalgias (típico del romanticismo). Es poesía del exterior florido, no del interior del poeta. El yo casi no aparece. El protagonismo es el de la primavera de abril exultante de color y de aromas.

        El poeta Ugart conoce toda la literatura española vanguardista, y se le ven influencias del ultraísmo y algo del futurismo (“trenes de nubes / y humo de vapores”, por ej.). Y le influye toda la literatura del novecentismo, deshumanizada (antirromántica), como la de Juan R. Jiménez en su época intelectual (1916-1936), donde buscaba la palabra exacta y desnuda. El tono optimista de Ugart congenia también con la poesía emblemática del optimismo de Jorge Guillén, con su libro Cántico (1928).

        Para Ugart, la primavera de abril es una “reina”, a la que se ofrecen los “presentes”, que son: “agilidad”, “fuerza pura” y “luz”. Predominan los términos abstractos, expresión de la intelectualidad. Luego vienen los “presentes” a la “Corte”, que es el trono de la primavera, reina de las estaciones. Referido al mes de abril, escribe en asonancias: “Al ver las tierras vestidas / el campo se abre en canciones. / Los nuevos vestidos verdes / van escogiendo colores. / De las abruptas sierras / se huelen , / bajar los olores. / Bajo las pieles de yerba / oigo crecer tus limones. / Dibujantes con arados / cosen las tierras al sol. / Unos pintan verdes finos / otros pintan al color…”.

        Como abril es el protagonista, en una gran personificación, escribe: “Haciendo lances lluviosos, / al sol, / con el viento se recrea / Abril, / el de los capotes mil, / en las tardes aguanosas…”.  Y más adelante: “Abril, / brota las aguas del suelo, / como simientes de heno, / con cáscaras de cristal…”.

        Una poesía, en fin, de exaltación de la perfección natural, con el típico objetivismo vanguardista y ausencia del yo, con derroche de recursos literarios: cromatismos, sensorialidad, personificaciones, experimentos léxicos y  metafóricos, a veces con ausencia de nexos. Y algo curioso: las imágenes taurinas. Desnudez verbal, en busca de la exactitud, aunque no abandona las asonancias. En definitiva, un libro con un estilo prometedor, frustrado por la muerte injusta siempre.

        Buscó una poesía difícil, no populachera, lejos del casticismo y de los tradicionalismos. Sus logros habrían sido muy prometedores, pensando en que fue agostado a los 25 años, con toda la vida por delante.

        Y ahora, laureado morador del monte Parnaso, te hablo en primera persona. Tu opción personal te llevó a la muerte. La respeto. Y Córdoba se perdió al Maestro de Escuela que hubiera podido ser, y al poeta que hubiera podido iluminar el Ágora de Las Tendillas. Pero en mí, que no te lo esperabas, has encontrado a tu biógrafo, que te ha sacado del anonimato de los muertos, por dos razones principales: porque naciste en el mismo pueblo que yo, y porque fuiste poeta de la República de las Letras. Eso es lo más importante. Lo demás son los avatares enloquecidos de la humana condición. Pero permíteme que ‘maldiga las guerras y a aquellos que las organizan’; incluidos los golpes militares y los fanáticos insensibles a la sangre, al dolor, a las lágrimas y al hambre de la pobre gente inocente.

 

 

25/10/21

MILITARES LEALES DE 1936: CAPITÁN BLANCO PEDRAZA, DEL GRUPO DE PÉREZ SALAS

 

 

UN MILITAR LEAL EN LA ARTILLERÍA DE LOS FRENTES DE CÓRDOBA

 

El capitán Francisco Blanco Pedraza, a las órdenes de Pérez Salas

 

                                           Por Francisco Moreno Gómez

 

El capitán Blanco (luego, comandante y Mayor) nació en Villanueva de Córdoba, el 21-2-1901. Hijo de Juan Blanco Fernández (comerciante y fabricante de caramelos, nieto de Catalina Moreno Sánchez, una de las hijas del afamado notario Bartolomé Moreno Luque) y de Petronila Pedraza Romero (hermana de Fermín Pedraza, el padre del médico don José Pedraza, por tanto, primo hermano éste del capitán Blanco). Así pues, era una familia de clase media discreta. Tenían su domicilio en la esquina de la Plaza con P. Llorente.

        Francisco Blanco Pedraza cursó sus primeros estudios en Cabeza del Buey, costeado siempre por su tío Juan Rafael Blanco. Se casó en Villanueva (el 15-12-1926) con Catalina Illescas García, hija del conocido Antonio Illescas “El Exquisito”, el que edificó la casa de “Los Serojas” en la plaza, fechada en 1906, para lo que contrató al gran arquitecto Aníbal González, autor de la Plaza de España de Sevilla, y de todo un estilo “anibalista” andaluz. Por  tanto, es un edificio de gran valor arquitectónico (Antonio Illescas fue, por tanto, el suegro del capitán Blanco, y de don Bibiano el farmacéutico). La típica casa en cuestión la compraron los hermanos “Serojas” (Francisco y Antonio) en 1922.

Foto.- El capitán de Artillería Francisco Blanco Pedraza, del grupo de artilleros de Pérez Salas, en el frente Sur, héroe de la batalla de Pozoblanco.

        La carrera militar de Francisco Blanco comenzó en 1921, cuando ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, de donde salió como teniente el 18 de mayo de 1925, siendo destinado el año siguiente a África (Alhucemas). El ascenso a capitán tuvo lugar el 23-11-1932, y fue destinado a Sevilla, donde se dedicó a trabajos especializados de fabricación de armamento. A finales de 1935, estuvo en Mahón, en una Batería de Costa. Y poco antes de la guerra civil ya se encontraba en el Cuartel de Artillería de Córdoba, con domicilio en esta capital, en la calle Medina Azahara, 18. A mediados de julio de 1936, el capitán Blanco se tomó sus vacaciones, cuando ya el cuartel de Córdoba era un foco de rumores, fanatismos y posiciones no disimuladas de rebelión. La familia Blanco se marchó a la finca “Espeñares”, de sus suegros, cerca de la Venta del Charco.

        El golpe militar destrozó su vida. El 21 de julio se presentaron allí unos escopeteros, le requisaron el coche y le ordenaron que se presentara en la Venta del Charco, donde fue detenido. De allí lo llevaron a Cardeña, y de aquí, custodiado, a Villa del Río, donde quedó bajo custodia del diputado socialista sevillano Alberto Fernández Ballesteros, quien puso al capitán Blanco a colaborar en la formación de las Milicias de Jaén. Allí conoció al paisano Nemesio Pozuelo “El Floro”, empeñados en la misma labor de defensa de la República, como fue el asalto y conquista de El Carpio.

        El 28 de julio llegó a la zona de Montoro-Villa del Río la célebre “Columna del general Miaja”, en la que venía el comandante Joaquín Pérez Salas, también de Artillería, del 5º Ligero de Valencia. También venía otro gran artillero, el capitán José Cifuentes, y con ellos el capitán Blanco encontró el  trío perfecto para el manejo de la Artillería en el frente cordobés. Mientras el general Miaja “desorganizaba” el ataque a Córdoba (20-8-36), el capitán Blanco se quedó al frente de una Batería del 10’5 junto a El Carpio, desde donde castigaba a los facciosos situados en “Las Cumbres”, donde los tuvo inmovilizados hasta diciembre de 1936.

        Cuando la gran ofensiva franquista de mediados de diciembre de 1936, el capitán Blanco trató de resistir, junto a los batallones de Milicias (Garcés, Villafranca, etc.), e intervino en la retirada desde Villafranca, por Adamuz (donde su consejo de guerra nº 25.419/39 lo sitúa defendiendo a unas mujeres de derechas, que querían detener las Milicias), hasta Villanueva de Córdoba. En febrero de 1937, Blanco Pedraza ya estaba en Pozoblanco, a las órdenes de Pérez Salas. El 6 de marzo los franquistas empezaron la ofensiva contra Pozoblanco y la dehesa de Los Pedroches. El capitán Blanco, a cañonazos, fue el alma de la resistencia (10-15, marzo) entre Villanueva del Duque y Alcaracejos, situada la Batería en el cementerio  de este último pueblo (según me contó en 1981 el asistente del capitán Blanco, el jarote José Arévalo Toril “Sotero”). Sólo 15 días tuvieron los franquistas en su poder estos dos pueblos, porque en la tarde del 30-3-1937 fueron recuperados por la República.


El jefe militar del Frente Sur (Córdoba), comandante don Joaquín Pérez Salas, acompañado de Aldo Morandi (izq.) y otro militar, durante una inspección al frente de Peñarroya.

        El 3 de junio de 1937 se reorganizó el Ejército del Sur, correspondiendo a Córdoba el VIII Cuerpo de Ejército, al mando de Pérez Salas (con sede en Pozoblanco), con dos Divisiones: la 19, al mando de José Cifuentes, con sede en Belalcázar; y la 38, al mando de Blanco Pedraza, ascendido a Mayor, con sede en Hinojosa. Así, hasta finales de octubre de 1937, en que el Sur se llamó “Ejército de Extremadura”, con Estado Mayor en Almadén (D. O. 15 de Nov.), con gran enfado de Pérez Salas, que por ello se marchó de Córdoba, porque su feudo simbólico era Pozoblanco. Se formó entonces la 63 División, al mando de Aldo Morandi, con sede en Villanueva de Córdoba. El mayor Blanco Pedraza pasó a Almadén, y en mayo de 1938 fue destinado a Puertollano, como jefe del Parque de Artillería del E. de Extremadura, donde el 5-3-1939 se sumó al golpe de Casado-Besteiro-Mera. Apresó a los comunistas, a los que recluyó en la Plaza de Toros, donde los hallaron los franquistas, a quienes se rindió en la Estación de Puertollano, el 29-3-1939.

El Dr. Friedman, norteamericano, jefe del Hospital Americano en el frente de Córdoba (vestido de blanco), con primera sede en campaña, y luego en Belalcázar. "Laus benefactoribus humanitatis"

        Blanco Pedraza quedó detenido, luego enviado a Córdoba, donde empezó su calvario para salvar la vida. Se le sometió a “Procedimiento Sumarísimo de Urgencia”, el núm. 25.419/39. Compareció en consejo de guerra en el cuartel de Artillería de Córdoba, el 28-9-1939, y fue condenado a muerte. Antes y después de esta fecha, tanto el capitán Blanco como su familia (tenían domicilio en Córdoba, en Medina Azahara, 18, y en la calle Teniente Carbonell. Y en Madrid, en la calle de La Luna, 21) se movilizaron para conseguir avales y pruebas del buen proceder del capitán en todo momento durante la guerra, protegiendo a muchas personas de derechas. Consiguió varios pliegos de avales en Pozoblanco y en Puertollano. Aval también, entre otros, de un cura de Madrid, don Andrés Raso, a cuya casa llegó la familia Blanco desde Puertollano en noviembre de 1938, para bautizar a su hijo Francisco Blanco Illescas, nacido en Almadén a finales de 1937.

        Lo primero destacable en el capitán Blanco fue su sentido de la lealtad militar y de la fidelidad al gobierno constitucional, y su rechazo al golpe militar de 1936, y esto, a pesar de que un hermano suyo, Juan Rafael, falangista y estudiante de Medicina en Madrid, fue asesinado el 28-10-1936. Era su convicción republicana ante todo, de ideas católicas y moderadas en sus actuaciones. Un gran militar y una gran persona.

        De Villanueva no recibió avales, sino escritos de cargo, como “que favoreció a algunas personas de derechas, pero a otras las perjudicó al máximo” (Comte. de Puesto José Martínez), entre otras insidias individuales. El juez militar entonces en Villanueva, Juan Calero, redactó contra Blanco Pedraza informes terribles. La Auditoría de la II Región Militar (Sevilla) aprobó la sentencia de muerte el 8-11-1939, y se remitió copia al Ministro del Ejército (Varela), al general jefe de la II Región Militar y al Tribunal de Responsabilidades Política.


El comandante (Teniente Coronel por  la República) don Joaquín Pérez Salas en un puesto de la avanzadilla del Frente Sur, entre Valsequillo y Los Blázquez (Córdoba), comunicando por teléfono. Una de las poquísimas fotos que se conserva de este gran militar republicano.

        Mientras tanto, su esposa Catalina Illescas y su madre Petronila Pedraza “revolvieron Roma con Santiago” y se presentaron en Burgos, a ver al general Varela. Le dijo Petronila: “Un hijo me mataron los rojos, ¿Me van a matar al otro los nacionales?”. Parece ser que Varela escribió en la portada del Expediente: “¡Ojo!”, para que Franco lo revisara bien. El caso fue que Blanco Pedraza fue conmutado el 25-3-1940. Se lo comunicaron el 9-4-1940, en la prisión militar de Monte Oliveti, de Valencia. (el indulto). Sufrió otras prisiones, como la de Ciudad Rodrigo, donde murió de hambre y privaciones su compañero artillero José Cifuentes. El comandante D. Joaquín Pérez Salas fue fusilado en Murcia, el 5-8-1939. 

        Solicitó el indulto del 9-10-1945, con el que Franco quiso congraciarse ante los aliados de la II Guerra M. Le fue concedida la libertad un año después, en 1946. Volvieron a su domicilio de Madrid, calle de La Luna, 21.  Y para ganarse la vida fundó la “Academia Villanueva”, (Recordando a su pueblo, que ninguna ayuda le prestó), en la calle Preciados, 3, para ingenieros aeronáuticos. Fue un gran profesor de Matemáticas. Hasta mucho tiempo después no le fue reconocido oficialmente su título de ingeniero, pudiendo entonces colocarse en “Manufacturas Metálicas Madrileñas”. Durante sus últimos años mantuvo un círculo de amigos ilustrados, pero rechazó ciertos actos a que fue invitado por militares, para no agasajar símbolos que él no había defendido en la República. Gran dignidad personal. Murió el 10 de octubre de 1975, antes que el dictador que tanto le amargó la vida. Hoy pasa a la historia como uno de los artilleros profesionales que más castigó a los franquistas en el frente de Córdoba. Morituri te salutant.

       

                                                          

24/4/21

HISTORIA DE UN LÍDER DEL MAQUIS CORDOBÉS: JULIÁN CABALLERO

 

LA GUERRILLA EN SIERRA MORENA (LA 3ª AGRUPACIÓN, CÓRDOBA) 

Trayectoria y caída de un jefe guerrillero:

Julián Caballero

Ocho años de resistencia en la sierra (1939-1947)

  

                                         Por Francisco Moreno Gómez

 

1

 

Ya era hora de hablar de Julián Caballero. Su nombre aparece entre los principales jefes de la guerrilla antifranquista de toda España. Otro nombre más que salió de una dura tierra de bellotas: Villanueva de Córdoba, donde nació el 31-8-1894. Este pueblo, cacicato de latifundistas, fue al mismo tiempo  cuna de líderes obreros de aquella masa jornalera que luchó por su pan desde 1917, al menos. Luego, aquella masa luchó bajo la “dictablanda” de Primo de Rivera; fue golpeada durante la República, y masacrada bajo el golpe militar y los años 40’s sangrientos. Tiempos duros, no para pusilánimes, sino para héroes. Héroes y tumbas, diría E. Sábato.

        Julián Caballero fue el “Espartaco” cordobés que hoy los partidarios de los “Césares” no quieren recordar. Porque la intolerancia latente del ADN español no quiere que los desheredados tengan historia, y mucho menos que tengan líderes. Pero luego la historia, que a veces es justa los rescata. Y van y se cuelan en la historia: Espartaco, Kunta Kinte, Bautista Garcés… Julián Caballero… y las 13 Rosas.

        Igual que en la lista de los proscritos que Filipo y Antípatro encabezaron con el nombre del noble Demóstenes, en la antigua Grecia, para su exterminio; así, Julián Caballero fue uno de los grandes señalados en rojo en la bárbara lista de miles y miles de proscritos de la dictadura franquista. Julián nació para luchar y morir, víctima de todas las represiones que siempre ha sufrido su clase. Ahora, la historia no se puede deslindar de la oración fúnebre ni del mito.

Julián Caballero Vacas, alcalde de Villanueva de Córdoba en 1936, del PCE. Dirigió la guerrilla en Córdoba (3ª Agrupación), a las órdenes de Dionisio Tellado "Ángel" o "Mario de Rosa". Fue abatido, junto con su "Estado Mayor", el 11-6-1947, en la Umbría de la Huesa (Villaviciosa de Córdoba).  


      Empezamos por el final de Julián Caballero: la muerte. Al amanecer del 11-junio-1947, en el sitio Umbría de la Huesa, al Sur del término de Villaviciosa, más cerca de Trasierra que de Villaviciosa, al lado del río Guadiato, fueron acribillados Julián y sus compañeros. Cinco muertos en total, y un capturado. En ese barranco estaba el campamento del “Estado Mayor” de la 3ª Agrupación Guerrillera, la de Córdoba, bajo la jefatura de Julián Caballero. No eran “bandoleros”. Eran la resistencia. La guerrilla antifranquista. Fueron los luchadores que nos redimieron de la indignidad de no haber hecho nada contra el dictador.

        Pocos días antes había desertado un guerrillero de la partida de “El Cojo de la Porrada”, apodado “El Corchete” (Necesitamos el nombre de pila). Se entregó ante el capitán Tamayo, en Villaviciosa, y se ofreció como delator. Lo mandaron a la Comandancia de Córdoba, que entonces mandaba el teniente coronel Enrique Martín Rodríguez (el padre del actual magistrado emérito José A. Martín Pallín. Un día me llamó, y me contó que todavía se acuerda de que en la Comandancia tenían protegido al “Corchete” y lo veía deambular por allí). Y así se preparó el asalto a la Huesa, a donde se enviaron 40 guardias civiles, mandados por el capitán Justo Tamayo Díaz. También estuvo presente el citado teniente coronel. Un grupo de guardias al mando del sargento Egea Porras se situó en la parte alta, desde donde empezaron a disparar y a tirar bombas de mano. Todos los demás guardias, en la boca de salida hacia el rio Guadiato. “El Corchete” también andaba por allí como guía.

        Los guerrilleros, recién levantados y ocupados en sacudir las mantas, se lanzaron a una huida imposible y trágica. Corrieron hacia el cauce del arroyo, en busca de la salida. Se inmolaron ante una lluvia de fuego. Cuánto hubiéramos dado por haber visto la infausta escena, digna del final de La Orestiada. Cinco muertos. Sólo un superviviente: José Merino Campos, escondido entre unas matas. Había subido un año antes desde la organización de Córdoba capital.

        El campo de Agramante o “paisaje después de la batalla” nos lo describe el atestado del capitán Tamayo (Causas núm. 1.088 y 1.028/47. Archivo Militar T. II, Sevilla), que, para el reconocimiento de cadáveres, se hizo acompañar del preso Merino Campos. Sobre el lecho del arroyo se halla primero un cadáver, de unos 30 años, con tres heridas de arma de fuego en la región pectoral, y otras dos en zona maxilar. Merino le dice al capitán que es “El Pincho” (Ángel Moreno Cabrera, de Pozoblanco, 35 años).

        A unos 15  metros en dirección Sur se halla otro cadáver, en decúbito prono, con los brazos abiertos, alto, grueso, canoso, de unos 50 años, con herida de arma de fuego en la región frontal (su hijo Ernesto matiza que era en el ojo), otra herida en la región temporal derecha, y dos heridas en la región mamaria derecha. Es Julián Caballero Vacas, de Villanueva de Córdoba, de 53 años. A su lado se halla otro cadáver, de una mujer, de unos 40 años, pantalón de pana y chaqueta de punto, con heridas de arma de fuego en la región craneana, y la parte izquierda volada, y en la región inguinal derecha e izquierda, diferentes heridas por arma de fuego (Me extraña este dato. ¿Tal vez un ensañamiento?). Es “La Mogea” (Mª Josefa López Garrido, de Villanueva de Córdoba, 45 años).

        Unos 30 metros más al Sur, otro cadáver en decúbito prono y los brazos abiertos, estatura baja, pantalón y cazadora de pana, de unos 30 años, con una herida por arma de fuego en la región pectoral, otra en la región oral, y fractura en el antebrazo derecho. Es “Curro de Añora” (Melchor Ranchal Rísquez, de Añora, 35 años).  A unos 10 metros más al Sur, un cadáver de estatura alta, delgado, pelo rubio, pantalón de pana y camisa caki, de unos 30 años, con heridas por arma de fuego en el maxilar inferior, cuello y región epigástrica, en posición decúbito lateral derecho y los brazos cruzados. Es “Jorge Clavijo” (Librado Pérez Díaz, de Villamiel, Ciudad Real, 27 años, practicante). Este relato indica el orden de la huida hacia el Sur, hacia el río Guadiato, en fila india, encabezada por “Clavijo” y “Curro de Añora”, seguidos de Julián y Mª Josefa, siendo el último “El Pincho”. Y por ese orden fueron cayendo.

        Parece cierto que Julián y Mª Josefa convinieron en suicidarse al verse perdidos. Hay varias versiones, pero según el atestado citado, Julián tiene la gran herida en el temporal derecho; y Mª Josefa, con voladura en parte temporal izquierda. Ella, por tanto, no se disparó, sino que Julián, al verse herido en un ojo, disparó a Mª Josefa por la lado izquierdo, y después, a él mismo, por el lado derecho. Es mi teoría.

        Todo aquel 11 de junio (1947) lo emplearon los represores en el reconocimiento del lugar, del campamento y de los cadáveres. Luego, la recogida de armamento: fusiles, pistolas y escopetas. Se anota que Julián llevaba 8.000 pesetas. Al mismo tiempo, la detención de toda la gente de los contornos, que había empezado la noche anterior, los chozos y habitanzas de la Huesa y de La Porrada. Y se buscaron media docena de bestias para transportar los cadáveres al día siguiente, 12 de junio. Se les ataron sogas, y los mulos los arrastraron desde lo más hondo de la sima. Después, los colocaron cruzados encima de las bestias, y así continuó la marcha fúnebre, con los guardias y la cuerda de presos detrás, una docena de personas (cabreros, la familia Cobos Reina, el superviviente José Merino, etc.). Llegaron a Villaviciosa a primera tarde: los muertos al depósito del cementerio, y los presos a la cárcel.

                                                 

2

 

Seguimos el hilo de la masacre del “Estado Mayor” de la guerrilla antifranquista en Córdoba (la III Agrupación), mandada por Julián Caballero, al amanecer del día 11 de junio de 1947, en la “Umbría de la Huesa”, cerca de Trasierra, pero témino de Villaviciosa. Nos quedamos en el momento en que los cinco cadáveres llegaron al cementerio de Villaviciosa, cargados en bestias, creemos que el día 12 de junio, tal vez no el día 11, día de la masacre, porque este día las fuerzas represivas se dedicaron a detener y maniatar a todos los campesinos que hallaron por los chozos y habitanzas de aquellos contornos. Lo cierto fue que la noche del 12 de junio todavía estaban en el cementerio de Villaviciosa.

Y se decidió que al día siguiente, tres cadáveres saldrían en un camión hacia sus pueblos de origen: “El Pincho”, al que dejaron en el cementerio de Pozoblanco, y los de Mª Josefa y Julián, que hicieron parada en la Plaza de Villanueva. No hubo aglomeración de gente. Ni alborozo. Sólo alguna gente que pasó, miró y siguió su camino pensativa. Parece que algún baboso cogió a Mª Josefa por los pelos y trató de alzarla en exhibición. Nada más. Julián venía descalzo, con calcetines negros, habiendo perdido los zapatos en la odisea, y con un trozo de soga al cuello. Sólo le faltaba la corona de espinas. Había  sido el alcalde comunista de Villanueva. Nadie ha podido atribuir nunca a Julián ninguna mala acción. Y hay testigos de gran solvencia sobre ello. Mª Josefa había perdido toda la masa encefálica, y en la oquedad le metieron los cabellos retorcidos. Así llegaron a Villanueva los luchadores contra el franquismo. Era el 13 de junio de 1947. Tres días llevaban muertos. La Ley de Memoria Democrática, cuyo proyecto se aprueba hoy (15-9-2020) dignificará su memoria.


La familia de Julián Caballero: el hijo Ernesto y el nieto Julián, en el lugar exacto donde fue enterrado en el cementerio de Villanueva de Córdoba (Foto del autor, 25-6-2017).

        En cuanto a los cadáveres de “Clavijo” y “Curro de Añora”, éstos se quedaron en el cementerio de Villaviciosa, y allí les hicieron una somera autopsia, en pleno estado de putrefacción, en la mañana del día 14, y allí los enterraron. Los de Villanueva fueron descargados en la casilla de autopsias del cementerio. La autopsia se hizo a las cinco de la tarde. En los escritos figuran los médicos: Antonio Valero Martos, Bartolomé Blanco Torralbo y el practicante Antonio Palomo Silva. Actuó como juez comarcal Pedro Yun Díaz, que exigió la presencia de los familiares para el reconocimiento del cadáver. La familia ya conocía la desgracia. El primero en acercarse al cementerio fue Ernesto Caballero, de 12 años. Vio los cadáveres en el suelo y los médicos de pie por allí. Dice que su padre tenía un tiro en el ojo (en realidad, la parte frontal destrozada), y precisa lo de la soga al cuello y un brazo roto. “La Mojea”, dice, tenía los pelos metidos en el cráneo. Ernesto fue una segunda vez con varios de sus hermanos. Y por tercera vez, acompañando a su madre, Dolores Castillo, cuya presencia exigieron. Tuvo que cruzar el pueblo, con sobria dignidad, aguantando las miradas de alguna gente, no mucha, porque nos aseguran que aquella tarde no hubo jolgorio en Villanueva. No sabemos qué exactamente, pero jolgorio, no.

La viuda, Dolores Castillo, consiguió enviar un ataúd para Julián. Lo mismo harían los familiares de Mª Josefa. Fueron enterrados en una fosa en la parte derecha del cementerio, con la siguiente localización: a 44 metros de la pared Sur y a 6 metros de la pared Este. Actuaron como testigos: Conrado Redondo Ávila y Juan Noci Contreras. Sorprende tanta burocracia en el entierro de Julián Caballero. A otros maquis a los que llevaron a Villanueva de la misma manera ni se les nombra.

Volvamos al escenario del tiroteo del amanecer del 11 de junio. En la Revista de Feria de 2009, de Villaviciosa, fue entrevistado por Juan Nevado Calero un viejo campesino, que no quiso dar su nombre. Ya sabíamos que el guerrillero capturado, José Merino Campos, no pertenecía al “Estado Mayor” de Julián, sino al de “Bellota” (de Belalcázar), que mandaba la llamada 31ª División. Y andaban por la Huesa la noche anterior (la del 10 de junio), y Merino (“Felipe”) se bajó en la noche hasta el campamento de Julián, y allí le pilló la hecatombe del día siguiente. Así pues, todo ocurrió en un ambiente nada tranquilo aquellos días. Y fue que tres guardias civiles de Villaviciosa se toparon la noche del 10 de junio con los de “Bellota” (Iban también “El Peque” y “Becerril”), que huyeron, cuando la Guardia Civil les lanzó disparos en la noche (Véase mi libro La resistencia armada contra Franco).

El citado viejo campesino cuenta que la noche del día 10 de junio (Sería la noche del 10 al 11), estando ya acostados en la era, escucharon disparos (coincide con lo que hemos dicho sobre “Bellota”). Antes, el campesino había enviado a su hermano a la choza de Ernesto el cabrero a por una olla de leche. La trajo vacía, porque la leche se la habían llevado los guardias. En esto, llegaron tres hombres corriendo. Eran “Bellota” y los dos citados. Cogieron algo de comer y se marcharon. Y poco después llegaron los tres guardias civiles y detuvieron a los dos hermanos en la era. Así lo cuenta el campesino entrevistado en 2009:

“Acto seguido disponen los guardias que vayamos al cortijo de Los Boquerones, a pesar de la noche. Allí habían llevado los guardias a Ernesto el cabrero. Al alba del día 11 de junio (pienso que sería el día 12) nos levantamos todos, y los guardias me llevaron detenido junto a mi hermano y a Ernesto al chozo de la Huesa. Allí encontré que habían detenido a toda  la familia Cobo. En el chozo habían construido un pequeño subterráneo, donde guardaban los rojos armas, munición y ropas. Tenían camuflados y dispersos, en la espesura del monte, sus escondites, para pasar desapercibidos para quienes transitaban por el camino de acceso al chozo… Estuvimos esperando todos un rato largo, hasta que llegó Rafael, el de Pedro José el Gitano, con una reata de bestias, desde el Llano de la Iglesia, en Navaserrano. Los guardias habían conseguido allí el transporte necesario para llevar los cadáveres de los muertos en el tiroteo de la mañana anterior (por tanto, estamos en la mañana del día 12).

Una vez cargadas las bestias, el sargento nos ató a todos las manos, como si estuviéramos esposados, no escatimando fuerza en apretar los nudos. Con una soga nos unió a todos atándonos de un brazo, para formar una reata de prisioneros. En el orden de la comitiva iba en primer lugar el capitán con su caballo, y detrás las bestias con los cadáveres, entre ellos el de una mujer, seguidos por los presos, todos maniatados y unidos por la soga… compuesta por los dos hermanos Cobo, su padre, Ernesto, un rojo que capturaron con vida, mi hermano y yo… A la tarde llegamos al pueblo. La comitiva se dividió. Las bestias con los cadáveres se fueron para el cementerio y los presos al cuartel.”

He aquí una “historia jamás contada”. Parece ser que todo el día 11, fecha de la masacre, lo dedicaron los guardias a “limpiar el terreno” de campesinos y enlaces, a detener gente, a catalogar el armamento y a descubrir escondites, para acumular pruebas contra todos los detenidos. Se los llevó a la Prisión Provincial y se inició la  Causa núm. 660/47, contra 12 encartados. Y un terrateniente que les dio dinero (seis mil pesetas). Todo un show represivo.                              

 

3

 

Volvemos, una vez más, a las quebradas de Villaviciosa, lugar de la desgracia de la guerrilla antifranquista cordobesa. Hoy nos toca hablar del traidor, porque no  hay gran historia sin un gran traidor. En este caso, en la caída de Julián Caballero, el traidor  a priori fue El Corchete, pero el traidor a posteriori fue José Merino Campos, capturado vivo en el momento de la refriega. Preso y ante las garras del capitán Tamayo, se convirtió en colaborador y confidente de la Guardia Civil, y fue el que dio la puntilla a lo que quedaba de guerrilla en aquellos contornos.

        Sus “servicios” de confidente y traidor fueron enormes, con gran sorpresa para este propio autor (Causa núm. 1.088/47). Merino Campos había huido desde Córdoba a la sierra el 28 de julio de 1946, ya que unos días antes habían explotado unos petardos y lo andaban buscando. Le ayudó la esposa de otro maquis llamado Salvador Bello. Entró en la llamada 31ª División, de “Bellota”, con trabajos de enlace y secretario, por lo que pudo conocer muchos secretos de la guerrilla. El nombre de Merino ya nos aparece en otro proceso de 1941, “el proceso de la centena”, como perteneciente al comité de Córdoba, de donde huyó a Sevilla por estar implicado en un robo de cerdos. Luego, también fue procesado por no incorporarse al servicio militar. Total, todo un personaje.

        Su primer “servicio” fue llevar a la Guardia Civil a un escondite en la finca “Alcornocosa”, en el sitio “Cabeza de la Sepultura”, en la margen izquierda del río Névalo, un almacén enorme de la guerrilla, con un pasadizo tapado con una uralita en medio del bosque. Allí guardaban armamento, piezas de repuesto, de ferretería y albañilería, una máquina de escribir, ropas de todo tipo, camisas kaki, cazadoras, una tienda de campaña, ropa interior, etc. Y les señaló otro refugio de guerrilleros, que estaba evacuado. Luego, el 21 de junio (1947), llevó a la Guardia Civil a un cobijo de la guerrilla, donde sólo se encontraba José Molina Girona “El Pelao” (de Villaviciosa) y lo mataron. Primera víctima se sangre. También delató a un terrateniente, Francisco Nevado “El Mascota”, que había donado a la guerrilla 50.000 pesetas. Después, se ofreció a la Guardia Civil para llevarlos a la cuenca de Peñarroya, que Merino conocía bien. Allí causó la redada del Comité de la CNT de Peñarroya, y la de toda la “organización del llano” de Belmez.

        Exactamente chivateó la siguiente información. Que Merino asistió  a dos reuniones cerca de Belmez, entre maquis y la organización del llano. Una reunión, en unas ruinas donde hay un eucalipto; y la segunda, en un corralón en las inmediaciones de Belmez. En la primera, asistieron los guerrilleros: Anselmo Rubio Rojano “Cristino” (delegado político de la 31 División. De Obejo), Manuel Hidalgo Medina “Bellota” (jefe de la 31 División, de Belalcázar), Jesús Aguilar Sánchez “Mazuelas” (delegado político del 149 Batallón), Claudio Granados Aranda “Redimido” (jefe del 149 Bon., de Hinojosa) y Merino “Felipe”. Por los enlaces de los pueblos asistieron: un tal Ernesto Mantas Molina, un carpintero de Belmez (Pedro Soto), un capataz de Pueblonuevo y los hermanos Jarilla, Antonio y Cayetano.

        En la segunda reunión asistieron: “Redimido”, “Mazuelas” y Merino “Felipe”, como guerrilleros, y por el personal civil: los hermanos Jarilla y otros. El motivo de las reuniones era la formación de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, que era la preferencia de la CNT, mientras que el PCE trabajaba por la Unión Nacional. Volviendo al delator Merino, como tuviera alguna confusión entre los nombres y la fisonomía de los organizados en el Llano, pidió una rueda de reconocimiento disimulada. Así se hizo, y Merino los identificó a todos los detenidos, con pelos y señales. La organización de Belmez quedó al descubierto: Ernesto Fernández Fabio (responsable principal), Gerardo Mantas Caballero (suplente del secretario general, de Pueblonuevo), José Molina Camacho (secretario general de la Comarcal), los hermanos Antonio y  Cayetano (enlaces), un tal Fidel (no sabe), Pedro Jimeno (que estuvo en la 1ª reunión, no sabe), Andrés Ciruela Delgado (es practicante, y fue el que curó a “Mazuelas”). Todos acabaron en la Prisión de Córdoba y sufrieron varios años de condena.

     Para colmo, el Merino “Felipe” formó parte de una “contrapartida”, que actuó entre Peñarroya y Fuenteobejuna. Contribuyó a descubrir la “base” de una guerrilla, donde recogieron mucha documentación, que sirvió para dejar al descubierto al enlace Alfonso Márquez Pareja. De ahí tiraron del hilo y consumaron una redada de una decena de enlaces, que acabaron en la prisión, con los consiguientes años de condena. Luego, actuó para identificar cadáveres de los guerrilleros que iban cayendo.

        Finalmente, Merino pasó a la Prisión de Córdoba, y allí actuó como confidente. Y le llegó el inevitable consejo de guerra, que se celebró en Córdoba, en el cuartel de Artillería, el 24 de septiembre de 1948. Allí se expusieron todos sus “servicios” como delator y confidente. Le cayó pena, no de muerte, sino de 30 años. Se vio libre en mayo de 1962, desde el Centro Penitenciario Antituberculoso de Guadalajara.

Mª Josefa López Garrido "La Mojea" (La foto la conseguí en Puertollano, donde vivía su cuñado Juan Reyes). Una luchadora en la sierra. Cayó en el desastre de la Huesa, junto a Julián Caballero. Fue una cultivada activista política, dirigente de las Mujeres Antifascistas en Villanueva de Córdoba durante la guerra. Ella y Laura Contreras representaron a Córdoba en el Congreso de Mujeres Antifascistas de Valencia. Dice "La Estampa" (13-9-1937): "Ambas intervinieron en la tribuna y arrancaron los aplausos de las asistentes, cuando hablaron de las 'Brigadas de choque' femeninas, que recogían la cosecha en los campos cordobeses, bajo el fuego enemigo".

        Lo pintoresco ocurrió al llegar la democracia de 1977. Merino pidió el ingreso en el PCE, en la Agrupación del Sector Sur, y el Partido, ignorante de sus fechorías, se lo concedió. Al comienzo de mis investigaciones conseguí su dirección y fui a entrevistarlo en su piso del Sector Sur. Me contó vagamente lo del tiroteo y cómo se escondió y salió luego y se entregó, y poco más. Fue una entrevista de poca sustancia, lógicamente. Después me ha contado Ernesto Caballero que con él Merino nunca quiso hablar. Normal, cosa de la mala conciencia.

        Conviene precisar que en La Huesa no todo fue traición, sino que hubo enlaces y puntos de apoyo que lo sacrificaron todo por la causa. La  mejor ayuda de toda la zona fue la familia Cobo Reina, que tenían varios chozos en La Huesa y se ganaban la vida allí con ganado y otras actividades. Procedían de Córdoba (el padre, de Jaén). Ayudaron a la guerrilla en lo que pudieron, y dentro de un chozo permitieron hacer un subterráneo para útiles de la guerrilla. Eran cuatro hermanos (Agustín, Antonio, José y Lucas) y el padre Juan Cobo Gallego. Estos y otros campesinos habrían de sufrir varios años de cárcel.

        Cuando la guerrilla tenía una “base de apoyo”, no quiere decir que de día estuvieran allí metidos, sino fuera, escondidos en recovecos del monte. Y se movían o cocinaban de noche. Y así pasaron y sufrieron unos doce años en las sierras de España, hasta 1952. Fueron, con luces y sombras, la resistencia a la dictadura, sin ayuda de los aliados vencedores en Europa, sin más horizonte que la muerte.

                                                     

4 

 

Conviene volver otra vez a La Huesa, término de Villaviciosa, lugar del desastre. Si antes hemos hablado de los traidores a la guerrilla, ahora hablaremos de los leales,  enlaces y puntos de apoyo. Antes aludimos a la familia Cobo Reina, compuesta por cuatro hermanos (José, Antonio, Agustín y Lucas) y el padre, Juan Cobo Gallego. Tenían terreno arrendado en La Huesa y eran sobre todo cabreros. Desde 1941 empezaron a tener contacto con los huidos. El primer grupo que estableció sus redes por estos chozos al Sur de Villaviciosa (pueblo anarquista) fue “El Cojo de la Porrada”, nombre de un coto donde trabajaban de carboneros, cerca de La Huesa. No sabemos por qué saltaron a la sierra en 1941. Eran tres hermanos: Cornelio (“Moisés” o “Fermín”), Domingo (“Serpiente”) y Bernabé (“El Cojo”, el menor). Éstos, con otros adheridos, se movían por la zona, hasta 1947, como “perico por su casa”.

En estos parajes de La Porrada y La Huesa, bien dotados de bosque y de chozos de enlaces, fue donde llegó, en septiembre de 1945, el jefe de la 3ª Agrupación-Córdoba Dionisio Tellado Vázquez “Ángel” o “Mario de Rosa”, designado por el PCE, un maestro de escuela evadido de las cárceles de Madrid, el cual, a su vez, nombró a Julián Caballero jefe de su “Estado Mayor”. Tenemos un organigrama de la guerrilla cordobesa de finales de 1945 o comienzos de 1946.

En Villaviciosa, una finca muy conocida en la zona se llama Los Boquerones, de Clemente del Rey, donde ya tenemos noticia de que en julio de 1940 se presentaron “El Perica” y “El Mojino”, ambos de Villanueva, y dieron un atraco, llevándose suministro y una yegua, dejando a los caseros maniatados y la puerta cerrada de la llave. Al Perica le quedaba un mes de vida. En esta finca, el cabrero Ernesto Castro era enlace de la guerrilla. Y fue uno de los enlaces presos tras la muerte de Julián Caballero, en 1947. Lo de este cabrero es curioso, porque se pasó varios años surtiendo de leche a la guerrilla. Al anochecer, las guerrillas que andaban por allí, enviaban a por leche al chozo del cabrero Ernesto. Un ir y  venir increíble, y el capitán Tamayo sin enterarse.

El chozo más concurrido por diversas guerrillas era el de Antonio Cobo Reina. En el atestado de su declaración, se ve que por allí pasaron los del “Cojo  de la Porrada”, el jefe “Ángel”, los de Hinojosa (“Godoy del Pueblo”, “Palanco”, etc.), “Cristino” de Obejo, los de “Bellota” (jefe de la 31 Div., de Belalcázar), etc., y nombra también al “Caballero Vacas”, sólo una vez, de lo cual se concluye que Julián era  más precavido y evitaba exponerse a diario en la “romería” de los chozos de La Huesa. Su nombre no aparece en las otras declaraciones de los apresados en el desastre de 1947. No se comprende cómo pudo permanecer en La Huesa tanto tiempo, en una zona ya conocida de tanta gente. Por eso, tal vez, en La Huesa ocurrió lo que tenía que ocurrir.

En cuanto a José Cobo Reina cuenta en su declaración que en los últimos dos años “En su choza han estado varias partidas. Que les hacían encargos, y les pusieron de comer matando alguna cabra. Y les decían los movimientos de la Guardia Civil. Y les ayudaron a construir un refugio, porteando arena…”.

Otro de los hermanos más activos como enlace fue Agustín Cobo. Dice: “Empezó a conocer a los huidos en 1941, cuando a su choza llegó Domingo (de los del Cojo) y otros siete u ocho más. Se comieron un chivo. Y luego siguieron visitando su choza, que no le han hecho encargos, sino que venían con frecuencia a comer y les ponía un chivo. Y por las noches mandaban a por la leche. Los que la recogían eran sus hermanos Antonio y Pepe, que eran los que les hacían los encargos de Córdoba. Que en  alguna ocasión les arregló él los zapatos, los correajes… Una pelliza que les compró en Córdoba, un capote de aguas que les vendió…”. Como se ve, la choza de Agustín (y las otras) era un verdadero restaurante. El movimiento de gente allí por la noche es sorprendente. Pero veo que Julián Caballero no aparece metido en este verbeneo, sino los de “La Porrada”, los del “Bellota” y los muchos huidos que había de Villaviciosa, entre otros.

Curiosa foto del guerrillero Bernabé Caballero Calvo "El Cojo de La Porrada" junto a "La Cortada", madame del prostíbulo de Fregenal de la Sierra, que los maquis tuvieron como base desde el verano de 1947. El prostíbulo fue asaltado a mediados de octubre de 1947, y perecieron "El Cojo" y su hermano Domingo.

Entre los encausados también se encontraba Mateo del Rey, hijo del dueño de la finca Los Boquerones, por no haber dado cuenta de la donación de 6.000 pts. a la guerrilla. Declara que “El 1º de abril del año actual (1947), estando en la finca de Los Boquerones, sobre las dos de la tarde, se presentaron cinco individuos armados. Se lo llevaron a él y a un obrero con destino al campamento de la guerrilla en el cerro Boquerón Grande, donde había cuatro guerrilleros más. Y le obligaron a que escribiese una carta a su padre pidiendo seis mil pesetas. Los tuvieron como rehenes, y enviaron al cabrero Francisco Castro”, dinero que el terrateniente pagó en dos plazos. No dieron cuenta. Termina así Mateo del Rey: “Unos cuatro días después volvieron cuatro de ellos y se llevaron 2 chivos y 4 quesos. Conoce a 5 de ellos, naturales de Villaviciosa: ‘Luquillas’, Florencio Martín Benítez, ‘Ramillos’ y ‘El hijo del Apaño’. Luego se enteró de que los maquis solían ir a recoger la leche al chozo del cabrero”.

Hemos visto una estampa contradictoria de cómo tenía que sobrevivir aquella gente huida, a causa de una hecatombe en España: la guerra. En Francia, la resistencia recibía en paracaídas de los aliados suministro y armas. En España, no.

El zapatero Manuel Jurado Gómez también fue detenido, porque surtía de zapatos a la guerrilla, sin saberlo, ya que su sobrina lo engañaba y le encargaba zapatos con diversos pretextos. Otro detenido fue Rafael Ruiz Tirado, que cuenta un curiosísimo encuentro con el maquis Dionisio Habas “Eugenio del Real”, de La Cardenchosa: “Hace seis o siete meses (finales de 1946) se presentó el guerrillero Dionisio Habas diciéndole que se fuese con él a echar un día de campo, y lo llevó a un lugar por debajo del Castillo del Névalo, donde estaban los demás, con los que estuvo hablando…”. El asunto era crear, dentro de Villaviciosa, un Comité de Ayuda a los guerrilleros, pero no hubo seguidores.

Esta tentativa estaba pensada para que gente de izquierdas (“guerrilla del llano”) organizara la manera de enviar algún suministro y ropas a los guerrilleros, y así éstos no tendrían que dar golpes económicos. Era un proyecto insólito y utópico en aquellos años de persecución. Dionisio Habas, de la CNT, era un hombre muy idealista y pensó así hacerse hombres de paz. Su fin sería terrible. Él y alguno más intentaron, en 1950, camuflarse como mineros en Aznalcóllar (Sevilla), igual que Hilario Martínez Aranda “Godoy del Pueblo” (de Hinojosa, del PCE) en las faenas de la siega en Calera de León (Badajoz). Éste último fue el que actuó de jefe de la guerrilla cordobesa tras la caída de Julián Caballero. Pero fueron descubiertos, detenidos y sometidos a un largo proceso franquista. Tanto Dionisio Habas como “Godoy” fueron fusilados en las tapias del cementerio de San Fernando, de Sevilla, el 30 de enero de 1953. Ese día acabó la 3ª Agrupación de Córdoba. Vae victis!  Escribe Tito Livio.

                                                         

5

 

Como causas de la caída de Julián Caballero, además de la traición de El Corchete (cuyos datos ignoramos, de momento), se nombró también a Enrique Español Ruiz, que se había entregado unos meses antes. Pero esta alusión no es cierta. Veamos datos del archivo de Sevilla. Este personaje no anduvo por Villaviciosa, sino por la zona de Belmez. Era vecino de la aldea El Hoyo, de 22 años. Se incorporó a la guerrilla, caprichosamente, el 11-2-1947, al grupo del “Capitán Espada”. Anduvieron por la zona entre Belmez y Fuenteobejuna, con base principal en el cortijo “Aguayo de Boza”. La formación política de este “Español” debía de ser nula, porque a los cuarenta días desertó y se entregó en el cuartel de la Guardia Civil de Belmez, el 24 de marzo, a media noche. Sólo había intervenido en un atraco y en la colocación de una bandera republicana en Pueblonuevo.

          Al entregarse, rápidamente se avisó al jefe de la 1ª Compañía acuartelada en La Cardenchosa, el célebre Capitán Joaquín Fernández Muñoz, que el año anterior había desatado el terror en Villanueva de Córdoba (Entre otros excesos practicó una gran redada, con el maestro don Vicente Pascual a la cabeza), ahora regía en las aldeas de Fuenteobejuna, y en 1948 pasó a la zona de Hornachuelos. El caso fue que el Capitán Fernández hizo “desembuchar” al presentado Enrique Español, el cual confesó lo siguiente: “Que la guerrilla de Espada había salido la noche anterior hacia La Patuda (término de Fuenteobejuna), para entrevistarse con el jefe del llamado ‘149 Batallón’”. Se ordenó una gran batida por La Patuda, y a las 9 de la mañana del 26 de marzo (1947) se toparon con la guerrilla de “Espada” (Francisco Manzano Aragonés, 39 años, de Castuera, pero vecino de Hinojosa), en la finca Montesina. Cayeron tres guerrilleros (“Espada”, Nemesio Habas, de La Cardenchosa, y Juan A. Esquivel, de Piconcillo) y dos infortunados enlaces que estaban allí en algún recado (Daniel Gallardo, de Los Pánchez, y Santiago Benavente, de Argallón). Aquí hubo de todo: tiroteo, fusilamiento y “ley de fugas”. Total, cinco muertos. Estas fueron las “treinta monedas” con las que el delator Enrique Español consiguió salvarse (Causa núm. 468/47).

Ángel Moreno Cabrera "El Pincho", de Pozoblanco, del grupo de Julián Caballero, junto al que pereció en el desastre de la Huesa, el 11-6-1947 (Villaviciosa).

        Aún nos falta aludir a otra mujer que estaba en la sierra en la zona de Villaviciosa, además de la jarota Mª Josefa López. Era Magdalena Cortés Díaz, 23 años, de Almodóvar, pero vecina de Villaviciosa). Se echó al monte en junio de 1946, junto con su marido José Muñoz Castro “Chaparro” o “El Apaño”, que estaban trabajando en la finca “Orejón”, de Villaviciosa, y  de allí saltaron a la sierra en junio de 1946, cuando se presentaron allí Juan Calero Murillo “Noriego” o “Gorrión” (de El Viso) y un hermano de Magdalena, Antonio (que ya estaba en la sierra desde abril de 1946). Contaron que unos días antes habían detenido herido a “Cocina” (José Murillo), el padre del “Comandante Ríos”, y que se iba a descubrir la labor de enlaces en el cortijo “Orejón”, por lo que se fueron a  la sierra con ellos Magdalena y su marido José Muñoz.

        Cuenta Magdalena en sus declaraciones que ella estuvo siempre en el campamento base, llamado “Fuente Vieja”, debajo de un alcornoque, donde el vigilante era José Ramos García “Ramillos”. Por allí pasaban muchos guerrilleros: “El Ángel” (o “Mario de Rosa”), el jefe de 3ª Agrupación, “Cristino” (de Obejo), Domingo Caballero Calvo (de La Porrada), Juan Aranda Nogales “Palanca” (de Hinojosa), los hermanos Martín Benítez (Cándido, José, Julián, Florencio y Rodrigo), todos víctimas del desastre. Y pasaban también por allí “El Bellota”, “El Tigre”, etc. Pero no consta en estos lugares Julián Caballero, que debía de tener su zona muy protegida.

        Ocurrió el problema de que Magdalena Cortés se quedó embarazada. Entonces, a finales de 1946, a instancias de su marido José Muñoz y de “Cristino”, ocurrió que dos enlaces recibieron la orden de llevarla a Córdoba para dar a luz. El 14 de diciembre encontraron alojamiento en la calle Pozanco, 7, del barrio Olivos Borrachos. Allí, bajo la protección y el dinero de los guerrilleros,  dio a luz a una niña, no tardando en ser detenida la madre, el 18-4-1946. Sufrió sólo un año de cárcel, y dos años, los enlaces que la llevaron. Así eran las turbulencias que el golpe militar de 1936 trajo a los españoles, a la gente de abajo, durante un mínimo de más de dos décadas: persecución, huidas, humillaciones, hambre, muerte, dolor y lágrimas.

Los inicios en la trayectoria de Julián Caballero. En aquel submundo de los años veinte y treinta en Villanueva, donde existía una masa de tres mil jornaleros del campo, la Villanueva de hoy es irreconocible. Entonces era un pueblo agrícola y ganadero. En las primaveras se veían los campos verdes de Villanueva, llenos de sembrados por todas partes. Todos los cortijos barbechaban, sembraban, escardaban, segaban, trillaban y sacaban el grano y  la paja. Todo eso ha desaparecido. Hoy, se tienen 200 ó 300 vacas, subvencionadas por la CE (de donde sacan un dineral), y con un solo operario que les echa un vistazo, ahí está toda la capacidad de trabajo que hay ahora en Villanueva. Antes, en otro contexto agrícola y latifundista se desarrolló el movimiento obrero de Andalucía y de Villanueva. Y en ese mundo de braceros mal pagados surgió la pujanza del PCE en Villanueva, junto a una docena de líderes activistas que han hecho historia.

        Entre los que descollaron por la firmeza de sus ideas está Julián Caballero Vacas. Contra lo que pueda pensarse fue un líder ponderado, de gran personalidad, apaciguador de los exaltados, intransigente en los derechos de su clase, pero dialogante con los duros patronos de la época. De cultura autodidacta destacó como árbitro en medio de la enorme ebullición social de los años previos y coetáneos a la II República.

        Julián, obrero del campo y de la construcción, incluso vendedor de peces por las calles, había nacido en Villanueva el 31 de agosto de 1894, en la calle Independencia, 18, hijo de Miguel y de Marina, siendo el tercero de 5 hermanos (Bartolomé, Antonio, Julián, Marina y Miguel). En 1926 se casó por lo civil con Dolores Castillo Coleto, y tuvieron 5 hijos, por este orden: Marina, Alfonsa, Miguel, Ernesto y Dolores. De ellos, el continuador en la línea política ha sido Ernesto Caballero, que ha sido secretario provincial del PCE muchos años, diputado andaluz, diputado nacional y miembro del Comité Central.

        En la conocida obra Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, de Díaz del Moral (p. 313) consta ya una de las primeras actividades políticas de Julián Caballero, cuando en el otoño de 1922 representó a los jóvenes comunistas de Villanueva y de Montilla en el I Congreso Regional del PCE en Sevilla, en cuya preparación fue decisiva la labor del hermano menor, Miguel, que entonces cumplía en Sevilla el servicio militar.

 

6

                                        

Los hermanos Caballero Vacas (Bartolomé, Julián y Miguel) fueron pieza clave en el grupo de jóvenes socialistas que en 1921 se adhirieron a la III Internacional y fundaron el PCE en Villanueva (en la Casa del Pueblo, c/ Pozoblanco, 18). Luego ocurrió la dictadura de Primo de Rivera en 1923, y las persecuciones arreciaron. Pero  el  foco comunista de Villanueva logró mantenerse constante, a pesar de las emigraciones de algunos dirigentes, como Nemesio El Floro (a Jaén), Adriano Romero (a Córdoba), y otros, a Villafranca o a Espejo.

        Julián Caballero hizo su vida siempre en Villanueva. Con la llegada de la República, su presencia pública se multiplicó. En el Archivo Histórico Nacional de Madrid se conserva el texto de una instancia, dirigida al ministro de la Gobernación, con fecha 7-4-1931, redactada al término de una manifestación en Villanueva de todos los grupos antimonárquicos en pro de la amnistía, entre cuyas firmas se encuentra la de Julián Caballero, en nombre del PC local. Él fue también uno de los firmantes del Pacto Único de Izquierdas, de republicanos, socialistas y comunistas, el 23 de marzo del mismo año, que hizo posible el triunfo en las elecciones del 12 de abril.

        En  estas elecciones decisivas, Julián Caballero fue también candidato por el Distrito Primero, en liza con “El Niño Herruzo” y con Torrico, pero fue en este único distrito en el que los monárquicos vencieron a las  izquierdas, ganadoras en todos los demás distritos (las elecciones entonces se hacían por distritos). Entre los vencedores salieron dos concejales del PCE. Julián ocupó entonces el cargo de jefe de la Policía Municipal. La vida local ocurría sin sobresaltos, hasta que el 1 de octubre de 1931 se declaró una huelga en Villanueva, para la colocación de los parados y la subida de los jornales. El gobernador Valera Valverde echó sobre Villanueva una masa de guardias civiles. Los huelguistas, en número de un millar, huyeron al campo y recorrieron los cortijos, para que los obreros se sumaran a la huelga. El gobernador provocó una gran alarma diciendo que “los comunistas saboteaban el ganado cortando las patas a los animales” (sólo mataron dos ovejas para comer) y otras mentiras de grueso calibre, con tanto escándalo que vino prensa de Madrid para cubrir “la intentona del mayor feudo comunista de Andalucía”. Muchos huelguistas regresaron al pueblo y se entregaron, entre ellos Julián Caballero. Los detenidos sumaron 17, que subieron a un camión y estuvieron unos días en la cárcel de Pozoblanco, incluido Julián, el cual aparece en las fotos preso en a la puerta del Ayuntamiento.


Cuerda de obreros presos en la puerta del Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, con motivo de la huelga de primeros de octubre de 1931. Al fondo, en el dintel de la puerta se ve a Julián Caballero. Fuente: "ABC", "Estampa", "Ahora", Madrid, 9-13, octubre, 1931.

        Julián Caballero actuaba en representación del PCE local. En diciembre de 1931 formó parte de la Junta Local de Reforma Agraria, por parte obrera, y por la parte patronal: Antonio Torrico y Antonio C. Herruzo Martos. El núcleo comunista de Villanueva tenía entonces tanto peso en la provincia que dos de sus miembros (Adriano Romero y Miguel Caballero) fueron incluidos en la candidatura de las elecciones de 1931, triplicaban el número de votantes socialistas y daban impulso a un sindicato propio: la Federación Local Obrera, afiliada a la Internacional Sindical Roja (Así ocurrió. Las derechas no quieren que las izquierdas tengan historia. Pero la tienen. Qué le vamos a hacer).

        En enero de 1932 sufrió Julián Caballero su segunda detención, por orden gubernativa, por ser uno de los firmantes de un oficio de huelga para el 15 de enero. Al ser retirado el oficio de huelga, fue puesto en libertad, siendo destituido ya como jefe de la policía municipal. En octubre de 1932 fue nombrado capataz de nave del Matadero Municipal. En enero de 1933 formó parte de la Comisión de Policía Rural, para vigilar el cumplimiento de la Ley de Laboreo Forzoso. Y en mayo de 1933 acompañó al concejal Pedro Torralbo Gómez, en viaje a Córdoba, para exponer al gobernador la grave crisis de paro obrero que sufría el pueblo. Vinieron luego largos meses de avatares y represiones para la gente obrera de Villanueva durante finales de 1933, 1934 y 1935 (el Bienio Negro): cierres de locales, detenciones y destituciones.

        En busca de la unidad obrera, el 11 de agosto de 1935 se creó en Villanueva la Unión Sindical, que incluía a todos los grupos  de izquierdas, y como presidente de la misma fue nombrado Julián Caballero. Este organismo fue ya un precedente de Frente Popular; por lo tanto quedó disuelta la Federación Local Obrera. Y con ese afán de unidad se fue llegando al fatídico año de 1936, donde la militarada haría saltar por los aires la República democrática. Según el B.O.P. (23-3-1936) sabemos que el 7 de marzo de 1936 Julián Caballero accedió a la alcaldía de Villanueva, al frente de una coalición de izquierdas, según el reparto del Frente Popular, vencedor en las elecciones del 16 de febrero (La pérdida del libro de Actas correspondiente a este año ha desaparecido del Ayuntamiento nos priva de otros detalles).

        Al final de la primavera de 1936 los patronos de Villanueva se negaron a realizar las faenas de la siega. Y un millar de obreros “viéndolas venir”. Éstos inventaron lo de la “siega de asalto”. Formar cuadrillas, ponerse a segar y luego ir a cobrar a casa del terrateniente, a lo que la mayoría de patronos se negaban. A un trigal de Antonio C. Herruzo Martos llegó una cuadrilla. Herruzo preguntó quién la dirigía. Le contestaron que Julián Caballero. “En ese caso, dejadlos que sigan”, respondió Herruzo (Fuente: Ernesto Caballero). Es una anécdota verosímil, porque Julián era respetado según lo que en Villanueva se llama “formalidad”, sin merma de sus convicciones en su defensa de la causa obrera.

        Y en esto, ¡estalló el 18 de julio! El golpe militar que arruinó a España entera. Ningún hogar español se vio libre del cataclismo. Los golpistas no salvaron a España: “la hundieron”, la dividieron y la regaron de sangre. En fin, para qué insistir. El caso fue que a Villanueva le cayó todo aquello encima. Julián Caballero se afanó por controlar la indignación popular. El alcalde Julián tuvo noticias del golpe militar el día 18 de julio por la noche, en el local obrero de la calle Industria, abarrotado de gente. Y el 19 por la mañana lo supo oficialmente, cuando llegó de Córdoba un telegrama con la declaración del estado de guerra. El jefe de Telégrafos se lo entregó a él, y no a la Guardia Civil. Enseguida  se detuvo a algunos derechistas y falangistas.

Aquel día 19 de  julio por la mañana, la  Guardia Civil, al mando del brigada Romero Revuelto, se presentó en el Ayuntamiento a tomar posesión de la institución y declarar el estado de guerra. Allí estaban el alcalde y el primer teniente de alcalde, Juan Gómez Calero. Se negaron a celebrar una sesión de entrega del poder civil al militar, como se hizo, por ejemplo, en Pozoblanco. Y se marcharon a la zona del Calvario, donde se iba concentrando muchísima gente, por todos los alrededores del pueblo. Se puso el puesto de mando obrero en el Hospital, pero enseguida se buscó otro sitio mejor: el caserío del Cercón del Niño Herruzo. Y se creó el Comité de Defensa de la República. 

                                                

7

 

El golpe militar provocó de inmediato un movimiento popular de resistencia, de defensa de la República democrática. En Villanueva, el domingo 19 de julio (1936) la mayoría de la gente de izquierdas se salió al extrarradio del pueblo, y se formó un Comité de Defensa, presidido, seguramente, por Julián Caballero, con sede en el caserío del Cercón del Niño Herruzo. La gente republicana rodeó el pueblo por todos sus alrededores, y procedieron a la reconquista, para rendir el cuartel y a los rebeldes de la burguesía. Parece que el día 22 algún dirigente (uno fue Francisco Sánchez “Curro Beatas”) se trasladó a Puertollano, de donde se trajo a unos 20 mineros, provistos de dinamita, de lo que hay datos (Causa General, Córdoba, AHN, Madrid). Se ha hablado de “mineros de Linares”, pero no tengo constancia. Sí que vino un camión de milicianos (¿algunos de Linares?) de los que empezaban a luchar por Villa del Río, Pedro Abad y El Carpio, por orden de Nemesio Pozuelo “El Floro” (alma de la defensa en Jaén), y por gestión de Pedro Torralbo “Cuadrado”. Con estas milicias de Villa del Río venía gente de Marmolejo, porque uno de sus naturales, Vicente Cano Ollero, fue el primero que murió, por disparo fortuito en Los Barreros, el día 22.

        El 23 de julio arreció la toma de Villanueva con cólera popular nunca vista, a bombazo limpio. No podían avanzar por las calles, porque estaban barridas a tiros desde la torre, Ayuntamiento, Telefónica y cuartel de la Guardia Civil, con refuerzo de los guardias de Conquista y El Guijo (Los demás guardias de pueblos se concentraron en Pozoblanco). La gente obrera avanzaba de casa en casa, rompiendo tabiques y medianerías. El pueblo humeaba, algunas casa ardían (como la del Lauriano y la de los Martos, en la calle Real, o la de mi tía Juana Zamora, en la plaza del Carmen). Los sublevados empezaron a sentir pavor en los edificios altos que controlaban (en la torre estaban: Antonio Torrico, guardias y otros). El día 23 terminó con la conquista de gran parte del pueblo, menos el centro. Amaneció el 24 de julio, fecha de la victoria para unos y la derrota para otros. Al mediodía, viéndose perdidos los de la torre y Ayuntamiento, decidieron dar una estampida por la calle Herradores, en medio del fuego enemigo. Varios de ellos fueron heridos en ese trayecto y, al torcer por el callejón del Rey, cayó muerto el derechista Bartolomé Ochoa.

        Cercados sin remedio en el cuartel, guardias y derechistas, se decidió la huida a toda costa, con el fin de llegar a Pozoblanco. En plena siesta, a eso de las cuatro de la tarde, por la puerta falsa del cuartel, salieron corriendo al “sálvese quien pueda” unas 50 personas, por la calle Bailén y luego el Callejón de las Vacas, hacia la vía férrea. En  la primera calle quedaron ya 8 muertos: 6 guardias civiles, un propietario y un guarda de Torrico. Los demás llegaron a la vía y entraron en la cerca de La Charquita, sembrada de cereal. Le pegaron fueron para evitar a sus perseguidores, pero muchos milicianos ya se había adelantado e incendiaron la cerca por la parte de abajo, con lo que derechistas y guardias quedaron cercados por el fuego. Se refugiaron en la casilla de Pedro Calero, que todavía existe. Y allí no tuvieron más remedio que rendirse.

        En la cerca de La Charquita habían caído antes: dos guardias más y dos falangistas (Antonio Moreno Torralbo y Antonio Arenas Écija). Desde La Charquita, un guardia huyó a Conquista y allí lo mataron. Otro guardia escapó, sin que sepamos cómo, se fue para Jaén y allí lo protegió el capitán Reparaz. Los demás prisioneros fueron conducidos, entre el griterío airado de una masa vociferante, de vivas, mueras y puños en alto, por el Paseo de la Estación, a los Grupos Escolares del Regajito, donde quedaron detenidos. A las 8 de la mañana del día 25, los 9 guardias supervivientes, más un civil (Antonio Torrico) fueron llevados al cementerio y fusilados. El brigada Romero Revuelto había quedado escondido en La Charquita. El día 25 lo descubrieron y lo mataron. Son desastres que ocurren una vez cada cinco siglos, pero ocurren. Si no hubiera estallado el golpe militar, nadie habría muerto, ni de un lado  ni del otro (Véanse mis libros La guerra civil en Córdoba, 1985, y El genocidio franquista en Córdoba, 2008).

        Julián Caballero apenas pudo contener a las masas. Al menos puso una guardia en la casa del cura don Marcial, cuya salvación consiguió. El día 25, en la calle Industria trató de evitar la muerte del secretario del Ayuntamiento (Juan Moreno Copado), poniéndose delante de él, pero lo empujaron, y el secretario fue abatido. También el día 25 se organizó en la plaza la gran quema de las imágenes de la iglesia. Cuando los milicianos quisieron sacar el archivo parroquial, el alcalde Julián los increpó y les advirtió que ahí estaban escritos los nombres de ellos, de sus padres y abuelos. Y consiguió que desistieran.


Una foto insólita de la calle Pozoblanco, de Villanueva de Córdoba, vista desde arriba, a finales de julio de 1936, con las banderas y trapos rojos de la revolución (Fuente: ABC, Madrid, 1-9-1936).

        Tras el terremoto del verano de 1936, Villanueva pasó a ser la capital de la parte republicana de Córdoba, con la sede del Gobierno Civil (casa de los Benítez, calle Herradores), Diputación (convento de Cristo Rey), sede provincial del PCE (casa de los Herrero), etc. El Ayuntamiento (Consejo Municipal) se renovó el 24-2-1937, con 21 consejeros, según el reparto del Frente Popular, y Julián Caballero siguió como alcalde. Una de sus tareas fue coordinar la puesta en marcha de las Colectividades, en el otoño de 1936. En una entrevista de Mundo Obrero (21-5-37), Julián declaró que las colectividades se hicieron, sobre todo, en las grandes fincas “de los grandes terratenientes que huyeron o se sumaron al movimiento”, precisando que la colectividad no afectaba al pequeño propietario, el cual “cultiva particularmente su parcela”.

        En la parte republicana de Córdoba hubo 41 colectividades adscritas al PCE; 23, a la CNT; 18 mixtas, en 1937. En Pozoblanco eran de la UGT. A mediados de agosto de 1936, en el Teatro Variedades de Villanueva se celebró una gran  asamblea de jornaleros y campesinos, bajo presidencia del alcalde Julián Caballero, a fin de cultivar las 30.000 fanegas de tierra incautadas a los sublevados. Se creó la “Colectividad de Obreros Agrícolas” (Más de 1.000 obreros, subdivididos por cortijos) adherida al sindicato comunista Unión Sindical Obrera, con un Consejo de Administración presidido por Blas Gómez Medina y Alfonso Leal Martínez como secretario. Ambos fusilados en la posguerra (Véase mi libro La guerra civil en Córdoba, 1985, a partir p. 531).

        En 1938, Julián Caballero fue movilizado al frente de Pozoblanco,  y le sustituyó como alcalde su hermano Bartolomé Caballero. A finales de ese año, ostentó el cargo de comisario, a raíz del misterioso asesinato de su antecesor Andrés Muñoz Caballero “El Lobo”, en el frente de Valsequillo, parece que a manos de un comando anarquista. Al final de la guerra, Julián se vino andando desde el frente hasta Villanueva. Había quedado con su mujer e hijos en un cortijo indeterminado, supongo que antes del golpe de Casado-Besteiro-Mera, el 5-3-1939. Pero no se encontraron. Suponemos que estuvo detenido por los casadistas, con otros destacados del PCE, en una casa de la calle Real. El 26-3-39 fueron liberados, ya sólo con el tiempo justo para huir a la sierra. Se inició la fase definitiva de su vida.

 

8

 

Insistamos en que el 24 de febrero de 1937 se renovó el Ayuntamiento de Villanueva y se creó el “Consejo Municipal”, y continuó como alcalde Julián Caballero, quedando como tenientes de alcalde, por este orden: Juan Gómez Calero, Emilio Castejón, Juan J. Mohedano, Miguel Silva Jurado y Rafael Duque (con presencia de una mujer, Mª Josefa López “La Mojea”), según el variopinto reparto del Frente Popular, 21 concejales. El acta termina así: “El camarada Julián Caballero extiéndese en consideraciones sobre el inmenso beneficio que haríase a la revolución iniciada, si todos cuantos componen el Consejo Municipal se dedicaran a trabajar y a resolver los miles de problemas pendientes, olvidando antiguas rencillas de partido u organización, y  caminando, por tanto, en perfecta armonía”.

        El 5 de mayo de 1937 el alcalde viajó a Valencia para conseguir, a cambio de otros productos, suministro de trigo y otras subsistencias para la población. Tenemos constancia de, al menos, tres viajes: el citado de Valencia, Ciudad Real y Barcelona, siempre con el problema de abastecimiento de fondo. En enero de 1938, acompañado de una nutrida comisión, se trasladó a Barcelona, debido a los problemas de abastecimiento. El 16 de mayo de 1938, Julián Caballero dejó la alcaldía, al ser movilizado al frente, y le sustituyó su hermano Bartolomé, el cual ejerció hasta el “golpe de Casado”, en marzo de 1939.

        En la noche del 26 de marzo de 1939, militares a punta de metralleta liberaron a los comunistas presos por los “casadistas” en la casa núm. 17 de la calle Real. Un grupo considerable de más de 30 salieron hacia la sierra, por Conquista y La Garganta, en diferentes direcciones. Reconstruir las andanzas de los diferentes grupos es ardua tarea (Véase mi libro La resistencia armada contra Franco, de 2.001).

        Para las primeras andanzas del grupo de Julián en la sierra me valí de diversos testimonios recogidos en los primeros años 80’s. Eugenio Pozo (qepd) me testificó que “Poco después del final de la guerra tuvieron un refugio en un abrigo del terreno, frente a la Posada del Manzano, entre el arroyo del Valle y la Loma del Pizarro. Un segundo refugio fue en la finca “Corchuelos”, en el lugar llamado “Hoyón de Martínez” (Loma de la Higuera), donde los descubrió la Guardia Civil por delación de Manuel “El Serranillo” (No confundir con José, que también era huido).

        “Un tercer refugio fue en la Umbría del Gato, entre el arroyo Arenosillo y Mañuelas, en la finca llamada ‘Cañada del melonar’. De ahí salieron corriendo en la montería de Diego ‘El Chato’. Tenían cómplices en el cortijo de allí, y detuvieron a gran cantidad de campesinos. Otro refugio lo tenían en Las Minas de la Umbría del Gato. Allí –sigue Eugenio Pozo- me encontré un día con Julián, su hermano Bartolomé, “La Mojea” y un joven de Porcuna. Me pidieron los últimos periódicos. Estaban impacientes por el final de la II Guerra Mundial,  esperanzados con la ayuda de los aliados. María Josefa me dijo: ‘Si yo sé lo que esto iba a durar, me hubiera entregado el primer día”. Iba con pantalón de pana, una cazadora y un fusil. Todos se quejaban de las penalidades que estaban pasando”.

        Otro testimonio de Juan Gutiérrez “Bruno” sitúa a Julián en el otoño de 1939: “En octubre de 1939 empezaron mis contactos con los de la sierra. En el grupo de Julián iban entonces: un municipal de Pozoblanco, Mª Josefa López, Bartolomé Caballero, Basilio Villarreal, José Delgado ‘El Serranillo’, etc. Este primer contacto ocurrió en el cortijo de Panadero (Barranco de ‘Los Pobos’). Mª Josefa me preguntó si ella podría entregarse. Estaban comidos de piojos. No querían tomar medidas contra nadie, para evitar represalias con otras personas de izquierdas, y se lamentaban de tener que ir escondiéndose como animales. Hasta aquellas fechas, su recorrido había sido por La Garganta, el término de Cardeña y de Adamuz o Montoro. En noviembre de 1939 fui detenido junto con mi padre, por sospechas de enlace, a raíz de haber capturado al “Policía” de Pozoblanco.

        “En 1943 me encontraba de nuevo haciendo labor en El Valle, y un día en que estaba poniendo cepos, me salió Julián al encuentro. Me dijo que Basilio se había separado del grupo y que me contaría los motivos. Al final de aquel año hicieron una montería Diego ‘El Chato’ y otros, y se metieron en el campamento de Julián en ‘Las Umbrías’, cerca de ‘Las Pedrizas’. Dieron cuenta y  se presentó la Guardia Civil del destacamento de ‘La Loma de La Higuera’. Requisaron todo. Aquella misma noche me encontré con Julián, y  me dijo que les había quedado algo de comida, porque la tenían repartida por varios sitios. Me contaba que les horrorizaba cuando tenían que salir a buscar comida.

        A los pocos días de aquello citaron a todos los campesinos de por allí al cortijo de Torrico en la ‘La Loma del Caballero’, y nos tuvieron presos tres meses, pero tuve suerte de que no se descubrieron mis entrevistas con Julián. Me descubrieron en diciembre de 1944, me trajeron a las Escuelas de la Fuente Vieja y me pegaron. A primeros de enero de 1945, la Guardia Civil me llevó a dar una batida por la sierra en busca de los guerrilleros. Los llevé por El Valle. Semanas después, viniendo también Diego ‘El Chunga’, me llevaron a otro recorrido por El Valle.”


El autor en su casa de Getafe, en compañía de Miguel Caballero, hermano menor de Julián, durante una larga entrevista, a finales de septiembre de 1979.

        Sabemos que en mayo de 1940, el grupo de Julián, con “El Serranillo” y otros, estuvieron en el cortijo de “Venta Velasco”. Parece que fue en el otoño de ese mismo año, cuando estuvieron a punto de capturar a José Delgado Curiel “El Serranillo”, delatado por su propio hermano Manuel, que era yegüerizo de Torrico, y descubrió a la Guardia Civil el refugio, por la zona de “Las Piedras de la Sal” o “Barranco del Sevillano”, en El Valle. Los cercó la Guardia Civil, pero lograron escapar en el último momento, pero perdiendo todas las provisiones.

        El 25 de noviembre de 1941, el grupo de Julián Caballero se vio envuelto, contra su  voluntad, en un suceso sangriento. Una pareja de la Guardia Civil salía del “Barranco de los Pobos” hacia la carretera de Adamuz, cuando el alférez Eduardo Soler Ruiz se metió en el escondrijo de los guerrilleros, llevado de la curiosidad, por un perrillo que ladraba. El alférez recibió un disparo mortal y los guerrilleros huyeron. Al día siguiente se presentaron por allí Diego “El Chunga” y otros, para dar un escarmiento a los campesinos de la zona, en concreto la familia de “Los Quemados”, a los que apalearon salvajemente.

        En los años 80’s también tuve la suerte de hallar el testimonio de Antonia Huertas, de la calle Pelayo. Me contó: “Hacia 1941, el grupo de Julián estaba en ‘Los Peñascares de Illescas’, cerca del castillo de Mogábar. Yo me encontraba en una choza próxima, y llegó un muchacho diciendo que había visto a unos hombres comiendo. Entonces yo me acerqué y les llevé medio pan y unos huevos. Los vi muy desilusionados, con los pantalones de pana muy zurcidos. Mª Josefa se lamentaba de la mala suerte que habían tenido con su refugio de ‘El Sevillano’, y hubieron de dejar allí todo lo que tenían. Yo les dije que por qué no liquidaban a los que se daban de amigos y los estaban traicionando. Julián me respondió que ‘la misión de ellos no era matar’”. Después, esta entrevista llegó a oídos de la Guardia Civil, y Antonia Huertas sufrió cárcel en Córdoba, donde dio a luz.

 

9

                                                          

Conviene diseñar un paréntesis para ver qué ocurría en el pueblo natal de Julián Caballero al comienzo de los años 40’s, como la labor de aquellas mujeres de Villanueva, que a comienzos de 1941 tuvieron la temeridad de fundar un Comité clandestino. Muchos hombres estaban presos, otros habían sucumbido en el frente o marchado al exilio. Así, el primer Comité clandestino del PCE de la posguerra en Villanueva fue obra de un grupo de mujeres. La discreta activista fue Dolores Romero Cachinero (c/ Lepanto, 22), hermana del diputado Adriano Romero, preso en Córdoba. Los varios centenares de presos que había en las Escuelas de la Fuente Vieja de Villanueva salieron conducidos para Córdoba en tren, el 26 de septiembre de 1940.  

Victoria Fernández Castillo, la esposa de Adriano Romero, era la encargada de sacar papeles de Adriano desde la Prisión Provincial, mediante un doble fondo de tela en el cesto de la comida. Se daban directrices para constituir comités en la capital y en los pueblos. En el Comité de Córdoba actuaba Victoria, siendo el secretario Diego Montero. Aquellos comités fueron más bien organismos de socorro para los presos, que morían masivamente en 1941. Desde Córdoba se dio orden a Dolores Romero para fundar el Comité de Villanueva, con dos objetivos principales: recaudar fondos para los presos y contactar con los hombres de la sierra, sobre todo con Julián Caballero.

Adriano Romero Cachinero, uno de los líderes del PCE histórico, de Villanueva de Córdoba, ex diputado del Frente Popular, preso en Córdoba en 1940, cuya esposa Victoria Fernández actuó de enlace entre Córdoba y Villanueva,, para crear un comité de mujeres, con el fin de contactar con los huidos en la sierra, además de recaudar fondos para los presos, que se morían de hambre. Este comité de mujeres cayó en la redada del otoño de 1940, el célebre "proceso de la centena". Las hermanas de Adriano, Dolores e Isabel, fueron unas activistas de lucha obrera.

Dolores Romero visitó a María Muñoz Caballero “La Loba” (c/ Progreso, 10, modista, 32 años). Yo la conocí en la calle Concejo, con su hermana Inocencia. Me contaron mucho, sobre todo del célebre “Proceso de la centena” o “de La Parrala”, una redada de muchas más de cien personas. A Dolores Romero la conocí en Espejo, en una de mis correrías históricas. Allí rehízo su vida desterrada por el franquismo.

Se hicieron reuniones en casa de Dolores, en la calle Lepanto. Y de ahí salió constituido el primer Comité del PCE de la posguerra en Villanueva: Dolores Romero (enlace con Córdoba), María Muñoz Caballero (organización), Isabel Gutiérrez Romero “La Chata” (acción femenina y propaganda), Miguel Cabrera Agenjo (Agitación y sindical campesina) y José Vioque García “Reciencenao” (secretario local). Acabo de enterarme por el consejo de guerra 1.546/41, que “El Reciencenao”, hermano de nuestro zapatero de toda la vida, fue el dirigente de aquel primer comité. Los contactos con los de la sierra los llevaban Vioque y Miguel. María e Isabel se dedicaban a intentar recaudar algunos fondos (con poco éxito) para los presos de Córdoba, y también hacían jerseys de punto con el mismo fin.

Con Isabel Gutiérrez “La Chata” (37 años entonces, soltera, c/ Alegría, 48) también tuve la fortuna de hablar hacia 1980, en su dirección de Vallecas (Madrid), que me habían dado. Mujer enlutada, amable, me explicó cosas, pero fue esto al comienzo de mi investigación y hubiera necesitado una segunda entrevista, sobre todo ahora, cuando sabemos mucho más. Esta mujer estuvo en la “lista negra” de la masacre de Las Almagreras (8-6-1948). Pero alguien del “Casinillo” le avisó (porque todo se cocía en el Casino), y el día anterior a la masacre cogió el tren y se plantó en Madrid, de donde no regresó más.

Otro empeño de estas mujeres fue intentar hacer llegar a Julián Caballero una carta que había enviado Adriano Romero desde la prisión. La carta la custodiaba Dolores Romero en su casa. Entre otras cosas, Adriano pedía ayuda “porque se morían de hambre”, literalmente. Un día de mayo de 1941, José Vioque se encontró por la calle a David “Farola”, el cual le anunció que al día siguiente iba a verse con los huidos en su cortijo de “La Dehesa”. Vioque pidió acompañarle, para llevar la carta a Julián Caballero. Y allí pasaron el día. Sólo acudieron José “Carnes”, Miguel “El Parrillero” y dos más. Vioque le entregó la carta a José “Carnes”. Era el 12 de mayo de 1941. Cuando el 24 de noviembre cayó José “Carnes”, todavía llevaba la carta consigo. Y a raíz de aquello hubo una nueva redada en el pueblo, a finales de 1941, que dio motivo para la Causa 1.354/41.


Mujeres presas en la cárcel de Sevilla en 1942, con motivo de una exposición de "sus labores", para rendir pleitesía al Director de Prisiones, al obispo y a la madre superiora en la visita general al centro. En el centro, al fondo, se ve a María Muñoz Caballero, de Villanueva de Córdoba, detenida con motivo del "proceso de la centena".

El único enlace que conseguía ver a Julián Caballero con facilidad era Juan Reyes Gómez, carbonero. María Muñoz le pidió ayuda para que el Comité contactara con Julián. Pero era a través de Reyes poder enviar papeles o  ropa y comida por parte de los familiares.  Que Julián estaba entonces (1941) con “El Carpeño”, “Cerote”, “La Mojea” y otros. Y que Julián se había dejado barba y llevaba gorro militar.

La primera redada, en la que apresaron a la mayoría, ocurrió a primeros de septiembre de 1941. Las actividades clandestinas tuvieron lugar en la primera parte de ese año. Cuenta Isabel Gutiérrez “La Chata” que las reuniones eran en casa de Dolores Romero. Isabel había estado 16 meses presa después de la guerra, y la dejaron libre sin encausamiento. Era dirigente del Socorro Rojo en Villanueva. Y cuenta que con los de la sierra se vieron tres o cuatro veces. En el mes de abril y mayo se entrevistaron con “El Serranillo” y dos o tres más, en la finca “Navalonguilla”, en el sitio “Fuente del milagro”, actuando como enlaces de contacto: José Vioque (c/ Alta, 8), Juan Capitán Gutiérrez (c/ Casas Blancas, 29) y Miguel Cabrera Agenjo (c/ Reina, 22). El primero y el tercero eran del Comité. Juan Capitán era sólo enlace. Trabajaba en el cortijo de “El Polisar”. Miguel Cabrera era de la herrería de los Hnos. Cabrera. En mayo ocurrió la ya citada entrevista en el cortijo de “Farola”. Otra reunión fue en el cortijo de Ovejuelo. Otros enlaces de Villanueva que aparecen en autos son: Bartolomé León Muñoz (c/ Juan Blanco, 30), Antonio Moreno Moreno (c/ Juan Blanco, 11), Juan Reyes Gómez (Amargura, 5) y Manuel Torralbo Cantador.

Todos los citados de Villanueva, y muchos más (Milagros Alcalá Balaguer, del Comité de Jaén; Victoria Fernández, del Comité de Córdoba), hasta un total de 198. El juez instructor militar fue el coronel de Artª Carlos Ollero y Sierra. El consejo de guerra se celebró en Sevilla, el 9 de octubre de 1942. Varios quedaron absueltos, entre ellos María Muñoz, que volvió a Villanueva. Isabel “La Chata” huyó a Madrid. Los demás sufrieron más de 4 años de cárcel, en Córdoba, Sevilla y en el Puerto de Santa María, hasta el decreto de Indulto del 9-10-1945. Dolores Romero fue desterrada a Espejo. El maestro don Manuel Torralbo acabó asesinado en Las Almagreras en 1948. Juan Reyes Gómez huyó a Puertollano. Fue el éxodo de los proscritos, perseguidos por la dictadura.

 

10

 

Enfilamos ya el final de la tragedia de Julián Caballero y de los que, como él, intentaron sobrevivir al franquismo en los montes de Córdoba. Fue el de Julián siempre un grupo de pocos miembros, por causa de estrategia. Empezaron como huidos por la zona de La Garganta, sierra de Fuencaliente, montes de Cardeña, zona de El Valle, los montes comunales de Adamuz, la Pizarra, zona de Obejo, hasta que se asentaron definitivamente en las quebradas de Villavisiosa, coto de La Porrada y Umbría de la Huesa. Antes, en un principio (1940-1941) estuvieron con él: José “Carnes”, José “El Serranillo”, Basilio Villarreal, etc., además de los habituales: su hermano Bartolomé, Mª Josefa “La Mojea” y algún otro. Entre 1943-1944, se les unieron unos meses “Los Parrilleros”, donde iban: Miguel, Alfonso, “El Lobito” y Manuela Díaz Cabezas. Ésta me contó lo siguiente:

         “En un cortijo del cerro de La Campanilla, por los  montes de Adamuz, fuimos vistos y delatados por un muchacho. Cuando al amanecer nos acercamos a un cobertizo donde se cocía el puchero, la Guardia Civil ya nos estaba esperando. Comenzó un tiroteo y, cuando nos replegamos, Julián estaba herido en una pierna. Entre Mª Josefa y yo lo curamos,  y organizamos enseguida el traslado de aquella zona. Cogimos una burra para transportar a Julián. El trayecto fue muy difícil: teníamos que abrir portillos para que pasara la burra. En lo abrupto del terreno se caía, y así llegamos a la sierra de Fuencaliente. Empezó a nevar y nos encontrábamos sin provisiones. Era hacia febrero de 1944”.

A comienzos de los años 80’s, en un bar de la calle Castillejos entrevisté a un hombre que residía en Francia, Juan Castillo Martín, de Villanueva, y venía los veranos. Me reveló sus labores de enlace con el grupo de Julián. Se veía con ellos por la zona de La Candelera, al lado del río Guadalbarbo y pantano del Guadalmellato. Otras veces, en “Campoalto”, por la zona de Obejo. Decía Castillo que su punto de apoyo en Villanueva era José Antonio Palomo, zapatero, al que Castillo le pasaba las notas, hasta que Castillo fue descubierto y preso en septiembre de 1946, cuando ya los guerrilleros de Córdoba se habían integrado en la III Agrupación Guerrillera, al mando de Dionisio Tellado (un maestro de Madrid), con Julián Caballero como “comandante en jefe”.

José Delgado Curiel "El Serranillo", formó parte del grupo de Julián Caballero en 1940. Había sido "Niño de la Noche" en la guerra. Fue abatido en septiembre de 1941.

En Madrid entrevisté en 1987 al célebre José Martínez Capitán “El Chunga” (el de las cabras), y me contó que una de las reuniones generales de la III Agrupación ya constituida se celebró una noche entre los cortijos de Venta Velasco y Venta los Locos, con asistencia de más de 50 guerrilleros, y varios enlaces del pueblo, entre ellos José “El Chunga” (luego, traidor), por lo que él mismo sufrió prisión en Córdoba, antes de ser confidente.

Según su hermano Miguel Caballero (al que entrevisté en Madrid, en 1979), el grupo de Julián tuvo muchos puntos de apoyo entre los campesinos. Uno de estos puntos de apoyo fue la casilla de su hermana Marina y de su cuñado Miguel, que estaban de pastores cerca del Santuario de La Cabeza. Allí se presentaron a menudo. Me reveló que uno de los miembros del grupo, Pedro Benito Zamora Cañadas, desertó y se entregó a finales de 1939 en un destacamento de la zona de Fuencaliente, causa por la que los de Julián tuvieron que huir de la zona.

A primeros de septiembre de 1945 llegó a Córdoba el enviado por el Partido para constituir la III Agrupación, Dionisio Tellado “Ángel” o “Mario de Rosa”. Fue conducido por José Murillo “Ríos” y otros al coto de La Porrada (Villaviciosa), feudo de los hermanos Caballero Calvo (Bernabé, Cornelio y Domingo). Y el dinero para poner en marcha la Agrupación lo consiguieron en el célebre secuestro del muchacho Manuel Salinas, hijo del presidente de la Cámara Agrícola de Córdoba (luego, alcalde), en su finca a 12 kms. de Córdoba. Participaron: José Murillo “Ríos” (de El Viso) y los de La Porrada (Caballero Calvo), con lo que consiguieron 75.000 pesetas, para poner en marcha la III Agrupación.

A finales de 1945 llegaron a la sierra de Córdoba algunos maquis enviados desde Francia por el PCE. En concreto, cuatro con una emisora para instalar en Sierra Morena (“Antonio”, “Valladares”, “El Feo”, de Cardeña, y “Capitán Carrete”, de Pozoblanco). Poco después (enero 1946) llegaron desde Francia a estas lomas: Alfonso Nevado, de Villanueva, y Ricardo Bueno. Entre 1945-1946 cundió un soplo de optimismo, pensando que los aliados intervendrían en España y caería el régimen franquista. La historia no quiso. Alfonso Nevado se presentó a su padre donde trabajaba la familia, en la Loma de la Higuera. Un familiar lo delató, y cayó sobre la familia y otras personas de izquierdas una tormenta de represión y de palos, a primeros de mayo de 1946. Dos docenas de presos fueron llevados a Córdoba, toda la familia Nevado y personas de izquierdas, encabezados por el eminente maestro don Vicente Pascual Soler, porque no era entusiasta del régimen. Dónde se ha visto que una persona de gran cultura sea entusiasta de una dictadura. De por medio, el terror del capitán Fernández.

El 11 de junio de 1946 (tenía yo dos meses), el grupo de Julián sufrió una desgracia, que costó la vida a su hermano Bartolomé Caballero. Fueron a aprovisionarse al cortijo de La Mimbre, de Villanueva, pero más tarde volvió Bartolomé, porque se les había olvidado la sal. Funesta decisión, porque el casero, Alfonso Barea “El Pecoso”, ya se había apresurado a dar cuenta en un destacamento próximo de la Guardia Civil. Bartolomé Caballero terminó ahí su lucha antifranquista. Había sido alcalde de Villanueva en la segunda mitad de la guerra.

Bartolomé Caballero Vacas, hermano de Julián y compañero en la sierra. Fue alcalde de Villanueva de Córdoba en la segunda parte de la guerra. Fue abatido en junio de 1946.

En el otoño de 1946, debían de andar por el arroyo Siete Veces, porque, según testimonio de Santiago Gutiérrez “Cantos”, él se encontraba entonces vareando en La Alcarria, con un tal Pablo Agenjo. Éste cogía por las noches una talega con periódicos y diversos utensilios, y se iba a esa zona a entrevistarse con los guerrilleros. La Guardia Civil sospechó el asunto, y Pablo se retiró a desmontar al término de Cardeña. Allí lo fusilaron en 1948.

En 1947, Julián Caballero y su “Estado Mayor” se asentaron en las quebradas de Villaviciosa, en la Umbría de la Huesa, cerca del río Guadiato. Tenían como enlaces principales a la familia Cobo Reina (padres y varios hijos), y un traidor principal: El Corchete. Fue una zona con muchísimo  trasiego de guerrilleros, y ocurrió lo que tenía que ocurrir (Ver el Capítulo 1).

Los maquis franceses liberaron el Sur de Francia. Los españoles fracasaron, pero la causa era la misma. Sin ayuda de los aliados, aislada en los montes de España, el desenlace sería trágico. Algunos consiguieron escapar a Francia. La mayoría sucumbieron. Pero hay derrotas que son victorias: la democracia que hoy se disfruta.